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Banquete suburbial

Disociados

El Ángel, Karmelo C. Iribarren, Roger Wolfe y David González

Ya lo dijo Casimiro Parker, 2013

ISBN: 978-84-9392-706-6

232 páginas

15 €

Selección y prólogo de Gsús Bonilla y José Ángel Barrueco

 

 

Daniel Ruiz García

El planteamiento es tan atractivo como ambicioso: reunir en un solo volumen («antilogía» la llaman los editores) a cuatro autores que por distintos caminos han realizado una contribución extraordinaria al panorama del ‘underground’ poético patrio, erigiéndose en referentes dentro de la poética suburbana nacional.

El formato de Disociados repite una fórmula que Ya lo dijo Casimiro Parker probó en 2010 con Contrapoesía: cuatro autores se unen y reúnen para presentar una parte significativa de su obra, combinando piezas ya editadas con otras de carácter inédito. Una suerte de pelea a ocho manos, con un espacio para cada uno de ellos que está prologado de forma sucinta para entender mejor su obra.

Disociados es un libro muy bellamente editado, con una composición a base de tiralíneas blanquinegras que casan muy bien con el concepto minimalista y aparentemente prosaico de la literatura que contiene dentro. La forma está en este sentido muy bien trabada con el fondo, ya el estilo de los cuatro poetas es seco, punzante, expresivo, contundente y en líneas generales negro. Además de compartir todos estos elementos, demuestran un gusto casi atávico por el malditismo, con una postura frente al mundo que denota pura actitud ‘punk’ en su vertiente más desencantada. El envase es común, pero cuando se entra a degüello en los versos los estilos adquieren matices, reconstruyendo cuatro universos distintos que corresponden a cuatro voces muy señaladas.

La primera de las figuras en saltar al ring es El Ángel (1961-1994), símbolo del poeta maldito y también icono de los desechos de la movida madrileña, que comparece con foto de García Alix, invitándonos desde el recuerdo de una muerte joven a introducirnos en su obra, casi reducida a un único libro hoy considerado de culto, Los planos de la demolición. La obra de El Ángel es la obra de un yonki a la deriva entre la euforia de la heroína a la depresión más inconsolable y oscura, con una voz que titubea entre el mesianismo y la contundencia ‘punk’.

Karmelo C. Iribarren (1959) es el segundo poeta invitado. Si hubiera que buscar en España a un poeta cercano a la poesía de Raymond Carver, ése sería sin duda Iribarren. Mujeres, whisky, humo de tabaco, decepción: son algunos de los motivos simbólicos sobre los que se construye la obra de este poeta del desencanto, cuyo fraseo y laconismo otorga a muchos de sus poemas la apariencia de miniaturas de gran potencia aforística (“La soledad es eso,/ahora lo sé:/lo que hay/antes y después de tu nombre”).

Roger Wolfe (1962) es probablemente, y sin desmerecer al resto, el peso pesado del poemario. No estoy diciendo algo que pueda ofender, teniendo en cuenta que hablamos de quien probablemente constituya la muestra más lograda y referencial de la poesía ‘underground’ nacional de las últimas décadas. Su voz, que muchos han querido identificar como una impostación de otras voces de la literatura ‘underground’ anglosajona, alcanza, vista en perspectiva, una densidad incontestable, con una personalidad poética fuera de toda duda y que se ha convertido en todo un modelo de referencia para muchas generaciones de poetas jóvenes. Los poemas que ya le leímos en libros imprescindibles del ‘underground’ poético patrio como Días perdidos en los transportes públicos o Hablando de pintura con un ciegomantienen en esta edición toda su vigencia. El Wolfe inédito que aquí se nos muestra conserva su mordida cínica y desengañada, y reconocemos la misma voz cansada, el mismo esplín, que recorre con su aliento amargo toda su obra.

Cierra el cuarteto David González (1964), sin duda una voz poética de gran singularidad, que aporta a la paleta general del libro los colores más intensos e inflamables. La literatura de David González es una literatura de rabia, construida con pedazos de cristal y que parece consagrada a hacer daño. Es una poesía memorial, engendrada desde la conciencia de la desventaja. Como el perro maltratado, tiene tendencia a morder, y entretanto nos regala ladridos que sin embargo nos devuelven extrañamente la esperanza por su intensidad musical.

