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El lago azul en los lejanos días de sol / con el cuerpo sumergido/ y tu polla tiesa

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JUAN CARLOS SIERRA | He de admitir, y vaya esto por delante, que es Una buena hora mi primera aproximación a la obra de Alejandro Simón Partal (Estepona, 1983). Y una vez leído el libro puedo asegurar que no va a ser la última, que creo que hay que estar atento a este autor, a lo que ha escrito y a lo que escribirá. Quizá para hacer esta reseña tendría que haberme paseado tranquilamente por los títulos anteriores del poeta esteponero, por aquello de comprobar el camino recorrido, el tú de quién eres poéticamente hablando, la coherencia y cohesión de su presente poético, y todas esas cosas que un buen crítico debería hacer, pero, primero, quién ha dicho que yo sea un buen crítico –ni siquiera un crítico- y, segundo, el ritmo vertiginoso y multitarea de la vida que llevamos me lo dificulta en extremo.

Es precisamente en este aspecto en el que fija su mirada poética Alejandro Simón Partal en Una buena hora. El libro, entre otras muchas cosas, desarrolla un cuestionamiento integral acerca de la vida, de nuestro modo de vida o, más bien, apuesta por una manera de estar en el mundo, de habitarlo y contemplarlo, radicalmente opuesta a la habitual. O dicho de otro modo, se trata de romper con las inercias neoliberales, capitalistas, resumidas en el “tanto tienes tanto vales” y que buscan, por consiguiente, la felicidad conjugando el verbo tener y no el verbo ser o, de forma más perversa, convirtiéndolos en sinónimos.

Esta perspectiva vital, existencial, probablemente tenga que ver con una cierta madurez que abandona los excesos juveniles, sus ardores e impaciencias, los cantos de sirena del capitalismo salvaje, para ingresar en el tiempo de la aceptación, como apunta literalmente el poema ‘Despojados’: “… Los despojados,/ los que saben entrar a cuerpo en la mañana,/ los que avanzan en la aceptación”; pero no en una asunción de la vida resignada a la voluntad –normalmente obtusa- de Dios. Hay en este poemario, por el contrario, un ascetismo dichoso, alegre, optimista, feliz; un alejarse de lo superfluo, de las exigencias materiales comúnmente aceptadas, para volver a la naturaleza, a lo sencillo, a lo humilde, a la belleza del mundo, tapada bajo las múltiples capas mentirosas de la civilización y de la modernidad más o menos tecnológica, pero en cualquier caso agresiva. En este sentido, poemas como el antes citado y el que lo precede en el libro -‘Vivir sin posibilidad’-, único poema en prosa del conjunto, ofrecen las claves de esta lectura o condensan gran parte del argumentario desarrollado a lo largo de los versos de Una buena hora.

Todo esto desemboca en un concepto de felicidad, quizá la única que exista de verdad, muy alejado del discurso social dominante, esa permanente, sostenida y agotadora felicidad que nos venden publicistas y filósofos de tres al cuarto –coaches, coelhos, digipoetas, youtubers,…-, con su inevitable reverso traducido en frustración, para la que curiosamente estos personajes ofrecen sus remedios milagrosos. Frente a todo este tinglado fullero, Simón Partal planta los pies en la tierra –para eso también sirve la poesía- desde la cita atribuida al antropólogo Pedro Antón Cantero que encabeza el libro -de donde directamente bebe el título de la obra que nos ocupa-, y posteriormente en poemas decisivos como ‘Un día como hoy’, ‘De humanidad vivida’ o en todos aquellos en los que el poeta resalta un instante, un lugar, un recuerdo, un momento de dicha, la única a la que probablemente podemos aspirar. Pero esos instantes tampoco hay que buscarlos necesariamente lejos, en el exotismo de las geografías remotas o en experiencias al borde del colapso cardíaco o del subidón de adrenalina, porque –volvemos al principio- todo está ahí al lado, en el ascetismo de lo insignificante, de lo cotidiano, en su aceptación.

Y aquí hallamos otra de las ideas fuerza que mueven al poemario de Simón Partal y quizá la raíz de la tradición desde la que poéticamente se instala y escribe el autor. Si hemos hablado de aceptación, de ascetismo, de asunción de la vida, de la búsqueda elegíaca de la felicidad y de la belleza en lo natural, en lo ancestral, no hay nada más primario en ese camino de vuelta que la idea de Dios y, por tanto, la sacralización de lo cotidiano, de la Naturaleza, y, por supuesto, de la palabra poética. Si San Juan de la Cruz quería hablar de lo divino echando mano de lo humano, Simón Partal, en un ejercicio de prestidigitación inverso, habla en clave divina de lo humano y terrenal, plagando su lenguaje de referencias sacras, oraciones, plegarias,…

No obstante, la tradición en la que mejor encajaría Simón Partal creo que se halla mucho más cerca temporalmente hablando. A mí me suena al fondo de los poemas de Una buena hora la voz de Claudio Rodríguez recitando, por ejemplo, ‘El baile de Águedas’ –cada uno tiene sus filias y sus manías- o el eco del Vicente Gallego post-experiencial, el de Santa deriva en adelante. Aun así, el autor intenta no perder de vista cierta tendencia irónica, canalla o simplemente epatista –valga el palabro-. Porque para Simón Partal la poesía ha de tener cuidado con el exceso de trascendencia o de elevación mística –‘Reposo’-, para lo cual el autor echa mano de efectos niveladores algo bruscos a veces pero siempre efectivos, como los que leemos en ‘El hombre del lago’, por poner un caso bien llamativo. Digamos que es una suerte de Vicente Gallego en plena transición, quizá el más interesante. Es probablemente por este estudiado o pretendido equilibrio por lo que el lenguaje poético anda también en el fiel de la balanza, entre lo críptico y lo prosaico, sin que ninguno de los extremos se toque, pero sabiendo imprimir la intensidad justa, la búsqueda de los matices decisivos sin obviedades ni perogrulladas sentimentaloides o místicas.

Repito que no había leído nada de Alejandro Simón Partal hasta este Una buena hora y bien que lo siento, con la de tonterías que le caen a uno en las manos a lo largo del año. El libro que reseñamos es mucho más rico e interesante que lo que aquí se ha podido explicar –ya saben de las limitaciones de este ¿crítico?-. Háganse un favor: dejen a los marwanes y defredes y lean a Alejandro Simón Partal. Yo ya estoy en ello.

De nada.

Una buena hora (Visor, 2019) | Alejandro Simón Partal | 62 páginas | 12 euros | Premio de Poesía Hermanos Argensola, 2019

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