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El color del humor con que se mira

EDUARDO CRUZ ACILLONA | En un más que recomendable artículo publicado recientemente en la revista Mercurio, el escritor bilbaíno Juan Bas hablaba de los numerosos colores que tiene el humor. En su extenso y meticuloso texto, iba desgranando y salpicando con ejemplos los diferentes tipos de humor existentes en función del color que se les asignaba, desde el inocente y para todos los públicos humor blanco hasta el escabroso y fúnebre humor negro, pasando por el picante y adulto humor verde o el irritante humor amarillo, sobre todo desde que lo asociamos a cierto programa de televisión made in China. Seguramente haya tantos tipos de humor como colores pueblan la gama cromática y el paraíso terrenal de los pantones pero, a fecha de hoy, no sé ustedes, yo jamás había oído hablar del humor infrarrojo, ese término que aparece como subtítulo en el libro que nos ocupa…

Según la RAE, que es el lugar donde cotillean juntos las tardes de los jueves Arturo Pérez Reverte y Javier Marías, el término infrarrojo no se asocia al humor, sino a las radiaciones, teniendo la infrarroja una longitud de onda mayor que el rojo, que no sé lo que significa, y conteniendo un alto poder calorífico, que no sé si es que te da mucho calor o que engorda.

Con estos precedentes me dispongo a leer Quiénes son y qué sienten las plantas carnívoras, primer libro de relatos de Alicia Schrödinger, y lo primero que me llama la atención es el apellido de la autora. Hubo un investigador austriaco, de nombre Erwin y de mismo apellido que la autora, que, tras largas conversaciones con Albert Einstein, planteó un experimento llamado “la paradoja de Schröndinger”, que no voy a explicar ahora, y por el que, resumiendo, mientras no se abriera la caja, el gato que había en su interior podía estar vivo y muerto a la vez. De todo ello deduzco que la autora puede ser descendiente del citado investigador austriaco y que el humor infrarrojo se refiere a eso, a algo científico de difícil explicación y rayano en lo absurdo e ininteligible.

Dicho lo cual, antes de abrir el libro surge la duda, al “schrödingeriano” modo, de si el libro contendrá humor vivo en su interior o éste estará muerto desde el principio, como Bruce Willis en El sexto sentido.

Una vez abierto el libro y leído su contenido, puedo afirmar que, fundamentalmente, se trata de un libro de relatos en los que a menudo se cuela la ciencia (deformación profesional de la autora, claro) pero que también contiene cuentos clásicos revisitados, cuentos que suponen originales adaptaciones de escenas también clásicas (la aparición de la Virgen a una pastora contada desde el punto de vista de la Virgen), cuentos en los que se da voz a las plantas y otros seres inanimados y cuentos basados en esa dualidad que tan bien funciona en el humor como es la “Expectativa – Realidad”. Hay cuentos originales, como el del diario de un teléfono, que contienen la virtud del microrrelato: contar una historia completa con apenas cuatro o cinco pinceladas de la misma. Otros sorprenden gratamente por el punto de vista adoptado, como la confesión relacionada con el autor de El Principito, la del dueño de la perra astronauta Laika o la sangrienta carta escrita por un tal conde D. Son cuentos narrados con un humor fino, amable, sin estridencias ni trazo grueso, un humor que no te incita a la carcajada pero que te mantiene la sonrisa en la boca hasta el desenlace final, en ocasiones sorprendente y, en otras, algo más previsible de lo esperado.

Así mismo, el libro también contiene cuentos de los que te evades, en los que la propia lectura te saca de la historia, que carece de interés y de sentido, cuentos que arrancan de manera atropellada y no enderezan la senda narrativa en los párrafos siguientes, provocando que pases página, literalmente, en busca de mayor fortuna en el cuento siguiente.

En definitiva, Quiénes son y qué sienten… es como el experimento del gato de Schrödinger: a veces está vivo, pero otras veces piensas que su tiempo para respirar ha expirado. Es algo que está científicamente demostrado cuando presentas una colección de más de cuarenta relatos, lo cual no quiere decir que sea malo… ni lo contrario.

Quiénes son y qué sienten las plantas carnívoras (Siruela, 2020) | Alicia Schrödinger | 168 pags. | 18,95€

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