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El fin de la literatura española y otras noticias probablemente exageradas

portada la mala puta

 

La mala puta. Réquiem por la literatura española

Miguel Dalmau / Román Piña Valls

Sloper, 2014

ISBN: 978-84-942494-8-8

264 páginas

17 €

 

 

José Martínez Ros

-Hace poco he leído El Levante, del gran escritor rumano Mircea Cărtărescu. Es un largo poema que se ha publicado trasladado a prosa, una obra a veces épica, otras aventurera y otras puramente cómica, llena de voluntarios anacronismos y traviesas alusiones, que, además, es todo un recorrido por el conjunto de la literatura rumana inspirado en el famoso capítulo del Ulises llamado «Los bueyes del sol», en el que a través de diversos cambios de estilo y parodias el irlandés recorría toda la historia literaria de las Islas Británicas. El poema incluye una serie de fragmentos autobiográficos en los que describe en qué circunstancias los escribió: siendo un profesor de instituto casado, mal pagado, en un piso minúsculo, en la gélida y desastrosa Bucarest del derrumbe del régimen de Ceaușescu, escribiendo en el tiempo que le deja libre su trabajo y cuidar de sus hijos. Desconozco qué expectativas tenía el que entonces era un desconocido poeta y profesor rumano, escribiendo esa larga obra que parecía ignorar las vicisitudes de su época; sería difícil creer que unos años más tardes, podría ser considerado legítimamente como uno de los autores más interesantes del continente europeo, con una distinguidísima carrera iniciada con El Levante.

-Encabezando el volumen que recopila la poesía completa de Roberto Bolaño, hay un pequeño poema que resume lo que fue la carrera literaria del que, ahora, podemos considerar con toda seguridad el más importante y popular escritor en lengua española de finales del siglo XX y principios del XXI. En una lectura primaria, puede parecer muy simple o de un romanticismo trasnochado. No es así, de hecho cualquier joven aspirante a escritor debería leerlo muchas veces. Y asumirlo:

MI CARRERA LITERARIA

«Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad
también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,
Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los
lectores…
Todos los gerentes de ventas…
Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro
para verme a mí mismo:
como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.
escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
escribiendo con mi hijo en las rodillas.
escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
pero escribiendo.»

-El aspirante a escritor que desee conocer cuáles eran esos demonios a los que se refería Bolaño hará bien en acercarse a este pequeño, estridente, tendencioso y muy entretenido ensayo de Miguel Dalmau y Román Piña. Es un libro que, seamos sinceros, no habla de literatura ni contiene literatura, sino que se refiere a las circunstancias que rodean el mundo literario. Ofrecen, desde la experiencia personal, un sinfín de ejemplos de corporativismo, amiguismo, corrupción, crítica vendida, editores incapaces e incultos, etc.

Es más complicado, no obstante, asumir la tesis de los autores según la cual, víctima de todos esos males a niveles tóxicos e, incluso, mortales, la literatura española está muerta o agonizante. Los males de la literatura española son equiparables a los de cualquier otro aspecto de la realidad cultural española (o de la realidad española, a secas), y a pesar de los pesares cada cierto tiempo se produce un hito  -digamos, por ejemplo, Brilla, mar del Edén, de Andrés Ibáñez, o La Isla Mínima de Alberto Rodríguez– cuyo valor basta para desmentir tanto pesimismo. En ese sentido, la parte de Dalmau es la más centrada en sus vivencias personales, más virulenta y discutible. Irónicamente, no diría que Dalmau es un escritor cuyos logros puedan minusvalorarse. Ha publicado varias novelas en editoriales importantes  y sus biografías de Jaime Gil de Biedma y los Goytisolo han tenido una notable repercusión crítica. Pero por así decirlo, todo su texto rezuma lo que Jorge Luis Borges resumía en “todo escritor se mide a sí mismo por sus sueños y ambiciones y a los demás, meramente, por sus obras”.

