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‘American Classic’

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Canadá

Richard Ford

Anagrama, 2013. Colección «Panorama de narrativas»

ISBN: 978-84-339-7871-4

512 páginas

24,90 €

Traducción de Jaime Zulaika

 

 

José Martínez Ros

Alguien escribió una vez que leer a Richard Ford (Jackson, Misisipi, 1944) es una experiencia similar a ver una película de Clint Eastwood.

Personalmente, creo que se trata de una frase afortunada. Se puede decir que existen ciertas coincidencias entre ambos, el escritor y el cineasta, más allá de que haya, es evidente, dentro de su ya vasta obra, entregas de narrativa o películas concretas más representativas o muy superiores a otras. Tanto Ford como Eastwood son de los últimos representantes de un clasicismo contemporáneo en vías de extinción, caracterizado por la ausencia de juegos metatextuales o fuegos de artificio vacuos, una narración serena e imperturbable que confía ante todo en el ritmo, la fuerza de los personajes y de la historia. Al principio de su dilatada carrera, Ford fue considerado -como Raymond Carver Tobias Wolff– uno los más destacados representantes del llamado “realismo sucio”, minimalista, dedicado a la descripción de las vidas de individuos anónimos, perdidos o derrotados de la Norteamérica profunda; esta magnífica novela que ahora nos trae Anagrama, Canadá –así como libros anteriores, como Rock SpringsEl día de la independencia El periodista deportivo– nos demuestra que Ford transciende ya cualquier etiqueta y es, en la cumbre de la carrera, simplemente, uno de los mejores escritores de nuestra época.

“Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres.”

Canadá, ambientada en la década de los sesenta, tiene claramente dos partes, la primera de las cuales nos relata la caída de una familia americana prototípica, asentada en una pequeña localidad de Montana. Una familia aparentemente armónica y que, sin embargo, de manera casi inexplicable, se aboca al abismo. Ford realiza un meticuloso y, al tiempo, apasionante análisis psicológico y social de los motivos y sinrazones que llevaron a los padres del protagonista, Dell, a intentar un absurdo, disparatado asalto al banco de Dakota del Norte. Por un lado, una profesora de instituto judía, intelectual, sensible, aficionada a la poesía; por el otro, un exmilitar sureño, bonachón y simpático. El narrador, un Dell anciano que recuerda el momento decisivo de su existencia en el que su rumbo cambió para siempre, no se ensaña con ellos, a pesar de haber sido, en varios sentidos, su víctima. Se limita a mostrar cómo dos personas básicamente decentes, ni mejores ni peores que la mayoría de los que les rodeaban, condujeron a la desgracia tanto a sí mismos como a sus dos hijos adolescentes, que eran su responsabilidad. No por egoísmo o maldad: simplemente porque fueron demasiado débiles para rectificar a tiempo, para darse cuenta de que estaban tomando la decisión equivocada una y otra vez. Y eso se convirtió en su tragedia.

“Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después.”

Los padres de Dell han sido detenidos y encarcelados. Huyendo de los servicios sociales, su hermana, Berner, se ha escapado con su novio y no se reencontrará con ella hasta mucho, mucho después… Y el adolescente ingenuo y soñador que es Dell tendrá que enfrentarse solo a la siguiente fase de su vida. Una amiga de su madre decide, por su cuenta y riesgo, hacerle cruzar la frontera de Canadá, esperando que el país vecino tenga la oportunidad de reiniciarla sin el estigma social que le han legado sus progenitores. Es llevado a una pequeña localidad, donde, en un pequeño hotel para cazadores situado en un área particularmente solitaria, caerá bajo la influencia de otro norteamericano exiliado, un personaje misterioso y, al principio, fascinante, Arthur Remlinger. Poco a poco, se dará cuenta que su nuevo mentor oculta muchos secretos, un pasado bañado en sangre, y que es un individuo mucho más peligroso e inquietante de lo que parece en un primer momento…

Richard Ford ha escrito una novela poderosa y hechizante, una tremenda iniciación a la edad adulta y una bellísima reflexión sobre el peso del pasado, infinitamente recomendable. No me cabe duda de que será considerada su obra maestra. Volviendo a la comparación inicial, Canadá es a la obra de Ford lo que Sin perdón fue a la de Clint Eastwood.

[Publicado en Notodo]

admin

2 comentarios

  1. Sr. Martínez Ros, llevaba un tiempo barruntando la compra de esta novela pero con las dos primeras líneas de su reseña me ha espantado Vd. las ganas, al comparar la obra de este Ford con la basta obra cinematográfica de Eastwood (y no hay falta de ortografía aquí, como la hubo en mi comentario de ayer.)

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