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Ensimismado & Ensimismado: una semana leyendo a cuentistas españoles

José Martínez Ros

Es difícil identificar el encanto exacto de un buen relato; mucho más difícil que el de una novela y tanto, al menos, como un poema, al que se parece en un detalle: mientras que existen novelas excelsas, y otras simplemente interesantes y otras mediocres, un relato funciona o no, lo mismo que un poema es bueno o no lo es, sin paliativos ni termino medio. Un relato que funciona es como una pequeña carga de profundidad en tu cerebro; hace que unas pocas páginas se amplifiquen en tu imaginación, que rellena los huecos de la historia o completa la melodía de las frases más allá de los límites del texto. O lo consigue o fracasa.

Y los malos relatos se distinguen, por el contrario, con facilidad: los que sacrifican cualquier grado de coherencia por un giro final sorprendente, sin dejar espacio para la emoción o los personajes; la versión degenerada del cuento realista-chejoviano que hace furor en los talleres literarios y se caracteriza -resumiendo- por estar escrito con el vocabulario de un graduado de primaria, con personajes que beben y fuman demasiado y están muy deprimidos…

No obstante, y para nuestra fortuna, algunos autores jóvenes se niegan a ser la caricatura de una escuela literaria y hay editoriales pequeñas, como Páginas de Espuma o Lengua de trapo que apuestan por ellos; y así se publican libros tan interesantes –y con puntos comunes que van más allá del título- como Los ensimismados de Paul Viejo y Ensimismada correspondencia de Pablo Gutiérrez.

Los ensimismados

Paul Viejo

Páginas de Espuma, 2011

ISBN: 978-84-8393-092-2

136 páginas

14 €

En Los ensimismados, Paul Viejo consigue algo casi imposible, que es renovar el recurso cada vez más gastado y cansino de la metaficción, desdoblando al narrador en crítico/comentarista de su propia narración, lo que da resultados memorables en el lírico y algo cortazariano «Sin salir de Marta» y en el cuento-homenaje a Scott Fitzgerald «Una mirada irlandesa». Además, en el libro de Viejo -que tiene entre sus virtudes una prosa clara y concisa- encontramos delicadas miniaturas en las que en unas escasas líneas, en la breve descripción de una epifanía personal, hallamos el eco de una historia más compleja, de unas vidas que no se pueden resumir en un cuento, pero sí resplandecer, explotar en él y que justifican el subtítulo: “Una autobiografía confusa”. De lo que serían, a su vez, muy buenos ejemplos, los relatos «Derrapar», «Divinos detalles» o «Todos han vuelto».

Por supuesto, y más tratándose de su primer libro de cuentos, no todos funcionan así, y en algunos casos la filigrana se agota en sí misma, en su propio artificio, en una excesiva herencia libresca o cinematográfica y genera, a veces, la sensación de que “esto ya lo he leído o visto en otra parte”. Sin duda, tras Los ensimismados, el reto de Paul Viejo es demostrar que, más allá de su notable habilidad técnica para los relatos breves o muy breves, es capaz de construir, interrelacionar y hacer crecer sus personajes en una narración más extensa. Pero que un libro de relatos contenga varios tan bellos y antologables como los citados lo justifica sobradamente como conjunto. Y por supuesto, los amantes de ese género a menudo injustificadamente anónimo y subterráneo no deberían perdérselo.

Ensimismada correspondencia

Pablo Gutiérrez

Lengua de trapo, 2011. Colección «Serie Business Class»

ISBN: 978-84-8381-115-3

156 páginas

18 €

Ensimismada correspondencia es mi primera aproximación a la obra de Pablo Gutiérrez, que, además, ha publicado dos novelas, Nada es crucial y Rosas, restos de alas con una notable recepción crítica. Gutiérrez nos presenta a una serie de personajes aislados, solitarios, inactivos que no encuentran o ni siquiera buscan un interlocutor, una vía de escape. Puede tratarse de un joven que va en coche a la playa y evoca unos versos de Gil de Biedma. O un oficinista que recuerda a su amante veinteañera. O un profesor de religión obsesionado por el porno. O una quinceañera hastiada que pasa la noche conectada a un chat erótico y charlando con sus tortugas. O, incluso, el propio Juan Ramón Jiménez recibiendo cartas melosas, apasionadas, falsas, de una supuesta admiradora, una dama criolla de Perú.

En estos relatos donde la acción es mínima, y que en gran parte se reducen a la descripción de un estado mental, de una emoción, el verdadero protagonista es la prosa de Pablo Gutiérrez que posee una fuerza rítmica y un lirismo verdaderamente desusados. Quizás puede recordar al primer y mejor Umbral de Las ninfas o, incluso, al Cela de novelas-poema como Miss Caldwell habla con su hijo o Mazurca para dos muertos, aunque en su temática no tenga nada que ver con ninguno de los dos. Sólo por paladearla merece la pena la lectura.

