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La nueva normalidad

EDUARDO CRUZ ACILLONA | El retrato de Dorian Gray es una de las obras más (re)conocidas del escritor dublinés Oscar Wilde. En ella, un hombre joven, agraciado físicamente y tocado por la fortuna en lo que a trabajo y reconocimiento social se refiere, es retratado por un pintor amigo. Como es sabido, a partir de ese momento será el hombre retratado quien vaya envejeciendo en el cuadro mientras que el modelo permanecerá joven y lozano como en el momento en que posó para el artista.

Es raro quien, después de leer esa novela, no haya fantaseado con la posibilidad de encargar su propio retrato y esperar a que sucediera lo mismo con la novela. Es raro, pero esa persona existe. Se llama Alberto Marcos y ha escrito un libro de relatos titulado Hombres de verdad en el que todo el mundo, hombres en su mayoría, pero también algún perfil femenino de intensa personalidad, aparece retratado con todos sus miedos, con todas sus incertidumbres, con todas sus arrugas, con todas sus heridas y, en definitiva, con toda su verdad por delante.

Desde el joven de dieciocho años con un pasado tan corto como destructivo de “Pekeño” hasta el hombre de sesenta que sólo busca citas con jóvenes por el mero hecho de estar en compañía de ellos de “Lo que necesitaba”, pasando por “El chico de la piscina” o el que acaba concluyendo que viviríamos mejor sin sexo en “Disfunción eréctil”.

Los hombres que nos presenta Marcos en su nuevo libro son, como ya indica el título, hombres de verdad, hombres que viven en el siglo XXI y que se enfrentan a sus propias dudas, a sus propias incertidumbres, como decíamos al principio, sobre su rol en la sociedad, una fragilidad que se acrecienta por el hecho de que todos ellos son homosexuales. Son hombres que, más allá de sus historias personales, albergan una pregunta común: ¿en qué punto estamos ahora? Cómo han cambiado sus vidas, sus maneras, sus hábitos, su forma de relacionarse de un tiempo a esta parte, en que los movimientos feministas han logrado pintar la sociedad de color violeta obligando a los varones a adoptar nuevas modos de comportamiento en eso que se ha dado en llamar las “nuevas masculinidades”.

Los hombres de verdad de Marcos se debaten entre aquellas frases lapidarias de “La mili te hará un hombre” o “Los hombres no lloran” y la conquista de los afectos, la apertura al exterior de la sensibilidad y la emoción. Más aún si cabe, en el mundo gay, en el que se produce una doble vuelta de tuerca en la búsqueda de esa nueva masculinidad.

Lo resume perfectamente una de las protagonistas del, en mi opinión, más completo y divertido cuento de todos, “Peticiones a la virgen de Fátima”, en el que se mete en los pensamientos de una pareja gay a punto de casarse y sus respectivas madres cuando realizan una excursión a Fátima:

“—Una vez escuché —dijo Concha—, en una serie de televisión, creo, que los hombres han estado acostumbrados toda la vida a comportarse únicamente de una determinada manera, a seguir unos preceptos muy simples y limitados; y ahora que eso se terminó, ahora que tienen más libertad que nunca para ser como les dé la gana, se asustan, se sienten amenazados, sobrepasados, se bloquean. Toño y Pato son también, así, no es culpa suya”.

Puede el lector quedarse en la superficie de los relatos y disfrutar de unas historias contadas con ritmo, con originalidad, con diálogos auténticos, con humor, con personajes pegados a la realidad. Son historias abordadas con diferentes técnicas narrativas, desde la confesional del personaje protagonista hasta la más periodística de “Colgado en plena pausa”, un recorrido documental sobre la película “Arrebato” y su director, Iván Zulueta, desde su apartamento al lado de la Plaza de España de Madrid hasta la casa familiar de San Sebastián en la que acaba recluido.

Puede el lector, digo, quedarse ahí y el libro le producirá grandes satisfacciones y un par de tardes muy amenas. Pero también puede leerlo más despacio, haciendo pausas en la lectura y cogiendo el guante que, en forma de reflexiones, lanza el autor desde el espejo de sus personajes. Reflexiones como “Darío no había aprendido a ser sincero consigo mismo” o refiriéndose al mismo Darío, señalando que su problema es que “se os ha dicho durante toda vuestra vida quién se supone que debéis ser, así que nunca os planteáis, ni desde luego descubrís, quiénes sois de verdad”. O, ciñéndonos al mundo gay, invariable escenario de fondo de todos los cuentos, “El siglo XXI no está hecho para maricas. Y más concreta y trágicamente, el ambiente gay no está hecho para maricas”.

Alberto Marcos afronta de manera valiente y decidida esa transformación social e individual que estamos viviendo. No pretende moralizar ni adoctrinar. Más bien todo lo contrario: quiere encender la mecha de la reflexión personal, quiere enfrentarnos a nuestros propios retratos, quiere quitarnos de la cabeza la idea de que un día podamos ser Dorian Gray y quiere que nos miremos a nuestros propios ojos con honestidad y sin miedo. Él lo hace y sale muy bien parado. ¿Se atreven ustedes? Si están indecisos, abrir este libro por la primera página e ir avanzando en su lectura puede ser un buen comienzo.

Hombres de verdad (Páginas de Espuma, 2020) | Alberto Marcos | 216 pags. | 17€

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