-La parte de Román Piña es menos cruda que la de Miguel Dalmau, aunque también muy interesante. Piña apuesta por una literatura no profesionalizada, por una literatura, por así decirlo, perpetuamente amateur. Pone varios ejemplos de escritores que a lo largo de los 90 consiguieron una determinada repercusión y, luego, fueron vapuleados y olvidados por la misma industria editorial que los aupó. No sé cuántos autores españoles actuales que hayan publicado su primer libro en los últimos años piensan en vivir de lo que escriben; excepto algunos casos especiales que responden a ciertas dinámicas editoriales o a oscuras influencias y que, además, sólo dudosamente se puede considerar que de verdad escriben literatura; supongo que tienen que ser muy pocos.

admin

13 comentarios

  1. He de reconocer que la parte del señor Dalmau no me gustó nada. Sin ánimo de desmerecer, me parece que él no es el escritor apropiado para poner en solfa al sistema literario español, por muchas cosas macabras y sospechosas que le hayan ocurrido a lo largo de su más que decente carrera literaria. Su discurso termina quedando en una especie de pataleta bastante machista (y mira que para que yo utilice esa palabreja…) y en el fondo poco provocativa.
    La parte de Román Piña me interesó más pero, al menos a mí, no me dijo nada que no supiera.
    Sospecha uno que este libro tiene como dos tipos de lectores: los que forman parte del ‘establishment’ literario y los que no. A los primeros, nada de lo que aquí se diga les sorprenderá. Para el resto, la verdad, creo que estos son temas de escasísimo interés no ya literario sino antropológico.
    Por cierto, heterodoxa reseña ésta, que en su singularidad recoge bastante bien lo que ofrece «La mala puta», un texto que al menos intenta promover un debate sobre lo que nadie parece querer hablar en serio.

  2. Hombre, sí. A poco que hayas rondado alguna vez en los aledaños del mundillo, ya sabes todo o casi todo lo que se te cuenta. Si has ido, como es mi caso, alguna vez a la fiesta anual que celebra o celebraba la editorial Planeta, te puede parecer hasta tibio 😉 Otra cuenta es que no se haya puesto en negro sobre blanco.

  3. Soy Miguel Dalmau. Ante todo debo agradecer el tiempo que habéis empleado en la lectura de nuestro libelo. Un par de cosas. Precisamente por haber publicado en algunas editoriales de renombre y haber convivido con muchos personajes, me he animado a escribir lo que he escrito. Si hubiera querido quejarme por haber sido rechazado sistemáticamente, ya habría protestado mucho antes. La cosa no va por ahí. Conocía la frase de Borges, pero no me casa en absoluto. Soy todo lo contrario: siempre he juzgado con mucha severidad mi trabajo-en este libro me doy bastante caña-y lo único que he denunciado es que los sueños de mis colegas cada vez sean menos elevados y no hagan nada por corregirlo. Ésa es la base de mi texto. En cuanto a que no esté capacitado para escribir sobre la literatura española-cuando mi especialidad es escribir biografías sobre autores españoles-y que el texto se queda en una «pataleta machista», hombre, hombre. ¿Por qué nos da tanto miedo cuando alguien saca los tanques a la calle? Habría que mirárselo, ¿no?. Gracias de nuevo, eso sí.

    • Hola Miguel. Lo primero, gracias por comentar y hacerlo además desde el buen tono. Eso sí, me temo que lo que debería dar verdadero miedo es considerar que con «La mala puta» se están sacando «los tanques a la calle»…
      Tu parte, si la comparamos con otras «pataletas» (perdón por la palabra, quizás suena demasiado despectiva) que hay por ahí, es sin duda muy atrevida porque das en público nombres y apellidos. Pero las artimañas del sistema son de sobra conocidas al menos, ya digo, entre esa primera parte de lectores que de una forma u otra pertenecen al ‘establishment’ literario de este país y que habrán corrido a comprar «La mala puta» para ver si su nombre salía por ahí. Quizás el problema de nuestra literatura resida precisamente en los lectores, gremio que creo recordar (leí el texto hace tiempo) no tratáis casi en ningún momento.
      Por último, por matizar: no he querido dar a entender en ningún momento que no estés capacitado para nada. Digo que no me parece (opinión personal pura y dura) que seas el más «apropiado» y no ya para hablar sobre literatura española (de eso vas sobrado, seguro) sino sobre «el sistema literario español», que creo es distinto. Al fin y al cabo, como dice Martínez Ros en la reseña, cosa que comparto, en «La mala puta» no se habla apenas de literatura.
      Con todo, más allá de que a mí personalmente el ejercicio crítico me haya dejado a medias, os aplaudo a los dos, a ti y a Román, por intentar abrir un melón que al parecer nadie quiere probar.

