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Colapso

71MHBsnrI4LANTONIO RIVERO TARAVILLOPara quienes conocemos desde los inicios la obra de Juan Cobos Wilkins fue una sorpresa su debut en la novela con una narración de tan notable éxito como El corazón de la tierra (llevada incluso al cine con una producción de campanillas), a la que luego han seguido otras incursiones en la ficción, la última el año pasado, sin ir más lejos. Fue esto así porque al autor de Riotinto lo identificábamos sobre todo, si no exclusivamente, con la poesía, además de con la labor realizada al frente de la Fundación Juan Ramón Jiménez o de la bellísima revista Con dados de niebla (de título desdibujado y fronterizo entre Mallarmé y la topografía onubense). Pero también ha escrito relatos y piezas teatrales. Este libro de 2016 demuestra que no ha dejado la poesía tanto como acredita ese otro hecho aún más valioso para quien, como es su caso, lo consigue: que la poesía no lo ha abandonado a él.

Hay tensiones, conflictos, en este volumen, por más que muchas composiciones (más de la mitad) ostenten como título una sola palabra (“Orfandad”, “Simulacro”, “Fantasma”), espejismo de unidad sin escisiones, cuando todo el mundo sabe o debería saber que el paño de la realidad tiene el forro hecho de retales, a menudo rotos. El primer poema ya declara (este también desde su epígrafe) la aparente contradicción entre la inquietante marcha del mundo, las graves preocupaciones de nuestro tiempo (y en realidad de cualquier otra época) y la escritura de poesía, esa tarea aparentemente evasiva, desenganchada de lo engagé. Hay ecos elegantes y solo sugeridos de otros poetas, como Rosales (“Yo me llamaba Juan, conocía / la playa interminable del náufrago que cuenta / una a una las olas infinitas”) o Cernuda (en dos ocasiones, “Preguntas de qué país soy. / ¿País? / Dirás mejor de qué destierro”, y, en el poema siguiente, una nota de nihilismo que un día pronunció también el poeta sevillano). Hay asimismo alusiones a obras que no pertenecen a la poesía sino a la narrativa (aquí, la evocación lírica de Elizabeth Smart), como queda explícito en “Un asiento vacío, / un banco solitario, / para sentarte y llorar en Grand Central Station.”

Cobos Wilkins se identifica con los perdedores, con el pisoteado ramillete de los humildes, con quienes quedan orillados: “Porque te arroja el mundo / como la niña sin amigas escupe / cáscaras de pipas en el banco más recóndito del parque.” Y hace una vindicación, un panegírico personal e íntimo, de la poesía, ese continuo ir a la contra del lenguaje hegemónico. “Entre el ser y la nada / hay un poema. Un oscilante / cable suspendido entre tanto vacío, / un solitario cable sin fin sobre ese abismo”, escribe en el poema “Vértigo”. “Yo llevaba mi corazón como la piedra Sísifo”, dice en otro lugar. Y es que cada cual carga con su lastre, a veces indistinguible de uno mismo. Acerca de un hundimiento que han reproducido todos los televisores del orbe es el poema “Triunfante”, que recuerda a aquella niña colombiana ahogada durante el desastre natural del Nevado del Ruiz: “Sólo tus ojos. / Grandes ojos abiertos, brunos ojos abiertos, / nos miran fijos, siempre. // Siempre. Tu cabeza de rizos / como un loto de luto entre las aguas.” Hay caídas y hay zarandeos en ese encontronazo continuo con la vida. Como en “Sacudida”: “Te sacude la vida. Y tú también / te sacudes la vida / como el perro abandonado se sacude / la lluvia ante la puerta cerrada de su dueño.”

Al falso crítico que este lector comentarista es le gusta volver una y otra vez a “Adiós a todo esto” o al final de “El hijo”, por no hablar del muy hermoso “Propósitos”: “Vas hablando contigo por las calles / como el loco, el solitario, vas / contigo callado por las calles / como el mudo que espera pláticas de amor.” 

En la geografía poética española, es difícil establecer de qué región (uy, perdón, comunidad autónoma o nacionalidad) es la provincia Cobos Wilkins. Poeta que va por libre y sin capilla, mejor habría que verlo como un cantón aislado del que, igual que en un valle suizo, el eco trae, duplicado, el más puro aire fresco.

El mundo se derrumba y tú escribes poemas (Fundación José Manuel Lara, 2016), de Juan Cobos Wilkins | 104 páginas | 11,90 €

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