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El terror que viene del espacio

namelessJOSÉ MARTÍNEZ ROS | El escocés Grant Morrison (1960) es uno de los autores más peculiares del noveno arte. Miembro destacado de la llamada “invasión británica” que en los ochenta cambió la faz del cómic norteamericano gracias una importación masiva de cultos guionistas de las islas –que, por su parte, huían de la gris Inglaterra thatcherista– y que produjeron unas cuantas obras maestras del arte secuencial (nombremos, por ejemplo, a SandmanThe AuthorityWatchmenLos invisiblesHellblazer Predicador), ha adquirido una fama mundial como guionista de cómics de superhéroes, el que tal vez sea el subgénero más trillado y codificado del medio, como Arkham Asylum (que dio origen a la celebérrima saga de videojuegos) o All-Star Superman (que, según Mark Waid, es el mejor tebeo sobre el kriptoniano jamás publicado). Pero, al mismo tiempo, lo ha subvertido con obras de pura vanguardia como El ascoLos invisibles o su magnífica, y recientemente, reeditada, Doom Patrol.

Como rendido admirador de su obra, sentía un enorme interés por su primera incursión en el terror puro, Nameless, editada originalmente por Image en Estados Unidos, y que Norma Editorial nos ha traído a España. Y desde luego no nos ha decepcionado: contiene todos aquellos elementos que hacen que leer un cómic de Morrison sea una experiencia única, y hasta incluye otros nuevos. Es deliberadamente confusa y huye como alma que se lleva el diablo de cualquier forma narrativa convencional. Pero eso no es óbice para considerarla, con todo merecimiento, la última de sus grandes obras, y una joya tanto para los aficionados al terror como para los lectores de cómic.

Trataremos de explicar esquemáticamente la premisa, aunque el autor no lo pone nada fácil. La historia nos presenta a “Sin Nombre”, una versión morrisoniana de un personaje clásico del género fantástico: el detective de casos sobrenaturales, un poco como el Hellblazer inventado por Alan Moore. Gracias a su experiencia acerca de asuntos esotéricos, es invitado por una organización secreta liderada por un enigmático multimillonario para participar en una misión que debe –por supuesto– salvar la tierra. Hay un enorme asteroide en rumbo de colisión con el planeta, y ciertos indicios señalan que esta poseído por ciertas fuerzas oscuras. De mala gana, “Sin Nombre” se embute en un traje de astronauta y….

Pero esto es sólo el nivel más superficial de la narración. El lector se ve envuelto en un torbellino de secuencias plagadas de sexo y violencia, constantes referencias a la mitología maya, a la simbología del tarot o al hermetismo judío, visiones infernales que a veces evocan los fragmentos más aterradores de El Resplandor de Stephen King o su subestimada versión espacial, el Horizonte Final de Paul W. Anderson… y todo eso, sin contar el subtexto feminista o la muy aterradora manera en la que Morrison concibe a la divinidad judeocristiana. Todo relatado prescindiendo de cualquier tipo de orden cronológico, investido de una especie de lógica onírica que nos lleva constantemente hacia atrás y hacia delante en el tiempo, hasta un desenlace que, además de dejarnos boquiabiertos, nos invita a realizar nuestra propia interpretación.

El dibujo de Chris Burnham, veterano colaborador del escocés, es a la vez detallado y visceral, incluso en los momentos más grotescos y sangrientos imaginados por un Morrison de lo más desatado. Resulta, pues, muy complicado definir Nameless. Tal vez si mezclamos Lovecraft, Stephen KingAlicia en el País de las MaravillasAlesteir CrowleyHellblazer, la ya citada Horizonte Final y El Príncipe de las Tinieblas de John Carpenter, el resultado sería algo parecido a lo que nos trae Norma a nuestras librerías. Pero esa combinación solo ha sido posible gracias a la mente de Grant Morrison. No os lo perdáis.

Publicado en notodo.com

Nameless (Sin nombre) (Norma Editorial, 2017), de Grant Morrison y Chris Burnham | 192 páginas | 22 euros

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