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Cuando todo queda por hacer

MANUEL MACHUCA| Nørdica Libros ha tenido el acierto literario, y espero que económico, de reeditar esta novela, a mi juico inconmensurable, de la escritora belga Caroline Lamarche, con la que ganó el Premio Víctor Rossel hace ya veinticuatro años y que diez años después publicó en castellano Ediciones Bassarai.

Un perro atraviesa a toda velocidad la autopista Paris- Bruselas y genera un auténtico caos de tráfico entre los conductores que circulaban en ese momento. Algunos de ellos se detienen para intentar salvar al animal, para tratar de impedir su alocada carrera: un camionero aficionado a escribir cartas al director, un sacerdote que envejece en conflicto con su vocación, una mujer que se dirige a una cita para romper con su novio, un ciclista homosexual que acaba de quedarse sin trabajo y una viuda y una hija que no se entienden. La historia de estos seis personajes, unidos en ese instante por primera y única vez en sus vidas, por la visión fantasmagórica de un perro, constituye el argumento de esta novela tan corta como profunda.

Mientras leía la novela, no he podido evitar recordar al escritor y estadista Carlos Frontera, al que creo haberle leído o escuchado la desconfianza que sentía por las novelas de más de doscientas páginas. Aun sin estar de acuerdo con él, la obra de la autora belga bien que le podría dar la razón. También me he acordado de mí mismo, deambulando, que no corriendo, por la terminal internacional de cualquier aeropuerto, cuando acostumbraba a detenerme a observar, a imaginar las vidas de las personas con las que compartía ese espacio y ese instante, y que unas horas más tarde estarían, estaríamos todos, en lugares muy lejanos y diferentes. Esta es la premisa de la que parte, el pretexto más bien, de Lamarche para escribir El día del perro. Seis vidas diferentes, atónitas ante la veloz e inaudita galopada de un perro por la mediana de la autopista E411.

Estructurada en seis capítulos que también podríamos concebir como seis relatos diferentes, la novela de Caroline Lamarche es un relato sobre la soledad. ¿Qué es lo que tienen en común los seis personajes? ¿Por qué son capaces de recordar aquella historia incluso meses después? Porque no solo les une la visión del animal. El perro acaba siendo el espejo en el que ver sus vidas. Una vida que son incapaces de atrapar, que, como el animal, se les escapa de entre las manos. De repente, en medio de la vía que une las capitales de Francia y Bélgica ha aparecido corriendo antes sus ojos un espejo de cuatro patas, el espejo en el que encuentran la imagen de sus propias historias. Unas historias marcadas por la soledad. Y para ilustrar la tesis, valgan estas citas de diferentes capítulos:

Y su hijo, al hablar de otro, empezará a hablar de sí mismo.

…hay un modo de mirar que hace que me vea a mí mismo.

Amor, mi mirada se había vuelto tuya. Estaba enamorada de mí misma.

No, no estaban viendo al perro, o no solo a este, sino a ellos.

La soledad, el abandono, la disparatada carrera para superar el dolor. El espejo como refugio de una vida sin otros. Dicen que nuestra mirada siempre es política, que vemos lo que nos interesa ver, lo que deseamos ver, lo que nos preocupa. Todos los personajes quedan marcados por su propia visión, porque también ellos están solos, también se han sentido abandonados, también corren para morir. Y aquí van otras referencias entresacadas del texto:

Y me veo corriendo, corriendo hasta quedar sin fuerzas, hasta morir.

Y lo mismo pasa con nosotros, jóvenes en perfecto estado de salud y dotados de un coeficiente intelectual más que conveniente, que corremos extenuados sin que nadie nos persiga.

Correr para huir de sí mismos,  del abandono que sufrieron:

Mi padre me dejó tirado.

A mí me abandonaron mis padres.

…en el momento crucial, no hay ni maestro ni Dios, ni siquiera la sombra del ángel como al inicio de la vida.

Y al final estoy yo, yo sin mi mamá.

Encontrar un amor no narcisista, luchar contra el ángel que le persigue como a Jacob, adelgazar, resucitar a un marido muerto, recrear una vida inexistente. Estas son algunas de las imágenes que suscita la carrera del perro a los personajes. Un viaje también hacia ninguna parte, como el del animal, en unas vidas en las que sienten, como así lo refieren sus protagonistas en algunos pasajes, que ya no hay nada que hacer, y que es esta desesperanza la que justifica una huida hacia la muerte.

Y sabré que he muerto cuando intentaba encontrarlo.

Magnífica novela, profunda, con una variedad de tramas y subtramas que recomiendan una lectura detenida. Si a esto se le une una prosa vigorosa, contundente, directa, poco dada a florituras por precisa, no sé qué se le puede pedir más. Una joya.

El día del perro (Nørdica Libros, 2020) |Caroline Lamarche| Traducción de Blanca Gago|120 páginas|16,50 euros|

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