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El hombre que entregó su Nobel a Goebbels

El círculo se ha cerradoCAROLINA EXTREMERA | En los últimos tiempos, después de que por fin las mujeres se hayan atrevido a hablar de los abusos a los que han estado sometidas durante años en Hollywood, se ha establecido un interesante debate sobre qué hacer con las obras de arte cuando sus autores son despreciables. ¿Qué pasa por ejemplo, con la película The Fighter, producida por Harvey Weinstein, acusado de acosar sexualmente a numerosas mujeres? Si la ven, le estarán dando pábulo a un hombre que, desde luego, no se lo merece, por no hablar de que también podrían contribuir a su enriquecimiento económico. Pero si no la ven, ay, si no la ven, se estarán perdiendo una obra maestra. ¿Qué hacer? ¿Descargársela? ¿Verla con cargo de conciencia? ¿No verla? Son muchos interrogantes.

Cuando se piensa en obras de arte realizadas por hombres moralmente reprobables no se puede obviar a Knut Hamsun, el que fue emblema nacional de Noruega hasta que dejó de serlo y se convirtió en su gran vergüenza. Estamos hablando del hombre que regaló su premio Nobel a Joseph Goebbels. Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, numerosos noruegos se acercaban a la casa de campo donde Hamsun vivió al final de su vida y arrojaban a través de la verja copias de sus novelas, devolviéndoselas en señal de rechazo. Eso fue lo que decidieron ellos hacer con el arte creado por una persona que había escrito un panegírico para Hitler el día de su muerte.

Muchas novelas de Hansum se tradujeron al español antes de los años sesenta, pero estaban hechas a partir de sus versiones en alemán, inglés o francés. No fue hasta los noventa que se empezaron a traducir directamente del noruego. Aquí hay que destacar el enorme y trabajo de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, que son las que vienen realizando esa labor desde entonces. Esta edición de El círculo se ha cerrado por parte de Nórdica es la primera versión que proviene directamente del noruego que se edita en España y hay que decir que es una reivindicación muy merecida de la obra de Hamsun que ha tardado demasiado, tal vez por la personalidad controvertida del autor.

El círculo se ha cerrado es la historia de Abel, el hijo de un farero de un pueblo costero de Noruega que establece ciertos vínculos con otros personajes durante su infancia. Esas relaciones van a ser determinantes en el futuro, cuando regrese de América a su pueblo y vuelva a encontrar a sus amigos de la infancia que ahora son ya adultos y cada uno de ellos tiene algún requerimiento para Abel. Vamos siguiéndolo mientras se va volviendo cada vez más indolente ante la presión general de que haga algo con su vida: “Todo el mundo quiere llegar a ser algo. Es justo eso, todo el mundo quiere llegar a ser algo pero yo no. No quiero. Me falta voluntad”.

La obra tiene todos los elementos que resultan fascinantes en casi todas las novelas de este premio Nobel. Abel es un inadaptado, un solitario con cierto toque brusco, como ya lo eran los protagonistas de Pan (Anagrama, 2006) o Hambre (Ediciones de la Torre, 1997) y todos los personajes de la novela interactúan entre sí con una falta de tacto a veces sorprendente. Las mujeres son alternativamente abnegadas y malvadas, como pintadas por Munch. También el dinero y las diferencias sociales juegan un papel muy importante en las relaciones que se establecen entre unos y otros y la irracionalidad y pasión con la que se comportan a veces recuerda más a los autores eslavos –esos protagonistas de Dostoeivski que se comportan como bombas de relojería- que a otros nórdicos. Estilísticamente es de una modernidad asombrosa teniendo en cuenta que se escribió en 1936. No utiliza guiones para los diálogos, ni comillas, tan solo los entremezcla con la voz del narrador y apenas hay descripciones porque el autor sabe que, si aparece una iglesia en la narración, todos podemos imaginar una sin su ayuda. De hecho, ni siquiera sabemos el aspecto físico que tiene Abel, tan solo a veces nos indica que está desaseado. Tampoco llegamos a saber nunca qué está pensando, aunque continuamente Hamsun nos muestra los efectos que tiene sobre él la presión de abrazar una vocación y encontrar un camino que seguir o cuál es la medida de su marginación: “Por fin había conseguido una gorra, pero los otros tenían sombrero”. Hay instantes en los que el narrador se dirige al protagonista directamente y otros en los que toma la voz de las personas descritas: “…lleva el pelo corto, un cigarrillo en la mano y las uñas pintadas de rojo. Somos muy modernas y con la cabeza muy vacía, tenemos un cuello muy fino y no tenemos pechos”. Y, por supuesto, hace un fiel retrato de una sociedad portuaria en proceso de empobrecimiento –como en Pan sucede con la sociedad rural-. Si ya han leído a Hamsun, aquí encontrarán más de lo mismo, es decir, más genialidad y, si no lo han hecho, aprovechen la oportunidad que se les brinda de conocer a un autor imprescindible.

