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Geografía y fauna

9788416193332ANTONIO RIVERO TARAVILLOHabía ya disponibles entre nosotros muestras muy notables de la poesía de la norteamericana Elizabeth Bishop (1911-1979) pero ahora, tras la publicación de su Prosa en otro tomo en la misma editorial, Vaso Roto lanza su poesía completa, tan completa que incluye materiales inéditos y borradores de los que se ofrecen reproducciones facsimilares de mecanoscritos y manuscritos (alguno con ilustraciones). El volumen recoge Norte y sur (1946), Una fría primavera (1955), Cuestiones de viaje (1965), Obra nueva e inédita (1969) y Geografía III (1976) más dos grupos de poemas nuevos e inéditos que abarcan, en conjunto, de 1933 al año de su muerte. No es en realidad una obra muy extensa, pero sí concentrada y, conviene decirlo, de un lirismo que no resulta en general sencillo, inmediato, emocionante en primera instancia. Requiere sosiego, detenimiento, relectura. Y desear asomarse a su inteligencia.

Bishop ha sido muy bien tratada por la crítica. Harold Bloom no ahorró en elogios al compararla con poetas de su generación como Roethke, Lowell, Berryman, Jarrell y Olson. “Su forma de escribir estaba más cerca de la de Stevens y Mariane Moore, en la generación anterior”, precisa. Y hay que darle la razón. Fue recatada, Bishop, nada dada a las efusiones y con una frialdad aparente que parece dada por el clima de su natal Massachusetts y más aún por el de Nueva Escocia, donde pasó temporadas con una rama de su familia. Ni siquiera al viajar a Brasil y asentarse allí con Lota de Macedo Soares contagió sus versos de la elevada temperatura ambiente. “Un mar inmóvil siempre en movimiento”, dice Jeannete L. Clariond en la introducción que podría ser una buena definición de su voz poética.

Tiende una y otra vez a la cartografía (ya sea fijada o elusiva, como en “El mapa” o “El iceberg imaginario”, respectivamente) y a la fauna, con una despersonalización destacada que libra a la composición (y al lector) del egotismo. “Gallos” es uno de sus poemas más antologados. El mundo animal también está representado en “El pez”, la obertura de “Cabo Bretón”, “Andarríos”, “El alce”, “La perra rosa”, “Muerte de Mimoso”; “El armadillo”, por su parte, está dedicado a Robert Lowell (a quien también dedicará, in memoriam, el poema “North Haven”).

Su poesía tiene algunas curiosidades y equívocos: le da la vuelta al justamente célebre poema de sir Alfred Tennyson y escribe no “La dama” sino “El caballero de Shalott”, y una errata perpetuada por ella misma, que no quiso enmendarla, hace que un poema pase a hablar del “hombre-polilla” en vez del “mamut” (“man-moth” en lugar de “mammoth” en el original). Uno de sus poemas que me parece más perfectos es “Visitas a Santa Elizabeth”, una arquitectura incremental en la que las estrofas van de la inicial de un solo verso a una segunda de dos, una tercera de tres… hasta llegar a la duodécima, de doce, con continuas variantes. El poema ostenta la fecha de 1950 (no de composición sino de datación de lo que se evoca). Aparece, entre otros locos (Santa Elizabeth es un manicomio cercano a Washington), un poeta, presumiblemente Ezra Pound, que estuvo internado varios años en ese establecimiento. Y ya que hablamos de otros escritores, qué estupendo poema es el largo “Crusoe en Inglaterra”. “Objetos y apariciones”, por su parte, es su traducción de un poema de Octavio Paz (que naturalmente Clariond no traduce, limitándose a reproducir los versos de su compatriota). Muy juguetón es “Noticiero de las doce”, donde los útiles de escribir se convierten, modificada su escala por la inventiva de Bishop, en objetos de un boletín informativo.

Otra curiosidad: Bishop viajó a España en abril de 1936 con Louise Crane, poco antes de la Guerra Civil. En Sevilla, no lejos del cuarto donde yo hilvano esta reseña, escribió “En una habitación”, poema que ve ahora la luz por primera vez en español tras su reciente descubrimiento y que se suma a la nómina de poemas de viaje que compuso a lo largo de su vida. El país la defraudó, y se dio de bruces con la agitación política que se agudizó, más si cabe, tras las elecciones de las que surgió vencedor el Frente Popular. Bishop, que era una lesbiana estadounidense y no una pacata señora de la CEDA, escribió en una de sus cartas de entonces: “Si de verdad quieres saber lo que hacen los comunistas, las cosas hermosas que han destruido, deberías venir aquí. La más bonita iglesia barroca de Sevilla acaba de ser salvada de que ardiese: el techo está todo chamuscado”. De haberse quedado, tres meses más tarde habría visto otros incendios y, ahora por mano de los sublevados, una feroz represión. Pero ella no está atenta a la épica sino a la lírica y, en el caso del poema sevillano, muy volcada a lo interior.

La traducción de Clariond es fiable, posee numerosos hallazgos y consigue trasladar esta poesía. Afortunadamente, la edición bilingüe permite apreciar rasgos que no ha estimado oportuno mantener en español, como la rima en dos casos concretos (opino que hubiera merecido la pena preservarla , colocando oportunamente las palabras repetidas, en la sextina “Un milagro para el desayuno” y en otra sin título de Cuestiones de viaje). Una cumplida sección de notas, no solo aclaratorias sino que ponen a Bishop en relación con otros poetas, completa este volumen.

Poesía (Vaso Roto, 2016) de Elizabeth Bishop | 592 páginas | 29 € | Traducción de Jeannette L. Clariond

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