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Es la vida

9788494411946LUIS MANUEL RUIZ | Autor de dos libros de cuentos previos (Mucha suerte y Griego para perros), así como de una novela (La memoria del gintónic), el malagueño Antonio Báez intenta ahora, con la mestiza La magia de los días, algo similar a una declaración de intenciones. La palabra mestizaje es justa: el volumen fluctúa sin comprometerse entre los géneros del epistolario, la confesión autobiográfica, el recuerdo a vuelapluma y la anécdota pura y simple, a la vez que mezcla en la batidora un batiburrillo de registros que recuerda desde Cortázar al egregio Muñoz Molina, por no hablar de los estilistas más rabiosos de última generación tan amantes de la amputación y el punto y aparte. La naturaleza fronteriza de la literatura de Báez se revela también en la propia arquitectura del libro, que no es propiamente una antología de relatos, ni una novela con prólogos: a medio camino entre una cosa y otra, propone una serie de ‘sketches’, o escenas iniciales, esbozos en algunos casos, que quedarán completados y sublimados en una larga historia final con función de síntesis. En cualquier caso, el autor ha buscado deliberadamente la sensación de provisionalidad, de atisbo, de situación contemplada momentáneamente a través de la ventanilla del autobús o rememorada a partir de una instantánea de Polaroid: flashes ocasionales, fugaces, borrosos, que la vida deja en nuestra retina conforme es arrastrada por la marea irresistible del devenir.

Pues de eso se trata, de la vida: la vida en todas sus formas, grandes pero sobre todo pequeñas, a voz en cuello y en sordina, en la salita y el dormitorio, la escuela y el hospital. El título, La magia de los días, confiesa a las claras qué es lo que esconden las guardas del libro (y en este sentido he podido decir más arriba que constituye toda una declaración de intenciones): días, una colección de jornadas, un rápido vuelo sobre las cifras del calendario donde saltan las chispas de los hechizos cotidianos. Convertido en hábil, nostálgico o sarcástico reportero de la existencia propia y de las ajenas, Báez se detiene con rigor de entomólogo en los rincones menos aireados de la biografía de sus criaturas y retrata sin complacencias manías, miedos, esperanzas, logros y muchas, muchas derrotas. Si bien el estilo es ecléctico, existe quizá una unanimidad en su cuidada elección de los tonos, emocionante sin caer en la sentimentalidad e incisivo sin incurrir en lo chocarrero. Muchas veces, de hecho, la consistencia del texto proviene más de la fuerza de sus frases que de la propia historia que se narra, difícil de cohesionar más allá de la ilación de recuerdos, entrevisiones o ansias.

En propiedad, La magia de los días consiste en una primera mitad de breves fragmentos, que no me atrevo a llamar relatos ni microrrelatos por no capturar en un molde artificial su fluidez casi acuosa, como el río de Heráclito, siempre en primera persona, donde un narrador tal vez idéntico y cercano al autor repasa diversas etapas del pasado en su formación como individuo. En estos retazos de ‘bildungsroman’, asistimos a celebraciones de niñez en un patio de vecinos (“El magnetofón”), viajes al extranjero en compañía de novias ausentes (“Insomnio”), prójimos que desaparecieron y hoy son, literalmente, ceniza (“Hospital”), la madurez, el avance y la amenaza de la madurez (“Cumpleaños”), la juventud, la alegría y el estupor de la juventud (“Ven, Capitán Trueno”). El volumen se completa con una novela corta o cuento largo (‘nouvelle’, es el término pedante), donde la primera persona cede paso a la tercera y el tono confesional delega en otro presuntamente más objetivo y lejano. Señalo lo de presuntamente porque ese distanciamiento es sólo aparente: la peripecia vital de Adán, protagonista de esta segunda sección que da título al libro en su conjunto, prolonga y matiza los episodios reflejados en la primera parte, y su vida de lumpen sin refugio, saltando de sitio en sitio y de puesto en puesto en busca de una definición que no existe (“especie de Ulises sin Penélope”, aclara el autor), es también la lucha continua por perfilarse que libra la vida de cada cual según la hemos presenciado en las páginas anteriores. En suma, lo dicho: un álbum de estampas existenciales, íntimo, ridículo, delicioso y patético, servido en una prosa atenta al detalle, y que nos hace desear conocer mejor al autor que se esconde tras sus renglones.

La magia de los días (Talentura, 2016) de Antonio Báez | 180 páginas | 14,50 €

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