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Inolvidar

padreJUAN CARLOS SIERRA | La poesía se suele cuadrar ante la vida. Así, durante la juventud, los poetas suelen decantarse por los versos más desesperados, más febriles o más rebeldes. Es frecuente, asimismo, atemperarse con la crisis de los cuarenta, cuando se le empiezan a ver las primeras orejas al lobo de la degradación. También la paternidad motiva a veces versos imborrables –hagan sus catas, por ejemplo, en Juanma Romero o Pablo García Casado–. Y, cómo no, el acecho de la parca suele invitar a la elegía. A Juan Vicente Piqueras le ha tocado en Padre, su último poemario, conjugar estos dos últimos hitos vitales, abordar la relación paternofilial a los pies de la tumba del padre.

El poeta valenciano se enfrenta a esta muerte con la suficiente honestidad como para evitar los tópicos habituales, alejando de sus versos tanto la idealización del difunto como la sobreactuación en el dolor. No significa, sin embargo, que se aproveche la ocasión para un ajuste de cuentas, sino que el poeta trata de reflejar con una sinceridad sin complejos las emociones contradictorias de este hecho luctuoso.

Aparte de los lugares comunes que vista Padre, el libro discurre por sendas poco holladas y propone sus propios hallazgos. Para empezar, el fallecimiento del padre se convierte aquí en sinónimo del fin de un modo de vida rural que, además, coincide con la infancia del escritor. Los oficios del campo, su dureza y su belleza, la comunión con la Naturaleza, las creencias y los valores de esta sociedad pretérita, los juegos, los bailes, el idiolecto rural,… funcionan como una extensión del padre, porque conforman su personalidad –y viceversa–. Como sucede con Mágina en Antonio Muñoz Molina, no se trata de ingenuidad arcádica, pero sí hay cierta indulgencia, cierto sabor a paraíso perdido, del que se huye buscando otros paraísos para posteriormente intentar recuperarlo como un Ulises-Nadie tras la pérdida del  padre.   

El papel del azar también cumple una función relevante en Padre, porque en él se funda el origen del libro; concretamente en el baile casual de los padres del autor en una de tantas verbenas populares. Un gesto en apariencia cotidiano e insignificante que llegará a significarlo todo -“¿Bailas?”-. Atender a estos pequeños guiños de la vida, aparentemente baladíes en la enormidad del dolor que provoca la muerte del padre, es otro de los caminos que transita J. V. Piqueras, no solo para restar dramatismo cuando es necesario, sino sobre todo para ahondar en el significado esencial de los gestos cotidianos supuestamente intrascendentes.

El mayor hallazgo, no obstante, de J. V. Piqueras en este poemario es la creación del neologismo “inolvidar”, que se utiliza tímidamente en “Insomnio móvil” y “Los Duques revisited”, y que dará finalmente título a un poema esencial, que reúne las líneas más importantes de Padre. Lo contrario del olvido, parece decirnos el poeta, no es el recuerdo, cuya naturaleza es intermitente, sino el presente continuo del “inolvido”. Este, más que con la memoria, tiene que ver con un estado de ánimo, un modo de sentir novedoso originado por la muerte del padre, un rescoldo que ya nunca dejará de palpitar en el corazón del huérfano hasta que este se reúna con el padre “…donde tú estás”.

Así pues, Padre sortea el recurso fácil al patetismo en favor de la hondura y la verdad en la expresión del dolor, y sobre todo en la necesidad de “inolvidar” como tabla de salvación ante la nada de la muerte del padre. [Publicado en Buensalvaje España]

Padre (Renacimiento, 2016) de Juan Vicente Piqueras | 116 páginas | 15 €

admin

One Comment

  1. Ha sido una grata casualidad encontrar a un gran poeta como tú yo también soy filóloga como tu
    Me encantaría intercambiar unas palabras

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