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Esperando el próximo libro


Las almas nómadas

Miguel Salas Díaz

Hiperión, 2011

ISBN: 978-84-7517-986-5

60 páginas

9 €

XXVI Premio de Poesía Hiperión

Juan Carlos Sierra

Con Las almas nómadas, su segundo poemario, ha conseguido el madrileño Miguel Salas Díaz el XXVI Premio Hiperión de poesía. El poeta une así su nombre a una nómina de autores que han labrado con el tiempo una obra sólida –Carlos Pardo, Benjamín Prado, Álvaro García, Luis Muñoz, Luisa Castro,…-, pero también a otros muchos de los que se esperan noticias tras su paso por el podio de la editorial homónima. El tiempo dirá cuál va a ser el lugar que ocupe Miguel Salas Díaz, pero a la vista de su obra premiada algo han de cambiar las cosas para poder encontrarlo en el primer grupo.

No quiero decir con esto que se trate de una obra fallida o de un fallo –el del jurado- discutible. Se puede afirmar que estamos ante un poemario correcto, bien escrito, bien trazado, pero al que se le echa en falta algo de riesgo y, sobre todo, un tanto de personalidad –la mayoría de los poemas suenan a música repetida en otros libros más o menos contemporáneos-.

Al conjunto de poemas de Las almas nómadas le sucede lo que a algunos CDs de grupos noveles o no tanto: atraen la primera vez que los escuchas, pero tras unas cuantas audiciones más atentas, se salvan dos o tres cortes que ofrecen una idea ajustada de lo que podría haber sido un buen LP que se ha quedado en un disco simplemente digno. Además son estos precisamente los temas y las maneras que esperas que se conviertan en el futuro sello del grupo, en el camino que lo va a diferenciar de la masa amorfa de bandas que suenan más o menos igual.

De entre los poemas que pertenecen a la primera parte del libro, titulada ‘El corazón en sombras’, destaca «Noctámbulo», texto que, a pesar de encontrarse en la línea del resto que compone esta sección –poesía urbana, amor de circunstancias, contemplación celebrativa de la belleza cotidiana, tono conversacional,…-, introduce de forma muy pertinente para el conjunto del poema la variante corrosiva del paso del tiempo y un moderno y sugerente ‘carpe diem’: “…no dejéis de saltar cuando los días/ empiecen a posar, acompasados,/ en el dulce diván de vuestro pecho/ la sombra soberana de la muerte”.

En la segunda parte del libro, ‘Misa diaria’, a pesar de la aparente heterogeneidad del conjunto, se pueden rastrear algunas constantes: la infancia y su interpretación de la vida, la relevancia de la literatura en la búsqueda de un discurso para esa vida,… o la introspección en el mundo de la infancia y en el presente del personaje poético a través de la literatura. Quizá el poema más sobresalientes de esta ‘Misa diaria’ sea «Lector III (Las personas del verbo)», cuyos ecos a Gil de Biedma solo quedan claros en el título y en la mención explícita al poeta catalán en el cuarto verso, pero cuya auténtica relevancia está resumida en el último verso (“Lo libro del furor de la conciencia”) a propósito de una anécdota sin aparente importancia con un “mosquito atigrado tropical”.

Finalmente, ‘La semilla caliente’ –tercera y última sección de Las almas nómadas– contiene una serie de poemas dedicados a la certeza de la muerte desde perspectivas y enfoques muy diversos. De ella destacan «Treintañero asustado», que en cierto sentido entronca con el poema «Noctámbulo» de la primera parte, y «Muerte del poeta (Epílogo)» donde Miguel Salas Díaz se muestra más poeta que en el resto de su libro reflexionando sobre el sentido existencial de la literatura, de la palabra que nombra y, de alguna manera, falsea el mundo frente a la vida sin intermediarios de la infancia, cuando no era necesario “…poner mis pequeñas palabras en las cosas”.

