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Aún no está todo perdido

Clasicos para la vidaMANOLO HARO | El Humanismo renacentista se fue extinguiendo con el paso de los siglos hasta convertirse en una amanerada distracción más pendiente de la forma que del contenido. El Siglo de las Luces se ufanaba de contender con su vecino Barroco blandiendo la Razón como vestigio de la edad socrática y como mirífica tabla de salvación para cualquier atisbo de barbarie o de sobresalto pasional, que vendría con el Romanticismo. Es probable que en el Modernismo –con el permiso de Sartre– encontremos el último intento de salir a la superficie de la botella que contenía un escueto esquema de lo que fue la preocupación por lo humano y por todo lo que supuso el Renacimiento. A partir de ahí, el utilitarismo, la finalidad práctica del mundo material, ha ido alejándonos de la esencia de lo humano para sentar las bases de la bancarización de los últimos reductos del saber y del hacer sin ánimo de lucro: la universidad, los museos y las bibliotecas, por colocar unos ejemplos cercanos. El número, la estadística, las gráficas comparativas se han instalado en la gestión de cualquier lugar donde el espíritu humano ha tenido hasta hace poco un sitio para expresarse. La deriva del siglo lleva a plantearnos qué será de nosotros cuando ya no seamos nosotros, cuando aquel Humanismo se haya perdido bajo una montaña de plásticos en descomposición. Llama la atención que, de vez en cuando, la cuna de aquella revolución espiritual y artística nos regale voces que parecieran venir directamente de aquel momento del mundo. Italia, a pesar de haber estado durante décadas sumida en una política de farándula y, ahora, en un noviazgo ideológico incierto que cierra puertas y puertos a la vecina realidad, aviva en su seno el pensamiento de hombres como Nuccio Ordine.

Ordine es un estudioso del Renacimiento y, concretamente, de Giordano Bruno. El Humanismo es consustancial a su posición en el mundo. Cuenta en el prólogo de Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal cómo, durante quince años, ha abierto los lunes de cada semestre universitario con el comentario de un pequeño fragmento de un clásico. La experiencia le llevó a constatar que, conocido su modus operandi, muchos alumnos de otras especialidades se sumaban a este experimento. El trabajo que ahora publica Acantilado es una compilación extraída del Corriere della Sera donde su autor daba cumplida cuenta a los lectores del rotativo italiano de sus reflexiones en torno a los clásicos. Ordine ya venía siendo un best seller en el católogo de la editorial con un breve manifiesto titulado La utilidad del inútil, en el cual escrutaba cuestiones que vuelve a tocar tangencialmente en el prólogo de la obra que nos ocupa. Su método es tan sencillo como atrayente: a partir de un fragmento escogido, lanza una red de vínculos con la realidad contemporánea más inmediata. El efecto del texto es iluminador. Desfilan por esta galería nombres tan distantes en el tiempo y en el estilo como Einstein, Pessoa, Donne, Montesquieu, Plauto, Edgar Lee Masters, Rilke, Gracián, Montale, Homero, Ariosto, Margarite Yourcenar y un largo etcétera que completa una nómina de medio centenar de nombres. El texto aparece en el idioma original, le sigue una traducción elegida o confeccionada con el acostumbrado cuidado que pone en ello Acantilado y la conexión Ordine. A la manera de Plinio, se podría decir que no hay tiempo tan malo que no encuentre un clásico que lo explique.

Realmente, sólo con acercarnos a algunos de los epígrafes que componen una introducción que con su mero título lo dice todo (“Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos”) obtenemos una verdadera imagen de lo que supone este libro en el momento actual. En ella coloca el cascabel al gato cuando alude a las trampas en las que está cayendo la enseñanza con la excesiva confianza en lo tecnológico, con la aniquiladora profesionalización, con la demagogia de las estadísticas aplicada a la evaluación. Defiende, por otro lado, la necesidad de formar herejes y no pollos de engorde. En suma, la necesaria refundación de los espacios donde el Ser Humano pueda aportar algo de luz a la tenebrosa circunstancia actual.

Europa ha de seguir siendo la valedora del pensamiento humanista, la guardiana de una razón pasada por la solidaridad y la búsqueda de un espacio reflexivo y activo a la vez. El libro de Nuccio Ordine se asienta en la confianza en que el sentimiento humanista se puede popularizar por medio de los buenos libros y, como no, de los buenos profesores. Ordine es uno de ellos.

Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal (Acantilado, 2017), de Nuccio Ordine | 192 páginas | 12 euros | Traducción de Jordi Bayod

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