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Honestidad brutal

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Todo empezó cuando su padre le ponía periódicos y libros por delante con la condición de que se los leyera si aspiraba a salir a la calle con unas monedas en el bolsillo. Todo continuó cuando un inocente correo navideño de Pedro Guerra le abrió las puertas de la dirección de correo electrónico de Enrique Vila-Matas. Y todo terminó, de momento, con Búnker, el resultado final de la escritura más honesta, más limpia, más lúcida y más de verdad de unas memorias a las que no les hieren las amnesias.

Se le queda corto a Toteking el malgastado y recurrente título Confieso que he vivido, de Pablo Neruda, para definir esta explosión memorialística en la que no deja títere con cabeza, siendo los títeres (y no se entienda de manera peyorativa) sus diferentes estados y actitudes mantenidas a lo largo de la vida, empezando por ese texto a quemarropa que abre el libro en forma de introducción y por el que desfila una extensa y vitalista colección de odios al estilo de los Me acuerdo de Georges Perec pero con más mala leche, pues los recuerdos, dice, son “el trozo de vida que echarías a los perros”. Y terminando con el capítulo que lo cierra y en el que reconoce ya no odiar nada, o casi nada, y se planta ante el mundo de frente, con la cabeza alta y con la seguridad de haber llegado a donde quería y de seguir el camino con la mochila apenas cargada con las cosas importantes y junto a las personas imprescindibles. 

Entre medias, y saltando entre épocas, lo mismo te habla de uno de sus locales favoritos, regentado por un tipo apodado “el Guarro” que sustenta una comparación con la ayuda de Venganza tardía, de Jünger o de una cita de Céline Curiol. Las canchas de baloncesto y las camisetas talla XXL se mezclan con los párrafos de los libros que le han marcado y que en vez de subrayar fotografía con su móvil. Las noches sin dormir se juntan con las travesuras infantiles y los pelos largos de Metálica dan paso al rapado y al rapeado con sede central en Coria del Río, donde aprende de la generosidad de sus colegas y donde decide que el esfuerzo debe ser proporcional a la satisfacción de volcarlo en lo que te gusta.

La figura del padre, siempre leyendo, siempre trabajando en turnos interminables, siempre aconsejando… La figura de la madre, que después de un paréntesis de dieciséis años retomó la carrera de Medicina con brillantes resultados… La figura del hermano, inseparable hasta en la distancia… Los colegas que estuvieron, que se fueron y los que ocuparon ya para siempre ese Hall of Fame que es la amistad verdadera… Todo ello con su inseparable música de fondo, el descubrimiento de nuevos ritmos, de nuevos horizontes, desde el Kind of Blue de Miles Davis a las últimas mezclas en su propio ordenador, de los versos de Pata Negra en Pasa la vida hasta sus propios Bartleby & Co. (que ya se imaginarán ustedes de dónde le puede venir la inspiración) o Felicidad, cuyos mandos deja en los directos a voluntad de Shotta, su hermano, con confianza y orgullo a partes iguales.

Toteking es un tipo que, en 2018, le confiesa abiertamente a su mentor Vila-Matas ser “un desastre separando párrafos y no sé usar el punto y coma” y que apenas dos años más tarde pasea su nombre por las listas de libros más vendidos durante semanas y semanas. Toteking es un tipo que no sabe definir con precisión lo que ha escrito (“…no es una novela, ni una vida contada, hay un poco de todo: tiene partes de ensayo, algo de biografía, anécdotas…” Lo que tiene muy claro es que, lo que no es, “son las memorias casposas de un músico analfabeto”. Damos fe de ello. Toteking es un tipo que desde el humilde barrio de la Macarena en Sevilla, y pasando por los mejores escenarios y festivales del mundo, regresa a su hogar, coge un libro en una mano y con la otra le da un masaje en los pies a su chica. Toteking es un tipo que habla con voz propia, potente y segura, cargada con las tonalidades de todo lo que ha leído, que es mucho, y todo lo que ha escrito, buscando, como demuestra en este libro, no sólo una rima perfecta, un hallazgo métrico o una metáfora rompedora, sino el sentimiento honesto y sincero con uno mismo, ya sea la rabia o la caricia, el golpe o el amor, el grito de socorro o el abrazo de madrugada.

“Viajar a tus recuerdos”, insiste por si había dudas, “es buscar pelea”. Y aquí Toteking gana por K.O. desde la primera hasta la última página.

Búnker (Blackie Books, 2020) | Toteking | 232 pags. | 19,90€

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