De esta singular reunión son especialmente culpables los «antílogos», José Ángel Barrueco y Gsús Bonilla, que han sabido armar un libro esencial para entender la poesía ‘underground’ nacional de las últimas décadas. A ellos hay que agradecerles su esfuerzo y su acierto a la hora de seleccionar los platos y a los invitados. No se me ocurren mejores comensales para un banquete suburbial.

admin

6 comentarios

  1. Gracias por la reseña de este libro, parece interesante. No estoy de acuerdo con el cajón nominalista que les atribuye a estos poetas (punk, realismo sucio,underground y demás ). Me gustaría que fueran valorados por su poesía en sí, sin clasificarlos, pues tapa y oculta cualquier valoración poética. Es que así puede caber cualquier tontaina escribiendo brutalidades sin ninguna base artística, puro grito no poético. Y así ha ocurrido en varios autores.

  2. Gerard, conste que no he utilizado ni «realismo sucio» ni «minimalismo», ni «bukowskianos» ni otras etiquetas que habitualmente se asocian a estos autores. Pero sí creo, y firmemente, que son autores de estética y temática «underground». No creo que esa etiqueta entrañe más problema que reconocer que comparten cierto universo estético común. También me parecen punks en la actitud. Y eso no lo veo malo. Es más, personalmente lo veo bueno.

    Abrazo,

  3. Vaya por delante que sigo y aprecio la obra de casi todos los autores antologados, pero me queda una duda, relacionada con el comentario de Gerard: ¿Basta con una estética más o menos común para considerarlos punk (y entiendo la etiqueta en su sentido más amplio? Quiero decir, ¿son autores nihilistas, renuncian a los canales ‘burgueses’ del mercado, abominan de los foros academicistas, pasan de redes sociales…?

  4. No veo lo underground como algo negativo, sí la posible confusión en un ‘totum revolutum’ a diferentes autores, aunque se denomine ‘antilogía’. Anti ¿qué? si ya es gavilla de poetas distintos. O es propaganda de mercado o se queda en tontería plana sin más. Lo que me gustaría es poder leer sin etiquetas, que se valore la calidad de su escritura (algo expone usted en su reseña, enhorabuena).

    Nadie que se denomine nhilista o underground, estoy con la pregunta del señor Luque, entraría en estos libros. Y no lo digo por trasnochado idealismo, es que creo que es así la realidad de los distintos sectores sociales. Si lo pensamos bien, es underground aquel autor que no publica, que no desea ceder su voluntad de silencio ante no ya el mercado, sino a la simple exposición pública. Son matices bien interesantes, son buenos para pensar. Gracias.

  5. Me interesa el debate que abre Gerard aunque considero que hace una aproximación un tanto extrema.

    No creo que el ‘underground’ implique necesariamente el estar totalmente ajeno a los canales de difusión. Es más, alguna difusión-edición-publicación tiene que tener si no, no podríamos estar hablando de ello.

    El artista que lo es (o que dice que lo es) por estar en su casa creando cosas geniales que nadie lee, ve o escucha ya no existe. Esa sí que me parece una figura idealizada.

    En mi opinión, lo ‘underground’ (con todas las connotaciones del término) tiene más que ver con la temática (léase «realismo sucio», «visceralismo», etc…) que con la pose. No todos podemos ser Jim Carroll…

  6. Estoy de acuerdo con Fran. Con «Underground» me refiero más bien a una actitud. Igual que con punk. Está claro que no puede haber nada netamente punk, ni netamente «underground», porque por definición son estilos incompatibles con los medios de difusión masivos y con la «Sociedad del Espectáculo». Pero sí creo que existe una actitud punk. Otra cosa es que haya gente que la pierda con la edad, como Iggy Pop (lo del anuncio de Schweppes es lastimoso) o los Sex Pistols, cuando volvieron hace unos años en plan abueletes. Yo hablo, en todo caso, en términos más bien estéticos, porque está claro que en lo que se refiere a conducta no tiene mucho sentido. Aun así, los autores de Disociados no han perdido, creo, su condición de poetas de minorías. Algunos de ellos de culto, pero aun así minoritarios. No puede ser de otro modo, por otro lado, teniendo en cuenta que hablamos de poesía.

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