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Funny Girl, she’s alright

PN925_Funny_Girl2.inddJOSÉ MARÍA MORAGA | Cada vez que sale un libro nuevo de Nick Hornby es motivo de alegría para los aficionados al pop, entendido en un sentido amplio. Desde que deslumbrara a todos con Alta fidelidad (1995), la producción del de Surrey ha venido girando en torno a varios fenómenos de la cultura popular, notablemente la música, el deporte, la televisión, el arte conceptual o el buenrrollismo ‘new age’. Además de sus novelas, ensayos, relatos y su labor como editor, en los últimos veinte años Hornby ha desarrollado una fructífera relación con el cine, escribiendo el guión de adaptaciones de obras literarias de Colm Tóibín o Lynn Barber, viendo cómo cuatro de sus propios libros eran llevados a la gran pantalla. No me extrañaría que la última novela que nos trae Anagrama llegara también a los cines, pues cuenta con todos los ingredientes necesarios, siendo uno de ellos el estar inscrita justo en el centro de la diana del colorido pop.

Funny Girl, original de 2014, es una chispeante y divertidísima novela que narra la peripecia de una chica inglesa de los años sesenta que tiene la ambición de triunfar. Barbara Parker es una belleza de provincias (del norte, quien conozca Inglaterra sabrá de lo que hablo) que huye del futuro que previsiblemente le espera: reina de la belleza local trocada en ama de casa convencional (dejar de trabajar al contraer matrimonio era un ‘must’) y cuidadora de su familia. Ella quiere otra cosa: ser independiente en Londres, tener éxito como actriz cómica (emulando a su ídolo Lucille Ball), vivir la vida que le dé la gana y encarnar ese nuevo tipo de mujer que los tiempos estaban anunciando, sobre todo a través de las pantallas y los carteles publicitarios.

Huelga decir que aunque los sesenta nos han llegado mitificados como la gran etapa de la explosión pop y la liberación sexual, en 1964 no era lo mismo Londres que Blackpool, igual que no eran lo mismo Madrid que Londres ni Londres que San Francisco. Por mucho que escucharan a los Beatles y llevasen el pelo corto, las mujeres de aquella época eran todavía lo mismo que habían sido durante los últimos cien o doscientos años: ciudadanos de segunda, complementos de sus hombres, y como tales de ellas se esperaba sumisión y conformidad con lo establecido. Haría falta agotar todo el período de abrasión que supusieron los ‘Great Sixties’ (hasta 1975 por lo menos) para que aquellos roles socio-sexuales se cuestionaran en serio y una chica joven de provincias pudiera empezar a creerse que de verdad podía vivir como le diera la gana.

Barbara se muda a Londres a un alto coste personal, pero consigue la vida que anhela, humildemente al principio, con un éxito rotundo al final. Tras adoptar el nombre artístico Sophie Straw (¿a nadie más le recuerda a Sandie Shaw?) protagoniza la serie cómica Barbara (y Jim), sobre una pareja de recién casados, que se convierte en un gran éxito durante varias temporadas para la BBC. La BBC, institución rancia donde las haya, siempre ha tenido una veta de modernidad entre tanto conservadurismo y en los momentos claves de la historia ha sabido ver cuáles eran las necesidades radiotelevisivas de los contribuyentes británicos. Siendo la televisión un medio todavía relativamente nuevo en los primeros años sesenta, las ‘sitcoms’ fueron importadas de los Estados Unidos (la pionera británica fue Hancock’s Half Hour, que pasó de la radio a la tele) y supusieron un elemento esencial a la hora de configurar el humor británico y la nueva mentalidad británica en general. En este contexto florece Barbara (y Jim), que por fuerza nos recuerda a las series reales Steptoe and Son (1962-74) y sobre todo Till Death Us Do Part (1965-75). Son series nuevas, todavía muy conservadoras pero que anunciaban una bocanada de frescura con sus timidísimas proto-referencias a temas espinosos como la guerra de sexos, la lucha de clases y el racismo presentes en las vidas de los telespectadores británicos de la época.

No deja de ser paradójico que la protagonista de Funny Girl, Barbara, huya de una vida de ama de casa, esposa y madre y cambie su nombre para triunfar encarnando a un ama de casa, esposa y madre que se llama Barbara, a quien el público adora. Pero la paradoja se resuelve si uno repara en que el personaje principal de la novela de Hornby no pretende ser ninguna “chica ejemplar/ portavoz de su generación”; ella lucha por su liberación, no por la Liberación de la Mujer (como se llamaba al Feminismo en la Gran Bretaña de los sesenta), y hará lo que haga falta para hacer realidad sus sueños de éxito comercial e integridad artística, porque cree que se lo merece y porque los tiempos lo permiten: para ser feliz, no porque tenga una agenda política. No obstante, aunque Funny Girl no sea un alegato feminista, es imposible sustraerse a las cuestiones de política sexual que plantea, ya desde su título. En aquella época, un cómico sería un ‘funny man’ pero una cómica era una ‘funny girl’; ‘man’ frente a ‘girl’ y no ‘woman’: la distinción es tan inocente como creamos que lo es el lenguaje.

Gajes del inglés políticamente incorrecto de hace medio siglo, y es que una de las bazas de Funny Girl es su ambientación en los años del ‘swinging London’, el de las minifaldas, el ‘op art’ y las canciones de tres minutos. Pero poco importa que en la sintonía de Barbara (y Jim) toque la guitarra el joven Jimmy Page o que Sophie Shaw se encuentre en una discoteca a un tal “Keith [Relf] de los Yardbirds”. Sophie Straw no es Forest Gump ni Funny Girl una yincana de referencias sesenteras, sino una divertida historia que cualquiera puede disfrutar. De hecho, el auténtico telón de fondo lo conforman todos los personajes que rodean a la protagonista: su padre, el empresario teatral que la descubre, la “pareja” de guionistas que hacen posible la serie de éxito, su ligue el mago, el productor enamorado de ella… estos son quienes van llevando a Sophie/Barbara en volandas y otorgan credibilidad a la trama.

En su conjunto, Funny Girl es una novela muy divertida y muy bien narrada, sin ningún alarde técnico, todo lo cual ayudará a enganchar al lector. No creo que sea la mejor novela de Nick Hornby simplemente porque las mejores son Alta fidelidad y En picado (2005), pero no por eso encuentro ninguna falta que ponerle a esta. Pese a sus innegables virtudes universales, voy a contradecirme un poco y preguntarme en voz alta si interesará a todo tipo de lectores tanto como me ha interesado a mí, personalmente fascinado por Gran Bretaña, por los años sesenta y por la Gran Bretaña de los años sesenta. Pero eso solo lo sabremos cuando la leáis, claro está.

Funny Girl (Anagrama, 2016), de Nick Hornby | 408 páginas | 20,90 € | Traducción de Jesús Zulaika

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