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El trovador autodestructivo

9788416677405-1ANTONIO RIVERO TARAVILLO | La voz de Johnny Cash desembocaba, como la de todos, en los oídos, y se puede afirmar que fue, y es, muy del gusto del público, lo mismo en su país que fuera de él. Lo que no está tan claro es de qué fuentes venía, porque ese río caudaloso es difícil que ascendiera de los pulmones y más probable es que surgiera de algún órgano (y órgano es también nombre de instrumento) aún no identificado por la ciencia médica, alguna caverna oscura en cuyas reverberaciones se producía el milagro de que, oyéndolo, uno asistiera a una novela invertida de Julio Verne: viaje desde el centro de la Tierra.

Pero no se quedaba Cash en el alarde de su voz portentosa: también fue compositor de un elevado número de canciones y de poemas, que hablan de América pero con un eco –otra voz el sonido– de Judea y de la Biblia. Cash tuvo formación de pastor evangélico, especialista en el Libro de Job. Pastor descarriado que sucumbió a la adicción a las drogas, un sureño desnortado que recuerda, en su tortura autoinfligida, al protagonista de la novela Sangre sabia, de Flannery O’Connor. Son esas palabras las que recoge Eternas Palabras. Los poemas inéditos (Sexto Piso) en solvente traducción de Andrés Catalán, quien ya ha vertido a importantes poetas y pronto realizará la gesta de dar, íntegras, las producciones líricas de dos gigantes estadounidenses y tocayos: Robert Frost y Robert Lowell. Otro poeta residente en Nueva York, el norirlandés Paul Muldoon, es el encargado de introducir a Cash en Eternas palabras. Y ahí se pregunta algo que es pertinente cuando se trata de inéditos: “¿Es posible que el propio Cash eligiera no redondear, puesto que no pensaba grabarlos, algunos de estos textos? ¿Estamos haciéndole a él y a su memoria un flaco favor al bajarlos del desván para ofrecérselos al resto del mundo?”. La respuesta, más allá de lo que pueda decir Bob Dylan, sopla según el grado de veneración que cada cual sienta por Cash, pero es evidente que no son grandes poemas, aunque sí, emocionantes a menudo, importantes testimonios y letras que retornan a los orígenes de la poesía como algo vinculado al canto. Sobre este asunto, el propio Cash se manifestó en “Qué hará un soñador como yo”: “Dicen que las canciones son para cantarlas sólo / Lo dicen los que nunca escuchan: sordos / Mientras suena la música.”

Por su carácter documental, cabe destacar “No hagáis una película sobre mí”, ruego que, como se sabe, no fue atendido. Allí, un verso de este hombre obsesionado por la religión: “No hay pecado más limpio que el más sucio”. Muy poco antes de morir, Cash escribió “Para siempre”, un poema en el que acierta a medias y a medias se equivoca, porque lo cierto es que su nombre sigue suscitando reconocimiento y hasta entusiasmo. Como se aprecia, el traductor ha mantenido las rimas con objeto de preservar el sabor a canción: “Me dices que moriré / Como las flores que tanto amé / Nada de mi sombra quedará / Nada de mi fama se recordará / Pero los árboles que he plantado / Aún son jóvenes / Las canciones que canto / Aún seguirán cantándose.”

El volumen incorpora algunas fotografías, reproducciones facsimilares de manuscritos y, en apéndice, los textos originales de los poemas, datados a lo largo de nada menos que seis décadas.

Publicado originalmente en Fuego con Nieve.

Eternas palabras. Los poemas inéditos (Sexto Piso, 2017) de Johnny Cash | 150 páginas | 21,90 € | Traducción de Andrés Catalán

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