La conclusión a la que parece llegar el poeta en este último poema de Las almas nómadas es la renuncia, el silencio. Sin embargo, creo que es precisamente a partir de esta conclusión desde donde la poesía de Miguel Salas Díaz puede crecer y convertirse en algo más que en una poesía correcta y él en un poeta de verdad, en la antítesis de la legión de poetas que saben el oficio, pero que no alcanzan a decirle nada realmente interesante e intenso al lector.

admin

15 comentarios

  1. Estimado Juan Carlos, de tu crítica sólo me sorprende la cuarta línea. Luis Muñoz y Carlos Pardo han escrito cosas muy estimables, pero no diría Prado o Luisa Castro tienen «obra sólida», más aún, dudo que lo que he leído hasta la fecha de ellos se pueda calificar ni siquiera de poesía. Un abrazo

  2. Opino lo mismo que el sr. Martínez Ros. Imposible calificar así la obra de estos supuestos poetas, de verdad. No llegan a la más mínima calidad. Sí, de acuerdo, es una opinión, pero se puede sustentar en razones críticas que se apartan del gusto. O poniendo contraejemplos de autores sin fama mucho mejores. No quiero poner nombres. De este autor no he leído nada, así que espero a poder leerlo para tener una opinión.

    Saludos.

  3. ¿No sería mejor recomendar los libros buenos? Un libro malo no merece sacrificio alguno, ni del lector, ni del reseñista. Yo no perdería el tiempo leyendo libros malos, pero tampoco escribiendo sobre ellos.

  4. Creo, por la crítica, que Juan Carlos no considera el libro malo, sino un libro de aprendizaje, de un autor en el curso de formarse. Y en ese caso una crítica sincera y honrada ayuda tanto al posible lector, que sabe con qué se va a encontrar, como al propio autor. Un cordial saludo.

  5. La manía es al revés, señor F.G.Matute: uno quisiera entrar aquí y llevarse una buena recomendación al día entre tanto papel mojado, ¿no cree? Cuando no es así, yo me llevo una pequeña decepción y pienso «hoy no me han rescatado nada bueno». La hojarasca no merece darle más vueltas.

  6. A lo mejor la conclusión debería ser que no hay tantos libros que merezcan la pena como creemos… 😉

    De todas formas ¿de verdad tenéis la sensación de que aquí se reseñan más libros malos que buenos? Yo juraría que somos bastante magnánimos con las reseñas…

  7. En poesía los libros escogidos para reseñar son bastante malos en general. Al ver la lista de poetas que hay a la derecha de la página, da un poco de grima ciertamente. Ningún riesgo, ningún poeta interesante y alabanzas a unos poemarios que se caen de las manos a poco que hayas leído poesía. Lo de LGM clama al cielo, como lo de esa joven famosa por todo menos por su calidad en prosa y verso (?). Un poquito de exigencia iría bien.

    En novela y ensayo la elección me parece más ajustada o más equilibrada.

    Magnánimo se puede y debe ser, creo, con la gente que comienza y que no se presta a influencias y juegos extraños, nobles a la manera clásica. No creo que me entiendan, lo dejo aquí.

    Gracias y saludos.

  8. Quisiera aportar dos puntualizaciones:

    1) No conozco a ningún crítico de este blog que disfrute reseñando libros malos. Pero este no es un espacio para compartir lecturas que nos hayan gustado (hay otros blogs amigos, y muy buenos, que sólo admiten reseñas positivas), sino para compartir criterios. A veces coincideremos con ellos, otras nos sentiremos en las antípodas, pero confiamos en que de esa confrontación de puntos de vista salgamos todos enriquecidos. Dar la impresión de que todo lo que se publica es bueno, y bueno desde la primera a la última página, es sencillamente un fraude.

    2) Aunque confieso que me encanta el perfil de lector exigente que muestra nuestra asidua visitante Sue, creo que en su último comentario es demasiada estricta. «Ningún riesgo, ningún poeta interesante…» Yo creo que Juan Manuel Roca, Francisca Aguirre, José Pérez Olivares, José Emilio Pacheco o Juan Carlos Mestre son de lo mejorcito que hay hoy en nuestro idioma, y que los libros reseñados de gente más cercana como Pedro Sevilla, J. J. Téllez o Braulio Ortiz Poole, merecen, como mínimo, una lectura reposada.

