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La insoportable levedad de ser madre

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Amigas con hijos

Monica Drake

Blackie Books, 2014

ISBN: 978-84-941676-5-2

448 páginas

24 €

Traducción de Zulema Couso

 

 

Carolina León

¿Por qué una novela sobre tener hijos? ¿Por qué puede ser importante escribir sobre procrearse y formar familia? ¿Por qué Monica Drake puede necesitar más de 400 páginas para contar las aventuras de cuatro mujeres blancas, norteamericanas de clase media ante el dilema, el deseo o el hecho de tener descendencia? Es obvio que se pueden escribir novelas sobre lo que nos dé la gana. A mí ésta me parece sintomática de cómo se está dando -en un contexto occidental, blanco y de clase media- el discurso sobre el tema.

Entre una saga decimonónica y ésta, hay una diferencia (y más de una): la peripecia fundamental del grupo de amigas está trabada en torno al hecho de ser o no ser madres. De los hijos que ya tienen. De sus expectativas sobre el tema. De, incluso, la cosificación de los hombres que tienen alrededor como proveedores de esperma. De ahí que la novela se titule originalmente The Stud Book («El libro del semental»), y pienso que el título que dieron en la traducción traiciona buena parte de su (inicial, sutil) mala leche.

Se agradece el punto de vista, porque en la historia de la literatura hay muy pocos relatos desde la voz de la madre como sujeto creador, y no meramente sujeto relacional que da cuidados, vida, entidad a los demás. Estas mujeres de Amigas con hijos desgranan en sus -a menudo risibles- aventurillas, los conflictos a los que se enfrentan las mujeres de mediana edad que no han consumido, de forma tan intensa, el rol de madre como destino único, y sin embargo sí están alimentadas de todo tipo de propaganda sobre cómo debe ser la “buena madre”.

Con matices: hay cuatro mujeres con procesos y opiniones distintas. La zoóloga que estudia el comportamiento de apareamiento de los animales en el zoo y pretende que con su pareja la cosa funcione igual; la intelectual que abandona sus proyectos para cuidar en exclusiva y colapsa en seis semanas; la mujer que se desvive por ayudar a los demás en obras benéficas y es madre de adolescentes, llena de culpa; la que no quiere saber nada de nada de cuidar a otros seres: “Dulcet era la viva representación de la incertidumbre, el interrogante palpable, borracho y en ocasiones drogado del grupo: ¿cuál era el sentido de la vida después de los treinta y cinco si no se tienen hijos?”.

Es Dulcet el personaje que desquicia, en buena medida, la planitud de algunas de las posturas: “Si la vida carecía de sentido, tener niños sólo servía para encasquetarle la angustia existencial a la siguiente generación. Eso era hacer trampa, nada que ver con encontrar una respuesta” (137).

Y es que no hay respuesta a querer tener hijos, ni mucho menos al sentido de ello, todavía, aquí. Hay en la novela historias entrecruzadas, muchos aledaños de la trama y muchos personajes secundarios, que a menudo una al leer se pregunta hasta qué punto contribuyen al objetivo de la novela… que es… ¿cuestionarse la maternidad? No, probablemente no es para nada ambicioso. Dibujar un retrato de cuatro mujeres en el principio del siglo XXI respecto a un tema que es privado, pero público, que está encerrado en el ámbito de la elección, que se ha llenado de parafernalia comercial y que parece limitarse a elegir el modelo de carro más seguro, a comprar un estilo de vida y resulta al cabo ajeno a eso, los hijos.

A pesar de su estilo ligero, como de comedia de situación, que pretende ser hilarante (a mí se me queda en graciosillo, pero mola el intento de dejar en ridículo casi a cada personaje), tiene algunos elementos que desquician el molde y salpican la lectura de algo que no quiere ser profundidad, pero al menos matices. Ahí está el personaje fumeta de Dulcet y el de la hija adolescente, Arena: ella hace que todos los demás adultos se vean desnudos como niñatos que no se han dado ni la más remota cuenta de la fragilidad y/o necesidad de cuidarnos unos a otros. De la larga sombra de eso que se empaqueta como las canastillas de productos en la parafarmacia, la maternidad.

La parte asociativa del apareamiento consiste sobre todo en alcanzar un acuerdo para guardarse las espaldas. Consiste en estar ahí para proteger a las crías, y a la madre mientras es vulnerable” (371). El otro lado de la historia es que en Portland, Oregon, Estados Unidos, segunda década del XXI, los hombres de la historia son bastante peleles en su papel. A lo mejor es así, a lo mejor es que no somos más que animales y no hay nada de roles sociales en nuestro aquí y ahora.

Pero no creo eso, claro. Y ¿bien? Muchas páginas, algunas divertidas, la sensación de estar leyendo un serial con poquito ‘punch’, un interesante intento de describir noveladamente esos conflictos contemporáneos -¡es tan escasa esa literatura!-, pero arremetiendo contra los estereotipos suave, muy suavemente. Sin dolor. Ese momento en que, en una conferencia literaria, Georgie se da cuenta de que su acompañante disfrazado de perro es probablemente una madre es, quizá, de lo más salvable. Da algo como «nostalgia» que la novela de Drake resulte necesaria cuando hace cuarenta años publicó Adrienne Rich Nacida de mujer, por decir un ejemplo entre otros muchos. O Natalia Ginzburg su Querido Miguel -o cualquiera de sus obras. En un eterno retorno.

Si no fuera por el último tercio de la novela, donde la comedia parece emplastarse con algo de drama, y se visibiliza un tanto la cuestión espinosa de la socialización de los afectos y el cuidado… el libro me habría dejado un regusto a terapia de reiki, cursillo de autoayuda o publicación femenina de esa que habla a la “mujer de hoy”. Que no sé bien qué es. ¿Y vosotras?

admin

Un comentario

  1. Por lo que cuentas, creo que no me interesa demasiado. Me gusta lo que apuntas de la «parafernalia comercial» en torno al hecho de ser madre, y por eso me da la impresión de que es un producto que, simplemente, encaja en una «moda». Antes me leo los títulos de Rich y Ginzburg que mencionas. En esa línea también me parecen muy interesantes los cuentos de Grace Paley… que también tienen ya 40 años, y más!

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