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Asuntos urgentes

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LEONOR RUIZ | Contra los hijos responde, siendo fiel a su subtítulo, al sentido de la palabra diatriba: texto acre y violento contra alguien o algo.

No ha sido escrito para que sus argumentos sean silenciados; o para que se les reste importancia en una rápida conversación de ascensor. Contra los hijos está escrito para descomponer nuestro escenario y cuestionar la convención: qué se es, qué lugar se ocupa, qué se quiere, qué se hace. Para avivar la discusión en torno a un necesario debate: el del sacro imperio filial. Para exponer sus realidades y sus trampas y revisar sus premisas.

Este ensayo comenzó su andadura en 2010, en la revista Etiqueta Negra. En 2014 lo publicó en formato libro Tumbona Ediciones. En versión revisada y ampliada, apareció en 2018 de la mano de Random House. Una cuestión vieja, por tanto, vieja y actual como nuestro pie sobre el mundo.

Corren grandes riesgos quienes se atreven a adoptar un ángulo distinto al de la norma. Incisiva y sagaz, Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970) encara al sistema sin excluirse a sí misma, pues todos ocupamos de algún modo el centro de la diana. Contra los hijos se impregna de la rebeldía constante de la literatura de la autora: destapa heridas que ya estaban abiertas, ata cabos, revisa la historia, interconecta pasillos visibles y subterráneos. Aquilata su discurso lleno de sentido y a ritmo vertiginoso va volcando su palabra mediadora.

Organizado en siete capítulos, no hay página libre de reflexión perspicaz o crítica constructiva. Muchos párrafos lanzan un dibujo turbador (por real), como el dedicado a las mujeres creadoras:

«Lascreadoras-sin-hijos ejercen dos labores de manera alternada o simultánea: el trabajo asalariado y el trabajo creativo rara vez remunerado o remunerado de manera insuficiente. Las creadoras-con-hijos añaden otro trabajo ad honorem. Este último, además de ser sin salario, es sin días libres, sin vacaciones y tiene otra complicación: el cuarto propio de la creación suele estar dentro de la casa compartida por el hijo, un ser que no respeta puertas, que no conoce límites. Si para la creadora-sin-hijos tener dos trabajos es pesado e interfiere con su obra, para la otra, la con-hijos, las horas del día resultan insuficientes porque al horario asalariado hay que añadirle la implacable rutina materna y entonces, ¿de dónde saca el espacio temporal y mental para el oficio creativo?»

O este otro, directo a la llaga:

«Pido un minuto de riguroso silencio por las madres de hoy […]. Su estrés emocional ha aumentado, la intimidad con su pareja ha disminuido, la erosión de su situación financiera es llamativa; su infelicidad, generalizada. Y sus hijos se han vuelto más dominantes. Esa es la situación de demasiadas madres en este siglo que comienza. Y aunque nadie lo quiera declarar —qué poco chic es desnudar la quejumbre materna—, no hay tampoco quien rehúse, aunque sea en susurros, esta verdad»

Un hijo es carne de dispendio, como también lo son el hogar unipersonal o la pareja sin hijos: a ninguna situación hace ascos la sociedad de consumo. Un hijo es tiempo, horarios, rutinas. Es espacio, necesidades, inquietudes. Un hijo es instinto, y también una decisión altamente meditada. Un hijo es escuela: de afectos, de resistencia, de límites propios y ajenos. Ante todo, un hijo es un hijo, una persona a largo plazo cuya vida marcan a fuego sus progenitores y algún que otro agente exterior.

Puesto que la completa independencia de criterio y acción no existe (nada viene de la nada, nuestras elecciones tampoco), un hijo es una convención como otra cualquiera. Reconocer los flancos débiles no soluciona el problema. Lo que conviene al adulto normalmente no le conviene al hijo. Lo que conviene al individuo no le conviene al Estado. Lo que conviene a la mujer no le conviene al hombre. Y sus contrarios.

Resulta difícil evitar la marea parental, no sucumbir apedreada bajo sus obligaciones o ante el creciente halo de frivolidad y estupidez que la rodea, a veces incluso desde antes del nacimiento, como esa moda horrenda de las baby showers.

Se podría seguir hablando, añadiendo al árbol nuevas ramas. Por ejemplo, la de los hijos maltratadores y narcisos. O la del ruinoso bucle consumista. O la del individualismo atroz hacia el que avanzamos. O la de la maquinaria fiera —aniquiladora de todo bien público— del Estado capitalista.

Se mire por donde se mire, hay algo claro: vivir complica. A las mujeres, injustamente, más todavía.

*Texto origina publicado en Las Críticas

Contra los hijos (Literatura Random House, 2018) | Lina Meruane | 192 páginas | 8,90 euros.

 

 

 

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