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¿A qué se debe su serenidad?


Dogos

Antonio Portela

Pre-textos, 2011

ISBN: 978-84-15297-05-5

57 páginas

8 €

Premio José de Espronceda de Poesía 2010

Rafael Suárez Plácido

Poemarios recientes que han surgido declarándose herederos de otros ámbitos artísticos encontramos muchos. Siempre ha sido así. La relación entre la poesía y la pintura es secular y lo mismo se podría decir refiriéndonos a cualquier otra faceta artística. Pero poesía y música responden a unos mismos códigos genéticos. La poesía nació para ser cantada. La música para formar un todo con la poesía. Hubo un momento en que se separaron. No sabría decir de qué momento se trata. Supongo que debe ser algo cíclico. Hay momentos donde la narratividad, el ansia de contar una historia, o la necesidad de reflexionar sobre el mundo se impusieron a esa otra necesidad de crear universos paralelos a la naturaleza que nos rodea.

Quienes hayan leído atentamente ¿Estás seguro de que no nos siguen? (DVD, 2002), el primer libro de Antonio Portela (Huelva, 1978), habrán encontrado, pese a las muchas citas ocultas o explícitas de canciones del universo pop, se trata de un poemario donde prevalece el afán por contar la experiencia y el deseo de esta experiencia. Muchos descubrimos en él a un poeta con muchas cosas que decir y sin pelos en la lengua a la hora de hacerlo. No sólo eso. Encontramos también que, con apenas veinticuatro años, el autor ya sabía lo que quería: arrojarse en los brazos de la poesía. Este interés por combinar las artes no era novedoso en la poesía de su tiempo. De hecho, es muy frecuente encontrar autores jóvenes, y no tanto, que bucean en las aguas de la cultura pop para esbozar sus primeros versos. Siempre ha sido así. Lo que no era tan habitual, aún sigue sin serlo, es que después de un primer libro con esas condiciones, esperásemos con ganas un segundo libro.

Han pasado nueve años. Esto ya no es tan frecuente. Normalmente estos autores suelen publicar libros con mayor frecuencia y, todo hay que decirlo, con muchas menos pretensiones de hacer poesía. Tengo amigos que lo conocen, o lo conocían, y es cierto que no sabían demasiado de él. Me decían que después de un primer libro que tuvo buena aceptación es difícil afrontar un proyecto nuevo. Aquí está el resultado: Dogos (Pre-textos, 2011).

Hay momentos que recuerdan al anterior poemario. Pienso en el poema “Administra la copa. (El último de Rocco Siffredi)” o en “Esta noche”, pero son los menos. E incluso en estos, la narratividad explícita de aquellos versos ha dejado paso a una voz diferente, sin perder la cercanía, mucho más elaborada. Las historias, los momentos, se apoyan mucho más en el lenguaje poético. No sé qué pensará el poeta de aquel primer libro: ¿necesario aprendizaje? ¿Poemas de juventud? Quizás ambas nociones se complementen. Aquí la palabra retoma ese primigenio sentido musical. El verso es más cuidado, sin dudarlo ni un instante diría que más logrado.

Las referencias son básicamente musicales. Una serie de canciones de David Bowie, uno de los iconos del pop de nuestro tiempo, dan pie a una serie de poemas. Ya desde el título. «Diamond Dogs» es el título de una canción que Portela transcribe como «Diamantinos Dogos», el primer poema de la colección, que ya desde el inicio nos sorprende: “Se oyen ladridos por las arboledas. / Vienen de antiguo. Dicen que barruntan / indefensas fracciones de universo, bajo pretil o trampa de intemperie, / bálsamo insomne, fiestas, soledades / y cuerpos.” El poeta es consciente de esta transformación buscada y lograda. Es joven, muy joven, pero “apenas mi recuerdo navega ya por Ítaca”. Ya nada es tan explícito. No hay tantas citas y las que hay, conjugan a los clásicos con las referencias citadas de David Bowie y con las menos usuales de Arcade Fire o Rufus Wainwright . En el poema «Ceniza» surge la dicotomía entre dejarse llevar por el tumulto o “abandonarme a la liturgia pura / de contemplar, no hacer (…) y ser un ávido animal de amor / desatendido”. Diría que encontramos una voz más reflexiva, que opta por esta segunda opción, porque de alguna manera descubre el vacío en esos cantos de sirena que, sin duda, le llegaron: “Nadie me dijo que de nada sirve / la embriaguez, pues mi parte / de laguna sería / bendita por la gracia del desierto, / que habría de beber esta sustancia / sin preguntar por qué / la cantidad vertida.”

