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Hay cuatro genios por generación y tres son extranjeros

Nosotros en la nocheCARLOS FRONTERA | Lo hablaba con Batman el otro día: hay cuatro genios por generación y tres son extranjeros. Veníamos a referirnos, claro, a la ligereza con que se abusa del término “obra maestra”. Si hacemos caso de los números —cuatro genios por generación y tres son extranjeros—, la cuenta no da para tanto.

Ahora bien —y en esto también coincidíamos Batman y yo—, ocurre con algo más de frecuencia el caso de libros exquisitos, abrazables, libros que, si bien no pasarán a engrosar la escasa nómina de obras maestras, bien merecen un hueco en nuestras estanterías, y Nosotros en la noche, de Kent Haruf, es uno de de ellos —a nuestro parecer, insistimos—.

Si algo nos gusta de Nosotros en la noche es la demostración de que se puede hacer eso, un libro exquisito, abrazable, merecedor de un hueco en nuestras estanterías, contando una historia sencilla y cercana y en apenas 130 páginas —a Batman y a mí nos pierden los libros finos, todo hay que decirlo—. Addie Moore y Louis Waters son dos ancianos que viven en Holt, una pequeña localidad de Colorado, vecinos y viudos ambos desde hace sus buenos años. Un buen día, Addie:

—Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo.
—¿Cómo? ¿A qué te refieres?
—Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar”.

Y a hablar. Porque lo peor son las noches, carajo —lo de carajo es cosa de Batman y mía, que a veces se nos calienta la lengua cuando nos conmovemos—. ¿No es hermoso?  “Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo. Y a hablar”. ¿No es realmente hermoso? Con apenas eso y una sensibilidad que ya quisiéramos Batman y yo, Kent Haruf construye una novela conmovedora, feliz a ratos, achuchable pero también amarga —porque Addie y Louis viven en un pueblito y, en los pueblitos, ya se sabe: las malas lenguas, las manos a la cabeza por nada y menos y una sarta de reprobaciones en nombre de la moral o de la envidia o de la mala leche; tranquilos, no contaremos más de la trama, no reventaremos los puntos de giro, que también los hay—.

Jamás me comporté así de adolescente. Nunca me atreví a nada. Hice lo que debía. Y tú también lo has hecho demasiado, si me permites que te lo diga. Ojalá encontraras a alguien con iniciativa. Alguien que se fuera contigo a Italia y se despertara el sábado por la mañana y te llevara a las montañas y volvierais a casa con todo eso dentro”.

Ahora es Louis el que habla. A su hija. Una hija que le reprocha al padre su comportamiento y un padre que le echa bemoles al asunto. Porque Nosotros en la noche es también una historia de héroes, de valentía y pundonor, héroes que a lo mejor fracasan o no triunfan del todo pero al menos dan el paso, al menos lo intentan, carajo —otra vez la emoción, pedimos disculpas cuantas veces haga falta—. Una heroicidad íntima, de andar por casa, de puertas adentro, que es la más épica de las heroicidades, sostiene Batman con la mirada fija en quién sabe dónde, y no soy  yo quién para poner en entredicho sus opiniones en esto. El libro está estructurado en capítulos cortos y abarcables, a Batman y a mí nos recuerda —en la estructura— a esas dos maravillas que para nosotros son El gran cuaderno de Agota Kristof y Plop de Rafael Pinedo, aplaudimos también este detalle, esta coincidencia que nos hace llevadera la lectura —somos conscientes: lo aplaudimos porque lo que contienen los capítulos nos ha desarmando—.

“Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo”, recordábamos Batman y yo el otro día y suspirábamos por encontrar a alguien que se fuera con nosotros a Italia y se despertara el sábado por la mañana y nos llevara a las montañas y volviéramos a casa con todo eso dentro.

Nosotros en la noche (Literatura Random House, 2017), de Kent Haruf | 129 páginas | 16,90 euros | Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

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