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El fútbol, esa poesía muerta

A ras de “yerba”
Montero Glez
Debolsillo, 2009.
ISBN: 978-84-8450-264-7
192 páginas
8,95 €

Daniel Ruiz García

La relación entre la literatura y el balompié es antigua, aunque no es hasta hace un par de décadas cuando esta relación empieza a cobrar cuerpo más o menos teórico y académico, convirtiéndose en un maridaje serio avalado por numerosas antologías, artículos especializados y análisis en los suplementos literarios. Como toda disciplina, la literatura-que-habla-de-fútbol también tiene sus paradigmas, y el paradigma de la literatura balompédica apela a una época mítica habitada por jugadores con vocación de gladiadores con un punto bárbaro, balones fabricados a mano con cuero curtido y terrenos de juego que eran auténticos barrizales sobre los que se perpetraban verdaderas luchas encarnizadas. El aliento bélico está muy presente en ese pasado mítico, asperjado de grandes encuentros que se han elevado a la categoría de hazañas, gestas heroicas que han convertido a los futbolistas en soldados valerosos a los que es obligado guardar memoria. Frente a este tótem, hay que situar el reflejo degradado del fútbol actual, dominado por la mediocridad impuesta por los ritmos mercantiles y mercadotécnicos. La era de las Sociedades Anónimas del fútbol, donde nada, ni siquiera el Real Madrid, es ya lo que era.

De este paradigma parten todos los artículos que el escritor Montero Glez ha recopilado en su libro A ras de “yerba”. Apuntes futboleros. Se trata de una reunión de más de 50 artículos periodísticos que el autor de novelas como Cuando la noche obliga o Manteca Colorá ha publicado desde 2005 en ABC y, sobre todo, en la revista Mediapunta. Que Montero Glez es un escritor con una gran fuerza expresiva ya lo sabíamos, merced al tono que impregna todas sus novelas, una suerte de puchero altamente nutritivo y estimulante cocinado a base de Valle-Inclán, Paco Umbral, Céline o Hemingway, por nombrar sólo algunos de sus ingredientes reconocibles. Con sus artículos balompédicos descubro además que es un articulista de fuste, que sabe construir piezas con fuerte músculo, con gran vitalidad expresiva y donde juegan un papel fundamental, como en toda su obra, las metáforas chocantes y plásticas, siempre tendentes a lo deforme o lo excesivo. Un estilo que, desde luego, parece especialmente adecuado para hablar de una cosa tan peculiar como el fútbol, mucho más que una práctica deportiva, más bien un escaparate antropológico de dimensiones descomunales.

Leyendo todos los artículos, uno logra hacerse con una idea general sobre los gustos de Montero Glez en materia futbolística, y también en muchos otros ámbitos. Sabemos que es Raulista; que le costaría poco hacerse de la religión maradoniana; sabemos que para él hay tanta o mucha más poesía en el juego de Zidane que, por ejemplo, en un poema de Keats; sabemos que el fútbol que a él le ha tocado vivir no es, en todo caso, más que un reflejo desvaído del fútbol que se practicaba en otro tiempo, en aquella época mítica que ahora es un florido panteón. Pelé, Di Stéfano, Cruiff, Maradona, todos esos son los santos que hoy constituyen el paradigma de sus artículos balompédicos, y frente a los que toda comparación resulta al cabo odiosa. Cualquier tiempo pasado fue mejor, vienen a decir los artículos, la poesía del fútbol está muerta, pero en todo caso hay que seguir atentos. En cualquier momento puede volver la magia, alguien puede desenterrar la poesía.

admin

2 comentarios

  1. Recuerdo un cuento de Montero Glez en el que un perro le practicaba un tremendo cunnilingus a Greta Garbo. No es que yo sea remilgada. Pero aquello era gratuito y muy zafio, epatando a los burgueses que es gerundio. Admirado Dani, ni aunque nos vistamos de Reyes Magos me parece a mí que este señor merezca compararse con ninguno de los grandes autores que usted cita. Ay, qué generoso es usted.

  2. Yo creo que Montero -a mí sí me gusta, él y sus cosas- podría responderse a sí mismo invirtiendo su propio razonamiento: es obvio que la magia del fútbol está hoy en las botas, qué digo, en los pies desnudos de los poetas. Los goles de Zidane ya sólo pueden inspirarnos una vaga nostalgia, pero los de Keats por la escuadra -«How is it, shadows! that I knew ye not?»- todavía nos hacen levantarnos de los asientos.

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