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El oscuro pasajero


El demonio

Hubert Selby Jr.

Huacanamo, 2011

ISBN: 978-84-937891-2-1

312 páginas

18 €

Traducción de Juan Miguel López Merino

Fran G. Matute

De la escueta información publicada en relación con esta obra de Hubert Selby Jr., me quedo con un dato: esta es la novela favorita del cómico Andy Kaufman. Muchos conoceréis a este señor gracias a la película Man on the Moon (1999) de Miloš Forman. Y como ya hace tiempo que se estrenó me voy a tomar la libertad de «espoilearla» con el ánimo de hacer más rica en matices la presente reseña.

Por si alguno no lo sabe, Andy Kaufman murió de cáncer de pulmón. Un cáncer que se presentó incurable desde el primer momento. No obstante, Kaufman tiró de fe a la hora de combatirlo y recurrió a mil y un remedios ajenos a la medicina oficial. Uno de sus desesperados intentos fue acudir a una especie de chamán filipino cuya fama como sanador le precedía. Aquel curandero se vanagloriaba de introducir sus manos en la carne viva de sus pacientes y extirpar, sin anestesia ni cirugía aparente, el órgano enfermo. Un milagro que realizaba delante de miles de feligreses, desahuciados y sedientos de esperanza, que todos veían con sus propios ojos y sucumbían al asombro en el acto. Cuando le toca el turno a Andy Kaufman, gracias a un leve movimiento de cámara, conocemos el engaño más ruín y repugnante que uno pueda imaginar. Un sucio juego de manos hábilmente perpetrado por el falso profeta, un ardid de prestidigitador que se mofa de la muerte de sus pacientes, los cuales recorren kilómetros y gastan fortunas por tener una audiencia con el hombre que juega a ser Dios. Y en ese preciso momento que conocemos el vil truco, Kaufman rompe a llorar… pero de risa. Aquéllo le parece la broma de mal gusto más cojonuda que haya presenciado jamás. ¡El jodido filipino se está quedando con todo el mundo en sus putas narices!. Una obra de arte de humor negro. Así que si tenemos en cuenta que El demonio (1976) es la novela favorita de semejante personaje, sólo cabe interpretar dos cosas: o estamos ante la broma infinita o ante la obra genial de un demente.

Si nos decantáramos por la segunda de las interpretaciones, lo primero que tendríamos que destacar es el potreo al que somete Selby Jr. a su personaje protagonista. Ese Harry White, apodado «el amante», un triunfador nato, un JASP en el Nueva York de mediados de los 70. No sabemos si Harry es más ducho con las mujeres o en el trabajo aunque lo primero, en ocasiones, afecte a lo segundo. El éxito no se consigue sin dejarse algo por el camino y a Harry le van a pasar la factura por todas sus conquistas en horario de oficina. Pero vicisitudes amorosas y laborales al margen, Harry ha nacido para ganar y su jefe le dará las claves del éxito y Harry las cumplirá a rajatabla con tal de conseguir el ansiado reconocimiento empresarial.

Ni su jefe, ni sus amigos, ni sus conquistas de un día, ni sus padres, ni siquiera el propio Harry, son conscientes de que en lo más profundo de sus entrañas habita un ser innominado que se alimenta de la bilis de su porteador. Selby Jr. no se adentra en disquisiciones psicológicas para justificar la existencia de ese «oscuro pasajero» (como el que acompaña al Dexter Morgan de Jeff Lindsay), por lo que el personaje de Harry pasa por ser el preludio de Patrick Bateman en American Psycho (1991). El mal habita en Harry y no nos preocupa saber qué motivó su nacimiento. Harry disfruta pecando y a lo largo de esta novela lo vemos caer en una espiral de autodestrucción que lo llevará al límite.

