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Esto ya ha pasado



Ultraviolencia

Miguel Noguera

Blackie Books, 2011

ISBN: 978-84-938272-5-0

312 páginas

20 €

Carolina León

¿Se puede ser combativo y estúpido al mismo tiempo? La tradición es larga, podría partir de Buster Keaton, pasar por el Profesor chiflado, continuar hacia Chiquito de la Calzada«¿Combativo, dice usted?» El humor como arma de subversión (de lo cotidiano, lo establecido o lo políticamente correcto) es, probablemente, algo tan poco reconocido como auténtico. El payaso, en mayor o menor medida, descoloca los moldes, desencaja las miradas y es, en ese sentido, revolucionario.

Me contaban que a los ‘shows’ de Miguel Noguera se iba a amarlo o a odiarlo. Me contaban que era el no-va-más en humor surreal. Que su libro Hervir un oso, hecho a medias con Jonathan Millán, era el álbum ilustrado cómico-absurdo que había que tener. Después de tanto zumbido, una no tiene más remedio que ponerse a la defensiva.

Sobre el libro del que vamos a hablar, me he estado debatiendo entre dos extremos. Uno me dice: “Este libro no es de este mundo”. El otro entona: “Esto ya ha pasado”. Son las dos tensiones que contiene Ultraviolencia, hecho de ‘sketches’, viñetas, cuentos, descripciones más o menos entre lo onírico (o absurdo) y lo realista. Eso que el autor llama “ideas”, compuestas de dibujos toscos y textos que los matizan o crean su lectura. No es cómic ni relato con ilustración. En la confluencia de los dos lenguajes están sus ideas que combinan basura y existencia.

Aunque, ¡un momento! ¿No son la misma cosa?

Mensaje distribuido en Twitter el 28/07/2011, pocos días después de los atentados de Oslo.



Es un chiste con un montón de mala «idea». Lo dejaba un contacto al que leo, quien después me escribió: “Mi humor no llega al nivel de mala leche que se gastan algunos periodistuchos”. Este breve intercambio me trajo alguna luz sobre el asunto del que venía a escribir aquí.

En el terreno del humor, cíclicamente, aparece esa discusión sobre sus límites. De qué sí y de qué no nos podemos reír. Cuando uno se cepilla en un fin de semana las 300 ideas de este libro (o las aborreces a la 4ª o te haces adicto), la mirada sobre lo real, lo que quiera que sea eso, se nos distorsiona… O, quizá, se afina. Si le das duro, puede que sientas que tu percepción se expande, hasta el punto de que el próximo café que te sirva tu camarero habitual te parezca una droga alucinógena con la que no podrás pasar por alto las 8 o 10 horas que echas en la oficina (si es que tienes una a la que acudir). El nivel de alienación al que nos sometemos a diario (léase percepciones, pensamientos, escala de valores…) es tan inmenso que un topo como Noguera los hace tambalearse con unos cuantos bocados en la superficie. Al azar, tres títulos: “Escena primaria”, “Pedir que te dejen terminar la putada”, “Isla Comunicadores”… Las cosas no salen como es de esperar, el (retro)progreso se afianza, la vida está llena de trampas… Las lecturas pueden ser diversas, pero queda (siempre) el humor. Uno que hace reir muy bajito, tapándose la boca con la mano, casi con vergüenza.

La subversión es de las pocas armas que nos quedan para no ahogarnos en la mierda real. Miguel Noguera puede que ni siquiera se lo plantee: inventa. Al inventar, expande nuestra propia capacidad de aceptación. En otros discursos contemporáneos, podemos ver subversión similar, véase Miguel Brieva (no hay que perderse su Dinero, recopilado en Mondadori) o las canciones de Fiera, cuando cantan “Y a veces / me viene la imagen / de mi jefe en albornoz, / depilándose”.

Son discursos minoritarios, ‘underground’; no quita que los aplaudamos por ayudarnos a desarrollar un modo de ver. Si, recordando de lejos a Wittgenstein, el lenguaje hace la realidad, las narrativas de la subversión están casi por completo ausentes del ‘establishment’, incluso del cultural, que tan poco representa. Con este tipo de productos sólo nos queda adoptar uno de los dos bandos: ponernos del lado de “es refrescante” o del “es indignante”. Cada cual elige cuánto permite que le modifiquen la mirada.

Después de repasar por activa y por pasiva sus ideas, he de admitir que hay poca fantasía en ellas y sí mucha lectura del presente vaciada de poder, de estructuras jerárquicas, de imposiciones simbólicas y semánticas: en su universo, a Cristo se le puede clavar con la cruz en el sentido contrario; el marido solicita permiso a su suegro para acudir a una fiesta de seroconversión; existen habitaciones que tienen una moqueta muy tensa en lugar de suelo… Por eso, entre las dos lecturas apuntadas, me quedo con “esto ya ha pasado”. Pese a su extravagancia, estas ideas están a la orden del día. Es «hiperrealismo».

admin

4 comentarios

  1. Uuuuuuufff! Carolina…. lo que has contado sobre este libro me ha dado más pereza que levantarme de la cama hoy, mi primer día de trabajo.

    Estoy de acuerdo al 100% sobre la capacidad subversiva del humor, de que nos podemos reír de todo (debemos) y te diría más, el humor como mecanismo para soportar el horror.

    Ahora bien, no estoy seguro de si este libro es bueno o no, tras leer tu reseña. A mí me ha sonado todo a déjà vu, como dices a Miguel Brieva. Mi pregunta es, ¿aporta algo nuevo? Por cierto, Jesucristo crucificado boca abajo ya existía: era San Pedro.

  2. La verdad es que sí. Que este libro da pereza leerlo, por mucha segunda edición que lleve ya…

    Pero la realidad manda y Miguel Noguera se está convirtiendo en una de las sensaciones literarias del año. La polémica bufón-visionario del humor siempre lo acompañará y dependerá, en mi opinión, de si sus ocurrencias te hacen reír o no. Simplemente. Más allá de que lo que diga o sobre lo que se ría tenga vigencia de actualidad.

  3. Sinceramente, Jose, creo que sí, aunque entrar en sintonía con su humor no es fácil y he visto a muchxs quedar con cara de «qué clase de broma es ésta». En todo caso, acércate a un Ultrashow, molan 🙂

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