    Dicho lo cual, mil gracias por estar ahí, y por ser vehementes, civilizados y apasionados.

  9. Sr Luque: con Pacheco y Mestre me ha pillado en falta, ahí he metido la pata hasta el fondo, lo reconozco.

    De lo que me quejo, con permiso, es que haya prioridad para escritores (?) de moda con varias entradas y que F. Aramburu, Chantal Maillard, Yaiza Martínez (posiblemente con el mejor libro de poesía de 2010), o el mejor pensador-filósofo de por aquí, J. L. Pardo Torío estén huérfanos de reseñas (les recomiendo casi todo de él, y lo último, ‘Estética de lo peor’).

    Las ‘proximidades’ que se anuncian tienen muy buena pinta, no obstante.

    Que a Murakami se le considere un buen autor clama al cielo, con las mismas entradas que McEwan; me da rabia que Casavella y F. Vallejo tengan solo una y así ‘ad infinitum’. Pero entiendo que me meto en donde no me llaman, así que gracias por soportar las tonterías de esta lectora aficionada, de verdad.

    Saludos.

  10. Sr. Luque, pareciera que algo le empuja a hablar de cada libro que lee, bueno o malo. La pregunta es ¿qué necesidad hay de escribir sobre los libros que no lo merecen? ¿Siente alguna obligación cercana a la responsabilidad porque la editorial le ha regalado el libro a cambio de una crítica -buena o mala, ya se sabe que la publicidad es lo que importa-? ¿Por qué no esperar a que caiga en nuestras manos un libro mejor? Yo sí creo que hay libros mejores para reseñar casi cada día, creo en las editoriales pequeñas, en los escritores que no salen en Página 2, y creo en Sue, la mejor comentarista de por aquí.
    Saludos.

  11. Amiga Sue, no podemos (ni debemos) reseñar a la carta, a gusto del público, pero sí nos gusta recibir todas las sugerencias que los lectores tengan a bien hacernos. Sí quiero dejar claro que EC no se rige por un programa concreto de lecturas más o menos representativas (sistema que suelen tener los suplementos culturales y algunas webs), sino por el puro capricho de los estadistas. Eso nos expone a los desequilibrios a los que te refieres (yo no me perdono que en dos años no hayamos reseñado aún a Carlos Edmundo de Ory, por ejemplo) pero a veces dibuja también una panorámica diferente de lo que se publica en la actualidad. Si algo de lo que hagamos merece vuestra atención o vuestra curiosidad, el esfuerzo está de sobra recompensado. Y por cierto, me alegra que menciones el libro de Pardo Torío, que reseñará Manolo Haro en cuanto tenga un ratito. Gracias y abrazos.

  12. Amigo Anónimo, debo contradecirle en algunas de sus opiniones. No sólo no siento ninguna obligación de reseñar todo lo que leo, porque entre mis ocupaciones y mis pasiones suelen ser más de 200 títulos al año, y como ud. comprenderá, no haría otra cosa en esta vida.
    Obligaciones con las editoriales, puede estar seguro de que no tenemos ninguna. Recibo varias cajas de libros cada semana, y a la hora de cribarlas sólo me guían mi curiosidad y mi apetito. No sé si la publicidad es importante, pero para nosotros desde luego no: ni vivimos de ella, ni somos tan poderosos como para que nadie quiera comprarnos, al menos de momento.
    Pero déjeme intentar convencerle del asunto central: piense por un momento en que no hay libros absolutamente buenos ni absolutamente, sino libros que tienen cosas buenas y cosas malas, y ahí es donde intentamos poner el foco. Tal vez entre todos aprendamos al final a ser de verdad buenos lectores, sabiendo reconocer lo que vale la pena y detectando los fallos que los escritores, como seres humanos que son, cometen. Hay una distancia entre el aplauso y la adulación, y entre la crítica constructiva y Creo, para terminar, que nunca una crítica negativa ha impedido que se venda un libro, y sin embargo sí ha permitido, cuando no es humillante, que algunos autores crezcan.
    Reitero en todo caso nuestra gratitud por sus aportaciones.

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