A medida que Harry se mimetiza con sus demonios internos observamos cómo el éxito va llamando a sus puertas. Ascensos, reconocimientos internacionales, dinero, casas suntuosas, una familia adorable, un futuro prometedor y sin límites… así que sería fácil interpretar que Selby Jr. está haciendo un alegato contra el capitalismo y sus consecuencias. Pero juraría que hacer una lectura de la novela en esos términos resultaría maniquea y simplona. Considero que Selby Jr. está más interesado en describir los procesos mentales por los que un hombre aparentemente normal puede llegar a pasar, no por culpa de su ambición (de hecho la oficina se muestra como uno de los pocos oasis mentales de Harry), sino por el mero gusto de hacer sufrir a su personaje. Es por esto por lo que creo que Andy Kaufman disfrutó tanto con la lectura de El demonio, a la vista de los calvarios a los que somete el autor a su particular cobaya. Calvarios que se reducen a todo lo que supone vivir en sociedad: familia, compañeros de trabajo, esposa, hijos…

Es esta, quizás, la novela más «literaria» de Hubert Selby Jr. Nos fascina ese detallismo costumbrista con el que se va adornando el día a día de Harry. Esa dulzura impostada con la que Selby Jr. trata temas como el matrimonio, las reuniones familiares, el cuidado del jardín… todo narrado desde el interior de las cabezas de los personajes, como si fuese una vocecita que te susurra al oído lo fantástico y fenomenal que es todo. Y es tal la maldad que encubren dichas frases que uno va leyendo cada párrafo esperando a que Harry saque, de un momento a otro, un cuchillo y los aniquile a todos. Y leemos El demonio con esta especie de angustia reprimida porque sabemos cómo se las puede llegar a gastar Hubert Selby Jr. -lo hemos leído recientemente en La habitación (1971), un auténtico vendaval de aberraciones ‘contra natura’- y porque tanto buenrollismo nos irrita en sus palabras.

Pero el momento de implosión no parece llegar nunca y cuanto más caldeada está la situación, Selby Jr. nos refresca las ideas gracias a una reponedora ducha, elemento narrativo que hace las veces de válvula de escape de la novela, actuando como destensionador para su personaje, de ahí su acertada inclusión en la foto de portada de la edición aquí comentada. Gracias a ella, El demonio termina siendo un continuo sufrimiento de lectura, siempre a la espera del «rompimiento de gloria», siempre expectante a que aparezca el Hubert Selby Jr. de Última salida para Brooklyn (1964) o Réquiem por un sueño (1978).

Así que siempre cabe decantarse por la primera de las interpretaciones que nos sugería la elección de El demonio como la novela favorita de Andy Kaufman. Considerar que esta obra es una broma constante del autor a sus lectores, a los que martiriza casi tanto como al pobre Harry, al que condena, casi desde la primera página, a morir de éxito. ¿Es ésta una novela a destacar dentro de la obra de Selby Jr., un meritorio ejercicio de psicología psicótica o estamos ante una obra menor, un amago de recorrer nuevos caminos literarios, que no colma nuestras expectativas más cafres? Todo dependerá de lo en serio que te tomes el humor negro de Andy Kaufman…

admin

6 comentarios

  1. Buena crítica, aunque la importancia que le das a que sea el libro favorito del gran Andy Kaufman creo que es escesiva, teniendo en cuenta cómo se las gastaba… podía ser todo lo contrario…
    En cualquier caso, el pulso narrativo de Selby es único y en El demonio se ve en su esplendor. Esa congoja que recorre al lector durante toda la obra es precisamente su mayor acierto.
    Felicidades por tus críticas y por la elección de títulos.
    toni

  2. Gracias por las loas, Kepa y Toni.

    Precisamente utilizo el dato de que esta es la novela favorita de Andy Kaufman para desmitificar la importancia del mismo, hasta el punto de poner en tela de juicio si la elección de Kaufman era auténtica o era una coña más de las mucho que gastó en vida.

    Cualquier opinión que venga de ese genio de la no-comedia debe ponerse en entredicho, en cualquier caso… 😉

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