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Internet sucks

Alba Cromm

Vicente Luis Mora

Seix Barral, 2010

ISBN: 978-84-322-1289-5

264 páginas

17 euros

Carolina León

Vicente Luis Mora es un hombre bastante «conocido» entre los narradores de la «nueva» generación -y perdónenme tantas comillas pero creo que cuando uno medio entra en lo que llaman alegremente el «mundillo», pero no ha entrado en absoluto, tiene todavía la posibilidad de poner todo esto entre comillas gigantes-. Dicho esto:

Cuando uno de nosotros (y me refiero a ese gran clan de los «críticos» que se divierte siendo despiadado, a los que el autor de Alba Cromm, por cierto, pertenece) pide un libro a una editorial, normalmente no lo hace con ánimo masoquista. La vida ya nos depara suficientes sufrimientos. Tampoco es Alba Cromm un libro para sufrir como lector, aunque sí como crítico. Como ya no sé ser una cosa sin la otra, hablarán las dos a la vez: ni con mucho colmó mis aspiraciones y me toca pasar a relatar los porqués.

Podríamos hablar de la trascendencia de los temas: siguiendo a Noel Ceballos (en esta entrada) no pude dejar de pensar que nuestros narradores «jóvenes» (jodidas comillas otra vez) están deseosos de ser reconocidos por lectores no tan «jóvenes», acometiendo asuntos elevados, serios y socialmente duros (como es, en este caso, la pederastia, y el consumo de pornografía infantil en Internet). Está bien. Comprendemos.

Mientras, también podemos hablar de la forma. Una forma «novedosa» (¡mosquis!) El argumento de Alba Cromm está contado en forma de crónica periodística, una crónica muy particular que además se pregunta en su transcurso por los moldes del periodismo, y se nos presenta como un dossier «especial» de una revista. Moderada experimentación, creemos.

También, un poco más allá, la «anticipación» (caramba, ya vale). En Latinoamérica llaman «relato de anticipación» a toda la literatura que pretende escrutar en el futuro más o menos lejano. La historia de Alba Cromm está situada en un indeterminado año, posterior en todo caso a 2017, donde la tecnología y la comunicación interpersonal mediante Internet han alcanzado niveles de complejidad y sofisticación, donde las estratagemas de los delincuentes son más turbias y la moralidad inscrita en todos esos asuntos es simplemente descorazonadora. Sin embargo, no hay mucho de lo que se recoge en el libro que se pueda llamar, realmente, «anticipación». Casi todo se puede leer con el filtro del «aquí y ahora»: la pederastia en Internet está a la orden del día, la posibilidad del anonimato total de un hacker, también; lo que no hay manera de comerse, porque el autor no se ha detenido en explicarnos (la forma manda) es que en ese futuro plausible existan revistas de quiosco (aunque las limita a tres) o que una revista para el hombre de verdad sea un éxito porque ha llegado el momento de limitar las conquistas hacia la igualdad de las mujeres en este temprano siglo XXI. Son algunas de las salsas que se nos dan hechas y se nos escamotean los ingredientes.

En esa línea, la utilización de «discursos» contemporáneos: textos que crean el propio discurrir de la novela en forma de chats, entradas de blogs… y poco más… Nos quiere hacer creer algo sobre una Internet 3.0, pero lo que aquí tenemos es materia harto conocida. Vale, lo he pensado. La historia que nos están contando sucede más o menos en nuestros días, y de hecho parte de su elaboración está recogida en dos blogs que amplían el material de la novela: nuestros «jóvenes» narradores deberían dejar de creer que blog es algo novedoso o que con ello expresan los códigos de la época, porque simplemente están tan absorbidos culturalmente que no quiere decir nada. ¿Estos recursos entraron para llamar la atención de un público más joven que busca lo experimental, o son decisiones sin pretensiones? Ok, narrar esto sin el recurso del blog sería anacrónico. Vale.

Y por último está el personaje Alba Cromm: nuestra heroína. Decidida, obcecada, valiente, es súper policía, ¡¡es súper hermosa!! Pero ¡atención! Tiene trabas. Es humana. Los traumas impregnan su carácter. Encarna un filón de la «guerra de sexos» al pretender vivir sin hombres (desengaños varios) y, profesionalmente, persigue a los pederastas. Lo que me mosquea de esta definición (que tiene los mimbres para enamorarnos, yo también quiero vivir sin hombres) es que el autor necesite hacernos ver tantas veces que es superior a la raza humana (en las declaraciones de los otros personajes, en un falso espejo). Una redondez falsa y una elaboración un tanto precaria: ni la adoras como súper mujer ni la respetas por sus debilidades.

Alba Cromm constituye un juego bien armado, con las tramoyas muy visibles. Por eso me vuelvo a preguntar dónde está el lector. Si pretende divertirnos, entretenernos, o hacernos pensar en el nivel argumental , puede decirse que el producto se deja leer y mantiene tensión e intriga, pero lo he pasado mucho peor/mejor con uno de Donna Leon o de Henning Mankel. Está lleno de intentos formales, ¿me quiere como lectora preocupada por la materia teórica, metaliteraria? Creo que no me quiere. No hay tal experimento, una revista es algo tan anticuado como un álbum de fotos en formato físico. Por eso no sé a qué atenerme, pero no le quito el mérito de hablar de una verdadera lacra criminal y hacerlo de manera elegante. Ahora bien, la multitud de cuestiones alrededor de la historia (las taras del personaje, el reportero y el reporterismo, los supuestos avances en comunicación interpersonal) creo que opacan y sepultan el primer tema de la novela. Los juegos formales, en fin, no sé a qué lector reclaman. Pero en mi conclusión, y en lo que toca al disfrute de la literatura, sabemos que Internet, y los blogs, suck.

admin

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