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La vida interior

EDUARDO CRUZ ACILLONA | Desde Casa tomada, de Julio Cortázar, hasta Siete casas vacías, de Samanta Schweblin, pasando por La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, el interior de las cuatro paredes que conocemos como “vivienda” ha sido, de manera recurrente, escenario habitual de tramas novelescas, personaje figurante y, por tanto, sin frase pero que, en muchas ocasiones, condicionaba lo que sucedía en sus entrañas. En cambio, no es tan habitual que la casa se convierta en protagonista y voz narradora de dichas tramas. Lo hizo Manuel Mujica Láinez con su La casa en 1954, donde un edificio, en primera persona, nos contaba su historia y las historias que en él habían sucedido desde su construcción hasta el momento de su demolición. Mercedes Abad retoma el testigo del escritor argentino, de quien reconoce haber tomado la idea, y pone voz a una casa en venta en una urbanización a las afueras de Barcelona.

La casa de Mercedes Abad lleva tiempo luciendo en el balcón el cartel de “Se vende” y por ella han ido pasando diferentes posibles compradores de la mano del agente inmobiliario de turno. La casa los observa con cierta ansiedad y expectación pensando en si esa última visita será la definitiva o, por el contrario, no volverá a aparecer ni a recorrer sus amplias y luminosas estancias. La casa es culta (en ocasiones se expresa con frases que toma de escritores de prestigio y tan dispares como Antonio Machado o David Foster Wallace) y presumida (tiene motivos para ello, pues cuenta, entre otras cosas, con una amplia terraza y unas inmejorables vistas al mar y al atardecer) pero teme que nadie la habite, lo que viene a ser sinónimo de que nadie la quiera: las casas abandonadas envejecen más rápido si su interior carece de vida.

Tras varios ilusionantes pero fracasados intentos, finalmente una pareja llena de muebles, voces y amigos el interior de la casa. Su historia, contada por cualquiera de ellos, hubiera resultado simplona, salpicada de anécdotas y con el único aliciente para los lectores de ser testigos de la evolución de un trastorno obsesivo por parte del personaje femenino. En cambio, esa misma historia, contada por la casa, como si un paciente contara los síntomas de su enfermedad a su médico de cabecera, resulta original, fresca, divertida y, aunque en el relato llega un momento en que pudiera parecer que se tiende a la monotonía y al callejón sin salida, la autora propone una serie de giros argumentales que vuelven a atrapar al lector, que sufre, ríe y se emociona a la vez que la casa, como si un amigo íntimo fuera quien le estuviera contando sus avatares y desdichas.

Seguramente, la protagonista del relato, esa mujer obsesionada que tanto hace sufrir a la narradora, estaría de acuerdo con este párrafo de la novela Tratado de (h)ortografía, de Patxi Irurzun (Ed. Pamiela, 2020) y que aprovecho para recomendarles encarecidamente: “Una casa (…) es un campo de batalla, el sombrero de copa de un mago con síndrome de Diógenes, la máquina irrompible del caos… Una casa es un animal salvaje al que hay que domar dándole latigazos con el tubo de la aspiradora”.

Con esta novela corta, o relato largo, Mercedes Abad sale victoriosa del siempre difícil reto de dar voz a seres inanimados. Su escritura es absolutamente creíble y no deja ni el más mínimo espacio para la duda de que sea una casa quien nos esté contando su vida. Y acierta también Páginas de Espuma al editar este relato largo, o novela corta, en su exquisita colección de cuentos ilustrados. Los dibujos de Álvaro Ardévol aportan matices elegantes, coloridos y fieles al texto, resultando un complemento perfecto a las palabras de Mercedes Abad o, quién sabe, de su casa.

Cuando termine la lectura de este libro, usted también cerrará sus páginas, alzará la vista, mirará a su alrededor, a esas cuatro paredes que le cobijan desde hace tanto tiempo y se preguntará algo tan manido pero tan inquietante cómo el qué dirían si esas paredes hablaran. Por culpa de Mercedes Abad, usted ya no volverá a habitar su hogar como hasta ahora…

Casa en venta (Páginas de Espuma, 2020) | Mercedes Abad | 136 pags. | 17€ | Ilustraciones de Álvaro Ardévol

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