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  Del tiempo y la serpiente

YA LA SOMBRA

VICTORIA LEÓN | El  collage que adorna la cubierta no podría ser mejor emblema de este libro con el que uno de los poetas más personales y sólidos de su generación hace gala de una soberbia madurez. Fiel a una voz reconocible en lo esencial desde su primer libro de poemas, Paraíso manuscrito (Renacimiento, 1982), Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) nos ofrece aquí un trabajo memorable que es el fruto de la sombra de los años y del devenir de esa autobiografía moral y estética que él ve en la escritura (y así nos lo ha dicho muchas veces) por encima de todo. Un libro en el que desde la primera página nos sentimos en contacto con algo casi sobrecogedor que no es sino la certidumbre de una autenticidad, ese temblor catártico que los grandes poetas dejan dentro de nosotros cuando hemos visto nuestro rostro en sus espejos.

Pues eso es lo que nos sucede desde “La situación”, el imponente arranque del libro en alejandrinos de estirpe modernista, a lo largo de cincuenta poemas en los que todo nos resulta familiar a los lectores de Benítez Reyes, como quien vuelve a la casa de un viejo conocido: la brillantez verbal en los términos acogedores de una poética horaciana, la paradoja y la barroca tensión de contrarios, el conceptismo de la poesía cancioneril a la que tantas veces rinde homenaje, la ironía y la emoción en contrapeso y lo vital y lo libresco equilibrados sin incurrir en excesos de lo último.

Abundan en este libro el poema elegíaco y reflexivo a media voz (“La sorpresa incesante”), la fábula moral que arranca de una metáfora amplificada con plasticidad infinita (“Playa de enero” y “Piedras en la playa”),  y, por supuesto, esa imaginería onírica que recoge la mejor herencia surrealista y, tamizada por la inteligencia más lúcida, cristaliza en poemas  como “Estampa con lluvia”:

La infancia viene a ser como una calle

en la que llueve siempre

y se cierran las puertas y ventanas

cuando alguien que murió pasa vendiendo alguna cosa

difícil de vender bajo la lluvia,

como por ejemplo

miniaturas de caballos de cartón […]

Con esa serie de elementos formales tan característicos del autor, los poemas  indagan en lo más hondo de la naturaleza humana a través de un sutil ejercicio introspectivo que casi siempre acaba en desdoblamiento, en un machadiano conversar consigo mismo que parte de lo subjetivo para buscar la objetividad. Domina en ellos un tono crepuscular y nostálgico que toma el tiempo como tema poético central y omnipresente, el que encontramos en “Otoño de 2013”, o en esa bellísima parábola de la memoria que nos huye en “Progresiones”. Pues el tiempo y la memoria, “ese espectro que camina en espiral por un puente de nieve” (en metáfora que podría competir en brillo con las mejores greguerías líricas de Gómez de la Serna), parecen ser desde siempre para Benítez Reyes el catalizador poético por excelencia.

El control y la dosificación exactas de la emoción en un poeta que sabe medir bien las distancias a través de la ironía es otro de los rasgos que marcan los mayores logros de este libro, como el desarrollo impecable del poema “El inexistente”, que nos conduce a un final de intensidad difícil de olvidar. O los versos de “El lector adolescente”, que nos hablan de la poesía como elemento vivencial y biográfico y nos ofrecen una de las claves de lectura del conjunto: la pulsión de la escritura como caída y redención; como pérdida y reconquista de un paraíso; como pecado original que pone en marcha esos relojes que al poeta le marcan un tiempo sin tiempo que a la vez es y no es por completo de este mundo.

“Cádiz, noche de carnaval” demuestra la insospechada altura lírica que el poeta es capaz de conseguir incluso del feísmo más extremo al contacto con la imagen poética. Pero es que en este libro lo poético se desprende con la misma naturalidad de la anécdota más trivial (así en “El cuento del jinete, y la excursión”) y de la más estremecedora (“Residencia de ancianos”).

Son cincuenta poemas elaborados mediante la difícil alquimia de un  simbolismo íntimo y de un verso sonoro que encadena metáforas como con melodía de nocturno a la luz de la luna. Una alquimia que Benítez Reyes nos demuestra que ha ido perfeccionando a lo largo de décadas. Cuando cerramos el libro, aún resuenan en nuestro interior los misteriosos acordes de la única clase de poesía capaz de desafiar al tiempo.

Ya la sombra (Visor, 2018), de Felipe Benítez Reyes | 88 páginas | 12 €

admin

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