Esa potencia expresiva, no obstante, no oculta que se trata de un libro irregular en el que dos de los relatos, el pictórico «Ultramort» -que es uno de los mejores cuentos que he leído en muchísimo tiempo- y «Georgina Hübner, en el cielo de Lima», tienen mucho más calado que los demás. En el resto, Gutiérrez parece realizar una serie de variaciones sobre una misma situación básica, el personaje aislado, estático, y un único escenario; y en ocasiones funciona mejor -«Búsqueda.doc», «Virgen de las aguas»- y otras bastante peor, como en su «Conferencia», supuestamente dirigida a un público adolescente y que se diría, en realidad, la proyección de una mentalidad adolescente. Por encima de esas debilidades, Ensimismada correspondencia ha sido, en resumen, el descubrimiento de un auténtico escritor. Y os aseguro que sus libros anteriores no tardarán mucho en caer en mis manos.


La familia del aire

VV.AA. Edición y prólogo de Miguel Ángel Muñoz

Páginas de espuma, 2011

ISBN: 978-84-8393-051-9

480 páginas

29 €

CODA: Para el comentario del último libro, prefiero tomar unas pocas citas de sus protagonistas:

Hoy en día, cuando estoy escribiendo y me hallo en algún punto álgido o epifánico de mi texto, me viene a la cabeza un lector enemigo, uno de esos odiadores que dicen que hago metaliteratura y no sé qué otras clasificaciones más, todas tan estereotipadas. Y me digo: ¡Cómo le va a cabrear esto! La simple idea de que al odiador le voy a sacar de quicio me estimula de forma grandiosa, me ayuda a seguir adelante, a seguir creando.Enrique Vila-Matas.

(¿Soy el único al que le divierten enormemente las puyas y pequeñas maldades que suele deslizar Vila-Matas en sus entrevistas?)

La identidad, o eso que antes llamaban alma, no es en realidad otra cosa que la memoria. Y si cerramos los ojos somos solo recuerdos y nada más. Cada cosa nueva que nos ocurre cae rápidamente en ese pozo de memoria donde va a mezclarse con todo lo demás, a veces hay reacciones químicas explosivas, otras el alma cambia misteriosamente de color.” Carlos Castán.

Escribí el libro, así suene a tópico, que a mí me hubiese gustado encontrar entonces en las mesas de novedades, un libro de cuentos escrito con algún desparpajo, con alguna valentía torera, que se jugase la vida en cada párrafo, literariamente incorrecto, irreverente con tanta norma establecida, un libro que supiera contarme bien un chaparrón de mentiras, para instalarme fuera del todo de la realidad. Es ahora cuando me lo pregunto: ¿cuántos lectores habrá por ahí afuera que busquen un libro así? No serán muchos, me temo.Hipólito G. Navarro.

“A lo mejor suena muy exagerado, pero es que yo me veo los próximos treinta o cuarenta años de mi vida escribiendo (¡en serio!), así que, pensándolo de este modo, ¿cómo voy a preocuparme porque no se hable de mi primer libro?” Sara Mesa.

(Si un escritor primerizo no es capaz de suscribir esta frase, debería cambiar de oficio. Inmediamente.)

La familia del aire. Entrevistas con cuentistas españoles, editado por Miguel Ángel Muñoz -conocido tanto por sus propios libros de relatos como por la impagable labor de difusión del género que realiza desde su blog El síndrome Chéjov– puede utilizarse como manual de autoayuda para jóvenes aspirantes a literatos, como mapa de un género que vive un (secreto) auge y, sobre todo, como panorama de las filias, fobias, lecturas, recuerdos y muchas cosas más de algunos de los mejores escritores de nuestro país, desde consagrados como Cristina Fernández Cubas o Enrique Vila-Matas a jóvenes valores en ascenso como Iban Zaldua o Mercedes Cebrián. No están todos los que son -y tal vez sea imposible que así sea-, pero, desde luego, vale la pena. No duden en recetárselo.

Nota: esta reseña se publicó parcialmente en notodo.com

admin

5 comentarios

  1. Jose, no diría yo que Iban Zaldúa (que es, creo, Zaldua) sea un «joven valor». Por supuesto no es tan conocido como los dos que mencionas justo antes. Pero tiene un recorrido brutal. Guardo muy buen recuerdo de un libro que se llamaba Porvenir, una de las mejores colecciones de relatos que he leído en una década.

  2. Carolink, a medida que uno se hace mayor va viendo la juventud con un criterio más amplio… 😉

  3. El libro Nada es crucial, de Pablo Gutiérrez en mi opinión es patético, superfial y vanal, escrito en una prosa anodina y repetitiva. No deja de sorprenderme cómo se extienden los juicios de valor sobre un escritor de moda como éste, repetidos sin cuestionarse por una crítica que en muchas ocasiones no critica, sino que se hace eco de lo que han dicho otros, o corta y pega sin más fragmentos del libro. Así no se hace una reseña.

  4. Sr anónimo, empiezo mi reseña de Pablo Gutiérrez diciendo que Ensimismada compañía es lo primero que me leo suyo… Juzgo lo que he leído y nada más

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