  4. Dice Fran: «A los primeros, nada de lo que aquí se diga les sorprenderá. Para el resto, la verdad, creo que estos son temas de escasísimo interés no ya literario sino antropológico.» Bendito libro La Mala Puta, que siendo de escasísimo interés ha triplicado en ventas cualquier otra novela del catálogo de Sloper de los últimos años. O a lo mejor los que han ido a por el libro son aquellos a quienes el libro no les ha dicho nada que les sorprenda, porque están en el ajo. Qué putada, entonces. Conclusión: el tema de una novela cualquiera despierta un tercio del interés que ha despertado La Mala Puta, libro de escasísimo interés. Luego aquí hay un muerto. Gracias por ofrecer un foro para el debate. RPV.

    • Es que creo que es así, Román. El libro, me da la sensación, lo han comprado solo gente del mundillo para ver si salían retratados o no. ¡Has dado con la fórmula mágica! 😉

  5. Totalmente de acuerdo, Fran. Sin duda había algo desmesurado en la frase «sacar los tanques a la calle»-. Y si ha sido así no ha habido víctimas mortales, pero al menos algún roto necesario. En ningún momento, pienso, nos planteamos hablar de literatura sino todo lo que la rodea-o casi-y que demasiado a menudo se pretende hacer pasar por ella. Todo ese circo, todo ese ruido, ese fraude permanente de baja intensidad. Y en cuanto a los lectores, merecerían sin duda libro aparte. Ocurre que los lectores son ánimos, sin rostro, un autor es totalmente incapaz de imaginarlos, tal como recordaba Borges. Bueno, gente, ando ya bajo de azúcar y he de ir a comer.

  6. Vaya, no esperaba que los autores repararan en mi humilde reseña. Le agradezco su intervención. La verdad es que me lo pasé bien leyendo el libro, pero después no sabía muy bien cómo emprender la reseña. El tinglado que denuncian es más bien repulsivo, pero me parecía que el mensaje es excesivo. Si la literatura ha sobrevivido a tantas cosas en el pasado, sobrevivirá a los suplementos literarios y al Premio Primavera. Además, lo de apostar por el no-profesionalismo me sonaba casi a ironía cuando para la mayoría no es más que la única opción… y de todas maneras -excepto en Misery, claro- no creo que a nadie le hayan obligado jamás a escribir. Uno escribe porque quiere, ante todo, porque cree que puede hacerlo bien y como dice un antiguo proverbio no hay buena acción que no merezca su castigo.

  7. He leído «La mala perra» y me gustó, aunque ya conocía la mayor parte de lo que se cuenta en el libro como creo que le pasará a cualquiera que haya trabajado en la industria editorial. Yo fui corrector de textos y lector de premios durante varios años para Planeta, Seix Barral, Destino, etcétera y doy fe de lo que se dice es cierto. Si no recuerdo mal Patricio Pron ofrece una visión complementaria a la de los autores en el último capítulo de su último libro, El libro tachado. El capítulo se llama «Cambios». Lo recomendaría también como una lectura vale la pena hacer en este contexto. JN

    • El libro se llama «La mala puta», no «La mala perra». Da un poquito de miedo saber que usted ha sido corrector… 😉

  8. Yo tengo delante «El libro tachado» y el último capítulo se llama «Conclusiones». El Anterior «Crisis». Y por «Cambios» no me sale nada, en ninguno de los capítulos. Vamos mal!

  9. Al hilo de esto de Patricio Pron, mi opinión es que no debería haber escrito «El libro tachado». Al menos las 20 primeras páginas.
    Me voy a comerme un jan jacobo.

  10. Hola, no he leído el libro, pero corro a comprarlo, y ello para:
    – Ver si el comisario Matute tiene razón.
    – Comprobar si se dan nombres y apellidos.
    – Tratar de percibir el nivel de envidia y resentimiento que pueda destilar el libro.
    – Demostrar que páginas como criticoestado tienen su utilidad.

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