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El fascismo en siete cómodos pasos

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ILYA U. TOPPER | Un fantasma recorre Europa y se llama fascismo. No, todavía no tenemos ningún dictador rotundo que haya llevado a la práctica esta ideología decimonónica. Pero sí hay una serie de aprendices que están trabajando duro para ello, ya desde el poder: Viktor Orbán en Hungría, Jaroslaw Kaczynski en Polonia, por supuesto Recep Tayyip Erdogan en Turquía, Boris Johnson en Inglaterra, hasta hace dos días –si es que se ha ido– Matteo Salvini en Italia… Eso sin contar a todos los que están todavía abajo en la escalera, intentando llegar a la cúspide, no hace falta que haga la lista; todo país europeo tiene su VOX y su Santiago Abascal. Fuera de nuestro pequeño y viejo pero tan entrañable continente basta con nombrar a uno, que reúne en sí a la perfección todos los atributos: Donald Trump.

No sé si todos ellos tienen un manual que estudian para llegar a donde están, pero parece: tanto se parecen sus discursos, no, discurso no es la palabra: sus soflamas, sus herramientas retóricas, su trazo grueso para identificar al enemigo. Pero podría ser. Y seguramente se estructuraría en siete pasos: 1) Crea un movimiento. 2) Atenta contra el lenguaje. 3) Elimina la vergüenza y eleva la posverdad. 4) Desmantela los mecanismos judiciales. 5) Diseña tu propio ciudadano. 6) Deja que se rían ante el horror. 7) Construye tu propio país.

Este es el índice de capítulos del libro Cómo perder un país de Ece Temelkuran, periodista turca. No se llama Cómo ganar un país porque Ece Temelkuran no lo ha escrito para Johnson, Salvini y Trump sino para nosotros, las víctimas de los susodichos. Para que entendamos qué están haciendo con nosotros. Porque a veces parece que nos estamos quedando con la proverbial mirada del conejito ante la boa constrictor, solo diciendo: esto no nos puede estar ocurriendo a nosotros. Pues sí, puede, y es muy fácil que nos ocurra. En siete cómodos pasos.

Ece Temelkuran es periodista turca, por lo que está en una situación privilegiada para observar cómo se procede. Formaba parte de quienes lo tenían todo: educación, convicciones democráticas, voluntad de luchar por los derechos humanos, por el feminismo, dinero para poder vivir acorde a sus ideales, fama para poder difundirlos. Pero se encontraba un buen día con que sus ideas, sus convicciones, ya no formaban parte de lo que caracterizaba al “pueblo”. Ahora, de repente, el pueblo ya solo era la mitad de Turquía. Aquella mitad que seguía al nuevo líder; la otra mitad, fuese de derechas o izquierdas, fuesen obreros, millonarios, mendigos, revolucionarios o funcionarios, de repente eran traidores.

Si ustedes no tienen tiempo de comprarse y leerse el libro (aunque deberían), si solo lo hojean indecisos en una librería, ábranlo por la página 25, aquella que empieza con la frase «No, nosotros somos distintos. No somos un partido, sino un movimiento.» y lean: «Corre el otoño de 2002, y un nuevo partido denomi­nado Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), con una ridícula bombilla como emblema, participa por primera vez en unas elecciones generales en Turquía…» Lean las dos páginas de la anécdota en una cafetería de la Anatolia profunda. Entenderán el primero de los siete cómodos pasos hacia el fascismo.

Para el paso 2, Temelkuran recomienda repasar los discursos de Hugo Chávez. Para el 3, lo mejor es hacerse seguidores de Donald Trump en Twitter. Para el 4, buceen un poco en la hemeroteca sobre lo que pasó en 2016 en Turquía (hubo un amago de golpe de Estado, fracasó y antes de detener aún a los militares sublevados, el Gobierno ya había destituido a varios miles de jueces).

Turquía es la columna vertebral del ensayo de Temelkuran: efectivamente constituye un ejemplo de libro por el proceso orgánico que lleva, siempre acorde a las reglas democráticas, hacia el fin de la democracia. El fascismo no llega por un golpe de Estado ni por un general furibundo con una bayoneta en la mano: llega porque el pueblo lo aclama. Esta es la lección que nos enseña Ece Temelkuran.

Lo hace en un lenguaje sencillo, desprovisto de recovecos teóricos, encadenando anécdotas ilustradoras. No solo de Turquía: también de Estados Unidos y de Inglaterra, países que conoce bien, y de Latinoamérica. Se queda corta, es cierto, como comparativa de los procesos que tienen lugar simultáneamente en la última década; no hay tanto ánimo de analizar como de denunciar. Una labor didáctica que a veces roza la superficialidad o, lo que es lo mismo, una manifiesta voluntad de alcanzar un público anglosajón-estadounidense (a diferencia de sus anteriores obras, en turco, Temelkuran escribe este libro en inglés). Una intención probablemente similar al de otra autora, esta sarda, que solo conozco a través de una reseña de Alejandro Luque: Michele Murgia (Instrucciones para convertirse en fascista).

Llama la atención la casi nula atención que recibe en el libro el ascenso (democrático) de Hitler al poder como ejemplo de lo que hoy podría repetirse; preguntada al respecto, la autora responde que la crisis política de hoy día se parece más al panorama en vísperas de la I Guerra Mundial que a lo que ocurrió en 1933. Personalmente discrepo pero concedo que puede ser un acierto evitar comparaciones con Hitler: en una época en la que el nombre es, simplemente, sinónimo del mal absoluto, invocar una similitud corre el riesgo de abortar el debate, aun cuando por una vez esta comparación (con 1929-1933, ¡no con 1939-45!) podría estar justificada. Justificada no porque los aprendices de dictador de hoy fuesen el mal absoluto, sino porque Hitler tampoco era más que el producto de unas circunstancias políticas, sociales y democráticas de su tiempo.

Otra ausencia, esta seguramente casual, es toda mención a un libro publicado en 2003 por el cineasta Michael Moore y traducido al español con el título ¿Qué han hecho con mi país, tío? El original –Dude, where is my country?– también podría traducirse como “¿Qué has hecho con mi país, tío?” En este caso, el “tío” en cuestión sería, miren las hemerotecas, George W. Bush, presidente de Estados Unidos. Y hay que tirar de hemeroteca, o de recuerdo personal en caso de tener edad suficiente, para darnos cuenta de que todo nuestro espanto, nuestra indignación, nuestra severa preocupación política, social y ética ante la llegada al poder de Donald Trump es un vulgar remake. En otras palabras, que no hemos aprendido nada de aquellos años. Saludamos la llegada de Obama como si fuese un mesías, y nos quedamos tan panchos y anestesiados.

Pero ahora ya no son solo Bush y Berlusconi. Es media Europa. Vayan despertándose lo más rápido que puedan. Tómense algo. Dicen que el café turco es de lo más fuerte.

Cómo perder un país (Anagrama, 2019) | Ece Temelkuran  | 264 páginas | 18,90 €  |  Traducción del inglés: Francisco J. Ramos Mena.

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