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Fragmentación y discontinuidad en la era de la nueva subjetividad

ALFONSO GARCÍA-VILLALBA | Empleemos la metáfora del caleidoscopio para hablar de Cyborgs, zombis y quimeras. La cibercultura y las cibervanguardias (Holobionte Ediciones, 2020). Empleemos la metáfora del caleidoscopio como figura retórica que nos ayude a comprender una realidad (la nuestra) que se articula desde la fragmentación y la discontinuidad y que, queramos o no, se hace eco de “un nuevo tipo de subjetividad”, tal y como argumenta N. Katherine Hayles en uno de los ensayos que componen este libro: “Conectividades parpadeantes en Patchwork Girl de Shelly Jackson”. Si acaso (si quieres)  también puedes darte cuenta de que el parpadeo supone una fractura en la unidad de la imagen, del relato: en todo momento parpadeamos y cualquier itinerario se disuelve en una línea discontinua. Es algo que compruebas día a día y que (también) podemos encontrar en la lectura que hace Hayles del hipertexto de Shelly Jackson: un conjunto de fragmentos y cicatrices que define la sensibilidad contemporánea o el modo de estar en el mundo, un puzle digital que confecciona una narrativa que va más allá de Guttenberg y sus convenciones, un laberinto de signos donde “la memoria se convierte en átomos llenos de espacio vacío” y en el que “somos nosotros mismos en tanto que fantasmas” (Patchwork Girl, 1995).

Hablamos de fragmentación y discontinuidad de la realidad (esa que infecta el concepto de homogeneidad, identidad o equilibro: tal vez no más que una quimera, una fantasía, puro opio), pero también podemos hablar de una fragmentación y una discontinuidad en la (más que adecuada) selección de textos que componen este volumen coordinado por Federico Fernández Giordano. La heterogeneidad de artículos y ensayos aquí presente zigzaguea por diferentes territorios y profundiza sobre aspectos como el carácter nómada (e invisible) del poder (ilustrado a través del concepto de búnker) o la disidencia y resistencia al mismo: en este caso Critical Art Ensemble, además de atacar el mito del sujeto poético, identifica al artista como activista que debe encargarse de la demolición del statu quo a través de la subversión (“El pánico y el caos generalizados son la apuesta del activista cultural posmoderno”).

En algunas ocasiones encontramos textos de los años noventa recopilados aquí pero no dejan de tener vigencia por su carácter visionario y deslumbrante, tal y como sucede en la colaboración entre Sadie Plant y Nick Land en “Ciberpositivo”, una suerte de ensayo experimental afín a la teoría rave que, en ocasiones, resulta profético: “La reacción a este estado de emergencia es la integración de la seguridad, la política de migraciones y el biocontrol” (¿acaso esta afirmación nos resulte familiar en este momento en que el SARS-CoV-2 impregna el flujo de informaciones y, cómo no, nuestra psique?).

El ánimo vanguardista está presente también en “Máquinas enjambre” (del CCRU: con Robin Mackay y Mark Fisher además de los mencionados Nick Land y Sadie Plant en las tareas de escritura): un texto ácido y nihilista donde se llega a afirmar que Baudrillard “marca la transición hacia circuitos sociales que pueden ser descritos, nostálgicamente, como alienados” y que (con ecos situacionistas) subraya que “el Espectáculo es lo único que mantiene viva la política”

No obstante, algún que otro texto puede caer en lo evidente (o, al menos, es susceptible de parecer de tal modo a más de un lector): así sucede cuando se reflexiona acerca de la identidad diseñada a través del selfie (sin, pese a lo expuesto, dejar de dar en el objetivo de forma acertada). O quizás se pueda pecar de cierta ingenuidad, tal y como ocurre en “Surrealismo Cyborg” (aunque lo cyborg sea cada vez más parte del presente). Sin embargo (y dejando de lado esto), el caleidoscopio de Cyborgs, zombis y quimeras funciona y se articula de forma brillante: cartografía una realidad cambiante y que, a cada momento, puede presentar mutaciones, trasformaciones profundas. Incluso errores, fracturas: como bien apunta Rosa Menkman en “El manifiesto Glitch”, se puede decir que habitamos un entorno donde somos testigos de un panorama en el que experimentamos procesos vitales (y artísticos) que bien pueden indicarnos el camino de la catarsis “en la desintegración, en las rupturas y las grietas”: unas grietas que definen una realidad donde “la noción estática y lineal de la transmisión de información puede ser interrumpida” del mismo modo que el futuro se nos escapa (o se quiebra) a cada momento, tal y como indica Ursula K. Leguin en uno de los textos presentes en esta selección y que dice: “El futuro es la parte del continuo espaciotemporal del cual estamos excluidos”. Así que seguimos en el presente: descifrándolo a través del caleidoscopio, parpadeando ante esas visiones fragmentarias que llegan hasta nuestras retinas. Permanecemos despiertos (leyendo).

Cyborgs, zombis y quimeras. La cibercultura y las cibervanguardias (Holobionte Ediciones, 2020) | VV.AA. |400 páginas | 24,75€ | Traductores: Mauro Reis, Ramiro Sanchiz, Cristina Jurado, Federico Fernández Giordano, Isabel Clúa, Francisco Álvez Francese.

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