Siguen preguntándose qué hacer con The Fighter, ¿verdad? Aunque tengo una opinión propia, no les ayudaré con esto. Tendrán que tomar sus propias decisiones. Pero sí les diré algo: los escritores muertos no pueden enriquecerse con los derechos de autor.

El círculo se ha cerrado (Nórdica, 2018), de Knut Hamsun | 350 páginas | 22,5 euros | Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

admin

3 comentarios

  1. Gracias por la reseña. El problema con estos debates es que uno sabe donde empiezan pero no donde terminan. Y es que la nómina de autores con pasados, comportamientos o declaraciones “dudosos” (según la óptica actual) es muuuuuy extensa:
    ¿Qué hacemos con Neruda y sus odas al padrecito Stalin (sí, sí, ese que mató de hambre a 4 millones de ucranianos, mandó meter un tiro en la nuca a varios millones más de compatriotas y a otros tantos a cavar hoyos en Siberia)?

    Por no hablar de Alberti y sus odas similares,

    ¿Qué hacemos con Gil de Biedma y sus apetencias y prácticas sexuales (que aparecen tal cual en sus diarios)?

    ¿nos vamos unos siglos atrás hasta Rousseau, que mientras glosaba las bondades del buen salvaje dejaba embarazadas a criadas aquí y allá y mandaba a sus vástagos “ilegítimos” a la inclusa

    ¿Qué hacemos con Celine, autor de una obra maestra como Viaje al Fin de la Noche y antisemita y filonazi acérrimo?

    ¿Y con Heidegger? ¿Y con Sartre? ¿y con…….?

  2. ¿Y qué hacemos con toda la industria de Hollywood, incluidas las mujeres, y la política del ala demócrata, incluidas las mujeres, que durante años jalearon, se asociaron, ayudaron, halagaron, abrazaron, besaron, amaron, pidieron dinero, se vendieron, rogaron favores, trabajo, papeles… con toda la cara dura, a ese gordo judío tan diabólico y terrorífico, no vemos ninguna película de todos ellos, nos borramos los pensamientos, todos los recuerdos, eliminamos todo el cine americano de las últimas décadas de un plumazo? ¿Y con los periodistas que lo sabían o debían haber sabido? ¿Y con los de la televisión qué hacemos? ¿Y todos los anónimos trabajadores que algo vieron, escucharon o compartieron?
    ¿Y los de los años dorados del cine clásico y sus tremendas barrabasadas, sus orgías, abusos, vicios y desafueros de todo tipo? ¿Fuera también?
    ¿Y ya puestos, dispuestos a seguir la senda del bien y la justicia, por qué no repasamos la vida de todos los grandes autores que en el mundo han sido, varones blancos mayormente, lo cual dice mucho, y los vamos excomulgando según vamos comprobando, no hace falta mirar mucho, sus innumerables felonías?
    ¿Y si hiciéramos una pira funeraria con las obras de todos ellos no sería más cómodo y rápido? ¿No nos quedaríamos más contentos y satisfechos, más felices y tranquilos?
    Preguntas.

  3. In-da-pan-dénsia, lastima que no siguen tu consejo. Sería estupendo que fueran desapareciendo por extinción al no tener descendencia o simplemente que hagan como esos roedores noruegos tan simpáticos los lemmings y se despeñarán por algún acantilado de la Costa Brava como sacrificio humano en honor de sus amados líderes. Porque a mi y a muchos otros españoles sus disparates y bravatas ya nos causan tal hartazgo que dan ganas de constituir una plataforma de españoles por la expulsión de los pay-a-sos catalanes y volver a ser la gran Castilla que nunca debimos dejar de ser. ¿Qué hemos ganado durante siglos de la unión con la Corona de Aragón? problemas e ingratitud de estos bellacos: guerras en Italia y con Francia durante siglos, tener que defender sus costas de los piratas berberiscos con nula colaboraciónd e las instituciones locales que después les han traído para sustituir a los españoles de verdad en sus territorios y ahora también de los pifutos baleares y valencianos. Siguen al flautista de Hamelín cuya única propuesta racional era lo de helado para postre todos los días

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