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El destornillador sónico

laterceracaraluna

 

La tercera cara de la luna

Ángel Luis Sucasas

Fábulas de Albión, 2015

ISBN: 978-84-9435-460-1

272 páginas

19 €

Prólogo de Félix J. Palma

 

 

Luis Manuel Ruiz

Este libro de Ángel Luis Sucasas, La tercera cara de la luna, posee todos los engranajes necesarios para funcionar como un clásico. Para empezar, ruptura con la tradición: con ese rancio maniqueísmo que contrapone cultura popular a erudita y que considera que para redactar Grandes Obras (así, con unciales) es preciso sortear el electromagnetismo y los derivados del petróleo. Para proseguir, continuidad con la tradición: los cuentos que integran su antología están literalmente infestados de referencias cruzadas, notas a pie de página, alusiones, encubiertas o a rostro desnudo, a los grandes hitos contemporáneos del género fantástico, de terror o de ciencia ficción, que son, como en el misterio teológico y los botes de aerosol, tres en uno. Para concluir, posee también voluntad de estilo: poco valor tiene seguir haciendo lo mismo que de costumbre con los mismos destornilladores y llaves inglesas que han ensamblado millares de argumentos, millares de naves y armaduras que aparecen en millares de argumentos, a menos que uno añada una herramienta nueva. Un destornillador sónico, por ejemplo. Uno de los grandes méritos de Sucasas, si no el mayor, consiste en imprimir un indeleble sello personal a su lenguaje, haciéndolo distinto de cualquier otro y volviendo novedosos personajes y charadas que pueden no serlo tanto. Vierte vino viejo en odres nuevos, como escribió Menéndez Pelayo, que jamás olió ni de lejos la literatura fantástica: por eso merece que se califique de clásico.

La tercera cara de la luna es una recopilación de relatos, trece en total, con la que su autor se propone (así lo avala su editorial) ascender un peldaño en el concepto de registro fantástico, al menos tal y como se practica en nuestro país. De ahí su voluntad abarcadora: ante los ojos del lector circulan sagas galácticas, terror de mesa camilla, futuros apocalípticos, tiernos monstruos, espada y brujería, homenajes, solapados o no, a Neil Gaiman, Stephen King y Clive Barker, incluso fantasmagorías metafísicas que habrían hecho las delicias de alguno de los poetas lisérgicos de la América de los sesenta. Es de recalcar que Sucasas ataca todos sus temas con el mismo desparpajo sin limitaciones de ninguna clase, sin creerse ese viejo cuento de que hay cosas que no se pueden contar sin fruncir los labios, sea por risa o por asco. Todos los cuentos están presentados en el formato de literatura de verdad, eludiendo las facilidades del dialecto coloquial o la tecla ‘Enter’, asumiendo el compromiso, expreso desde las páginas iniciales, de dotar de dignidad a un contenido secularmente maltratado por los manuales y las cátedras. En este sentido, cabría opinar que con Sucasas el fantástico español alcanza su mayoría de edad y que ha dejado de lado la piruleta y el diábolo. Tiene todo por delante; adulto es aquel individuo que puede contraer matrimonio y ser condenado a muerte, que puede fundar una estirpe y arruinar una entidad empresarial. Y, sobre todo, es aquel que puede añorar: porque sólo se extraña lo que se ha perdido, y el adulto ha perdido lo más importante, como escribió un poeta del que no me acuerdo (son muchos).

Un breve sobrevuelo a las tramas de la antología servirá quizá para prestar algo de carne a todas las generalidades de los párrafos previos. “Un cuento de la dama blanca” abre el volumen con una de sus apuestas más sólidas, una ‘nouvelle’ sobre licantropía que es también un ‘Bildungsroman’ y de la que sólo cabe lamentar su corta extensión. “El último amanecer” nos aproxima al fin del mundo a través de la yuxtaposición de una serie de hechos insólitos que no parece guardar relación entre sí, y cuyo único denominador común es, quizá, el estado de excepción. “El ocaso de los sueños” y “La sonrisa y el reflejo” están ambientados en un aparatoso escenario de ‘sword and sorcery’, y bajo su ropavejería de teatro de ópera nos aproxima a temas nucleares como el sentido de la identidad o el mito del eterno retorno del presente. “La ofrenda”, así como “La despedida”, transcurren también en orbes vagamente medievales, para cuya descripción Sucasas posee un raro talento; entre riadas de sangre y sugerencias de incesto que recuerdan a ciertas páginas de Angela Carter, vuelven a abordar dos de los motivos más reiterados de la serie, la tragedia de crecer y la quiebra de la confianza en el otro, o en uno mismo. “Más allá”, el título más extraño y quizá exigente de todos, constituye un ensayo de mitología gnóstica donde se propone un posible origen del mundo, de todos los mundos. Y “Omeyacán”, en fin (entre otros relatos que omito) aúna las épicas distantes pero paralelas del narco mexicano y las civilizaciones precolombinas.

No es esta la primera vez que Sucasas visita lejanos, sorprendentes mundos: había hecho ya lo propio en sus novelas previas Hamelín, El encuentro (ambas de 2011) y Savanna (2014), así como en los relatos de Áiréan (2013). Aparte de destornillador sónico, también tiene una Tardis.

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