Las referencias a su pasado son constantes: Huelva, Punta Umbría, las dunas, Doñana… los amigos, a los que dedica algunos de sus mejores versos sin malgastar retórica ni adjetivos ampulosos, ni falsa conmiseración, sólo permitiéndonos contemplar algunos de sus momentos de dicha. Así escribe: “Mirad a mis amigos. / Llevo un año sin verlos. / (…) Ellos son el verano. Son la vida.”

Conocemos más el mundo interior del poeta en los versos sentidos y sinceros del poema «Extraños», que en todo el libro anterior. La duda interior, la hermosa sorpresa que nos depara la vida, ir reconociendo la belleza y la pureza en los que nos rodean. Pero no es este otro tipo de desnudo el que marca nuestro interés por este libro. Dogos es la unión entre música y palabra, más allá del artificio sincero que articula el libro. En Dogos nos reencontramos con aquel jovencito que cantaba la vida sin tapujos, más maduro, más consciente, con más ansias de buscar. Decir que es más reflexivo es repetir lo obvio. Hay una pregunta que marca el devenir del libro y está en el poema «Portada de Men’s Health»: “¿A qué se debe su serenidad?” Esta es también la pregunta que nos hacemos cuando leemos y disfrutamos con este libro. ¿Y ustedes? ¿No desean saberlo?

admin

12 comentarios

  1. Buen Rafael, te confieso que después de leer tu reseña no sé si me han entrado ganas de leer este libro. Me confieso fan de la cultura pop, de la poesía y no digamos de la música rock pero te hago una pregunta: ¿estamos ante una voz nueva o un simple eco?

    P.D. ¿Soy el único al que le parece que lo de «Diamantinos Dogs» es de juzgado de guardia?

  2. Yo diría que la transcripción es poco afortunada. Eso sí. ¿De juzgado de guardia? ¡Hay tantas cosas que sí lo son…!
    Me preguntas si es una voz nueva o un eco. De momento es una distinción que no me interesa. Cuando publique un par de libros más, te diré. Hay ecos que sí que me interesan, ya ves. Es más, te diría que voces nuevas encuentro muy pocas. Y si a lo de «nuevas» le añadimos «interesantes», no son más de los dedos de una mano. En cambio te diría que ecos interesantes sí encuentro a menudo. Y ecos que me interesan más que las voces primigenias, también.
    ¿Tú conoces «voces nuevas»? Alúmbrame, José María.

  3. La verdad es que Porerror ha dado en el clavo destapando la ridiculez de un título como «Diamantinos Dogos» (lo que, por otra parte, no dice ni desmiente nada sobre la supuesta calidad del autor que o tiene muy poca vergüenza o es un cachondo integral).

    Ahora que lo pienso, se podría iniciar un nuevo género pop-poético minimalista de neo-free-traducción de álbumes clásicos de rock: «Petos Sondas», «Zigottos Es-Tarde», «Sartén-con Pipas», «Blando en blando»… ¿se os ocurren más? Es divertidísimo!

  4. Yo también quisiera preguntar al aire «¿qué es poesía?», pero ay, qué difícil respuesta. ¿Alguien puede decirme qué diferencia a estos versos de la prosa?:“Mirad a mis amigos. / Llevo un año sin verlos. / (…) Ellos son el verano. Son la vida.”

  5. -Uff! Anónimo! Para responder a tu pregunta, te recomiendo que:

    1) Hagas la carrera de Filología

    2) Tires el título a la basura

    3) Leas cientos de libros y acabes formándote tu propio criterio

    -Estoy 100% con Fran G. Matute, podríamos seguir con este nuevo microgénero poético. Yo propongo «Retorno del ángel gravoso», «Eladio insano», «Blonda en blonda» y «After-mazo». Ya seme irán ocurriendo más…

    -Buen Rafael, te sugiero José Luis Rey y a Rafael Espejo, el el improbable caso de que no los tengas controlados. Un abrazo.

