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La intrahistoria, señores, la intrahistoria

arqueología de un mito

JUAN CARLOS SIERRA | Estos días asistimos casi incrédulos al éxito comercial de una película nada comercial. Me refiero a Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar, una historia alrededor de Miguel de Unamuno y su famoso discurso improvisado del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, institución esta de la que por entonces el escritor bilbaíno aún era rector. Según los datos de la Agencia EFE, en un mes de exhibición en los cines españoles, la cinta ha sido vista por más de un millón de espectadores.

Ya quisiera Severiano Delgado Cruz  para su libro Arqueología de un mito, que trata el mismo asunto que la película de Amenábar, nada más que la mitad de lectores. Y no sería para menos. Pero, ya se sabe, para qué molestarse en leer el libro si ya han hecho la película, si en dos horas me van a contar lo mismo que en casi 500 páginas. Pues, error, tremendo error. No voy a complicarme la existencia divagando sobre la supuesta superioridad de la letra escrita sobe la imagen, de un libro sobre una película. Eso lo dejo para los especialistas. En el caso que nos ocupa solo me limitaré a describir las bondades de un libro que, si no un millón de lectores, bien que se merecería unas cuantas ediciones revisadas y ampliadas, si es que a Severiano Delgado Cruz se le ha quedado algo por contar entre la ingente documentación que ha manejado para componer Arqueología de un mito.

Entre esa documentación, de la que da cuenta a lo largo de todo el ensayo, llaman especialmente la atención por su pertinencia los documentos más o menos coetáneos al protagonista, la indagación que realiza el autor en las entrevistas a las que responde Unamuno desde el inicio de la rebelión militar que dio paso a la Guerra Civil hasta casi el mismo día de su muerte. A través de ellas se perfila la figura del escritor bilbaíno, su evolución, aunque sea solo en unos pocos meses, y sobre todo nos pone a los lectores frente a la intrahistoria ideológica y vital del inventor del concepto mismo de intrahistoria. Al mismo tiempo, se nos desmonta un mito o, más bien, descubre el lector a una persona de carne y hueso detrás del personaje que la Historia de la Literatura y alguna que otra película nos han vendido durante demasiadas generaciones. Porque quien mucho habla mucho yerra, se expone en demasía y corre el riesgo de decir alguna tontería que otra, como la opinión que le merece a Unamuno el pueblo gitano y su influencia nefasta en el pueblo español, su postura algo ingenua sobre Franco para exonerarlo de cualquier responsabilidad en las matanzas de la retaguardia rebelde –para Unamuno el malo era Mola, y perdón por el juego de palabras tan facilón-, o la ojeriza que demuestra contra Azaña, por poner solo algunos ejemplos más que llamativos.

Unamuno se retrata y Severiano Delgado Cruz da fe de ello de forma objetiva, neutral, sin dejarse llevar más que por la documentación que maneja, honrando de paso la figura del historiador, tan maltratada en esta época y por estos lares.

No obstante, esos mismos documentos que sirven para componer Arqueología de un mito también muestran la otra cara de Unamuno, la más conocida. A lo largo del libro observamos una serie de ideas-fuerza que mantuvo el bilbaíno a lo largo de estos últimos meses de su vida y que repetirá no solo en entrevistas sino también en cartas y en los apuntes que por entonces tomaba para una obra que se llamaría Del resentimiento trágico de la vida –o algo parecido-. A través de estos documentos observamos la evolución de Unamuno respecto a los militares rebeldes y sus adláteres, que va desde la defensa cerrada de la rebelión como única solución posible a la situación de la España de la época, como salvadora de la “civilización cristiana occidental” –o algo así-, hasta el rechazo frontal de esta al darse cuenta de que dicha rebelión no era antimarxista, como interpretó al principio, sino contra el concepto de liberalismo en todos sus sentidos.

Este cambio de postura en Unamuno se produce fundamentalmente por la experiencia en primera persona de hechos que Severiano Delgado Cruz analiza de forma exhaustiva gracias al trabajo enorme de documentación que venimos analizando. Se trata de la búsqueda en los archivos, otra vez, de la intrahistoria en la Historia, de los hechos pequeños pero decisivos dentro de la Historia en mayúsculas. Así pues, podemos afirmar que la intrahistoria ideológica de Unamuno varía al mismo ritmo que la intrahistoria de los acontecimientos, de su salvajismo, de su arbitrariedad, de su crueldad.

Todos esto solamente –o nada más y nada menos- para llevarnos a una conclusión bien fundamentada históricamente: lo que cuenta Amenábar en su película acerca del acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca no fue exactamente como se ve en el film, ya que este relato pende del hilo que tendió Luis Portillo con su artículo de realidad ficción Unamuno’s Last Lecture publicado en la revista de literatura y arte Horizon, editada por Cyril Connolly en los años 40, y que luego Hugh Thomas recogió e hizo ‘viral’, como se diría ahora. En cualquier caso, la esencia de ese relato y la de los acontecimientos reales de aquel discurso célebre son los mismos, su peso e importancia son gemelos. Su mensaje y su significado siguen vivos y desgraciadamente vigentes.

Solo esto justificaría sin lugar a dudas que los lectores curiosos -¿no es acaso esto un pleonasmo?- se lanzaran a devorar Arqueología de un mito.

Arqueología de un mito. El acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. (Sílex, 2019) | Severiano Delgado Cruz | 493 páginas | 24 euros

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