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Escribir, disparar

descarga (2)Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992)

Charles Bukowski

Anagrama, 2012. Colección “Contraseñas”

ISBN: 978-84-339-2399-8

336 páginas

17,90 €

Traducción de Eduardo Iriarte

 

 

Daniel Ruiz García

Recuerdo que, en tiempos de la Facultad, varios compañeros a los que nos unía la devoción por Charles Bukowski decidimos organizar una especie de jornada-homenaje a la figura del escritor, a la que denominamos “Encuentro con Charles Bukowski”. La jornada incluía varias ponencias, y también la proyección de Barfly, de Schroeder, hasta Factotum la película más digna que se había hecho sobre la vida y obra del viejo indecente, con cameo incluido del propio escritor. A los postres de las jornadas, cuando ya andábamos de cerveza, aparecieron por el bar de la Facultad tres chavales, todavía más jóvenes que nosotros, que atraídos por el reclamo del confuso título de las jornadas habían creído que aquello era un verdadero encuentro con Bukowski, en formato alcohólico, cuando lo cierto es que el escritor llevaba ya más de cinco años entregado a la crianza de las larvas. Lo que querían era, simplemente, verlo en acción trasegando vidrios y ofreciendo una especie de interpretación de su personaje Chinaski.

Buk1La anécdota ilustra bien a mi juicio la proyección distorsionada que la figura de Bukowski ha alcanzado entre sus lectores, de manera más intensa a raíz de su muerte. La confusión entre vida y obra condujo a que finalmente la primera le ganara la partida a la segunda, debido al malentendido, mantenido hasta hace muy poco, de que su obra era literalmente testimonial. Cuando se trata de una verdad a medias: si bien la mayor parte del ‘corpus’ bukowskiano está compuesto en primera persona, se deja de lado, primero, la prodigiosa capacidad de Bukowski para la hipérbole y la deformación, que acabó convirtiendo al escritor en una caricatura premeditada, a la manera de Harvey Pekar en American Splendor (no es casual, de hecho, que Pekar comparta con Bukowski su amistad con Robert Crumb, quien precisamente ilustró varias obras del alemán, entre ellas su obra póstuma El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco); y segundo, la circunstancia a tener muy en cuenta de que la mayoría de los relatos que retrataban a Bukowski como un salvaje e incansable follador estaban dictados por el interés crematístico, ya que eran relatos dirigidos a revistas pornográficas o eróticas gracias a cuyos emolumentos lograba sobrevivir. A ello hay que unir, es cierto, la propia actitud exhibicionista de Bukowski, con momentos decisivos para la proyección de su leyenda como la aparición en el programa cultural francés Apostrophes completamente beodo. Pero el ruido por su actitud pendenciera y bravucona, que en cierta medida heredó de su maestro Hemingway llevándola al extremo, ha ejercido como una losa para su propia obra y su valor literario. Es cierto: es un autor que ha hecho mucho daño a la joven literatura por su capacidad de contagio (ahora no tanto, pero hace una década había imitadores del estilo de Bukowski hasta debajo de las piedras), pero me atrevería a decir que hay muchos aspectos o dimensiones de su obra que no son del todo conocidas. La potencia de su influjo es posiblemente la causa de que buena parte de la crítica haya acabado denostando su aportación, recurriendo al argumento obvio de que es un autor desmañado, evidente y en ocasiones infantil. Como un dulce que empacha, como un licor que embriaga, lo cierto es que percibo en los últimos años una devaluación de Bukowski, como si fuera un terreno literario ya superado, como la típica lectura juvenil que revisada con los años provoca abucharamiento. No es algo que esté pasando sólo con Bukowski. Hace no mucho, la estadista Sara Mesa señalaba algo parecido en relación con Raymond Carver, de quien se ha llegado a decir que la aportación de su minimalismo estilístico era más bien atribuible a sus editores. En estos tiempos tan dados a la canonización y las hogueras, la valoración de los autores fluctúa un poco a capricho, de manera que no nos extrañe que en unos años San Bolaño vuelva a las catacumbas y, qué se yo, a alguien se le ocurra sacar del patíbulo a Mario Benedetti.

Buk2 (1)Desde la muerte de Bukowski en 1994, Anagrama ha venido editando toda la obra en prosa no publicada por el escritor o publicada de forma disgregada en las numerosas publicaciones underground en las que colaboraba. Si toda la obra publicada hasta su muerte representa el cuerpo central de su obra, todo lo aparecido a raíz de su muerte constituye un valiosísimo material para comprender el alcance de su contribución a la literatura norteamericana y me atrevería a decir universal. Una contribución que va ganando con los años y que, analizada al detalle, está muy lejos de la imagen de literatura de grano gordo que lo ha convertido en un best seller internacional imperecedero.

Ausencia del héroe es, como su predecesor Fragmentos de un cuaderno manchado de vino un volumen indispensable para este acercamiento a la poética de Bukowski y al armazón teórico de su literatura. Un armazón, en todo caso, que no es excesivamente intelectual, ya que Bukowski se consideraba ante todo un hombre de acción y un escritor de oficio. Esta vindicación de la escritura como oficio y de la poesía como expresión elemental e instintiva constituye de hecho uno de los pilares de su posicionamiento creativo. Bukowski abomina de la literatura de salón, y de los poetas que hacen poesía desde los despachos de la Universidad. Para él, la poesía, como la prosa, como en general toda su obra, es y debe ser callejera, guiada por el instinto de contar, como un testimonio de supervivencia. En este sentido, su posicionamiento es fuertemente romántico.

El acto de escribir la Palabra –explica en el texto que cierra el volumen que nos ocupa- es el acto del milagro, la salvación, la suerte, la música, el seguir adelante. Despeja el espacio, define la bazofia, te salva el cuello y de paso le salva el cuello a algún otro. Si de alguna manera se deriva de  todo ello la fama, no hay que hacerle ningún caso, hay que seguir escribiendo como si el siguiente verso fuese el primero”.

La fama le llegó tardíamente a Bukowski, y después de una vida de estrecheces y miserias Bukowski se entregó con todos los sentidos a ella, pero al evocar su imagen, y especialmente después de leer libros como el que nos ocupa, uno siempre vuelve a la misma postal: la de un infeliz tecleando una vieja máquina de escribir en una habitación de mala muerte, rodeado de botellas vacías y basura, como si cada tecla fuera un disparo, como si persiguiera el suicidio y a la vez la redención con cada frase.

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(Para completar la lectura de Fragmentos de un cuaderno manchado de vino y Ausencia del héroe, os recomiendo ver el reportaje «Born into this», que podréis encontrar íntegro en Youtube. Por aquí el link.)

admin

3 comentarios

  1. A mí también me gusta mucho Bukowski, tanto el narrador como el poeta, y tanto más cuanto más visceral. Muy justa tu crítica, y muy bien sacada esa reveladora cita, con la que intuyo que te identificas bastante. El reportaje no lo conocía, así que mil gracias. Saludines.

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