  6. Anónimo: de los consejos que le ha dado el amigo Porerror, le podría ahorrar el primero y, por lo tanto, el segundo. Lo de leer todos los libros que puedas y quieras sí es francamente aconsejable, aunque le pueda llevar a hacer comentarios o sugerencias como las de José Luis Rey o Rafael Espejo. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse.

    Le diría también que una postura sana es la de decir lo que se piensa en cualquier foro, sin tener que esconderte bajo una apariencia anónima. Eso si desea ser tomado en serio. Sé que están de moda, y tienen éxito, los blogs anónimos donde uno suele decir lo que se le ocurra sin temor a ser tachado de algunas listas. ¿Significa eso que si no fueran personajes o críticos anónimos escribirían algo diferente? Bueno, ya le digo: se trata de querer ser tomado en serio o no.

    Los versos que cita son Poesía. Le podrán gustar más o menos. Serán más o menos retóricos, formales, narrativos, líricos, medidos, pero forman parte de un poema. E incluso así, por separado, dan una idea bastante cercana de lo que siente el autor. Es su Poesía.

    Amigo Porerror: decir que controlo a Rey o a Espejo es poco interesante. Los he leído. De la especialmente sobrevalorada poesía de Córdoba prefiero a otros autores. García Baena, Vicente Núñez (fallecido) y de los más jóvenes valoro más a García Casado, a Carlos Pardo y a Mario Cuenca. Las voces poéticas que más me interesan de esa generación (más o menos voces, más o menos de esa generación) son José Luis Piquero, González Iglesias, Manuel Vilas. Seguro que me dejo a algunos. Seguro que también los «controlas».

  7. Creo que se quedan ustedes anclados en poetas de bajo riesgo, con poca sustancia y desconocen o marginan a los más interesantes.

    Sospecha uno que se debe a las amistades o lazos de ‘quid pro quo’, tan habituales en nuestro país. Todo muy mediocre. Pero solo es una sospecha.

    Eso sí, leer el poema del huevo más grande que el otro es una sensación difícil de olvidar. Y no hay que tener estudios para ver que si ese poema ha pasado el filtro y está publicado es que algo grave está pasando.

  8. Mire usted, Sue. Si desea comentar algo de verdad sobre Antonio Portela, sería interesante que se lea el libro o algún poema del libro, y no que lea sólo los comentarios sesgados y carentes de interés de la página esa donde unos cuantos «poetas» se esconden bajo suedónimo para poner verdes a todos los que no tienen la gracia de caerles bien.

    No creo que haya ningún poeta en la historia que pase la prueba de no encontrar ningún poema malo en su producción anterior. El hecho es que ese libro, del que se saca el poema que usted cita, fue publicado con 22 años. Y diría más: no es tan malo. Aunque los críticos de su página favorita lo despachan con «es basura». Al menos esta vez no le ponen nota, de cero a diez, como suelen. Es, por ejemplo, divertido y fresco. De todas formas, retomando lo dicho, unos «críticos» que basan su contenido en las relaciones de los autores con los editores o jurados y lo hacen, además, amparándose en el anonimato, lo que nos imposibilita saber a su vez cuáles son sus relaciones, no tiene mucho sentido. ¿Por qué no dicen nada de poesía?

  9. Disiento, RSP: lo más sano es opinar libremente, punto. Que usted se tome en serio o no la opinión es cosa suya. Por otro lado, ¿cuántas veces lo que se dice se toma en serio o no dependiendo de quién lo dice?

  10. Bueno, Anónimo, no diría yo que sea sano opinar libremente sin saber de lo que se está hablando o sin haber leído el libro o, al menos, una parte de él. Es más diría, diría yo que es un problema. Todo el mundo opina siempre sobre todo. No he visto el partido, pero el Betis jugó fatal. No he visto la película pero qué mal lo hizo X. No he leído el libro, pero qué malo es Y.

    No entiendo a qué se refiere en la pregunta con la que cierra su intervención.

  11. Entiendo que Anónimo se refiere a la autoridad en la opinión, al nombre, al margen del contenido. Es la famosa ‘auctoritas’ antigua y medieval…y actual: lo dijo X, genial, y no paro mientes en saber qué dice realmente.

    Gracias por dejarnos opinar, de verdad.

    PS. Los expertos lectores pueden confirmar que el poema del huevo más grande que el otro,de este autor, es real, leyenda urbana o broma pesada… Gracias.

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