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Las confesiones del fingidor

Cuentos de locosVICTORIA LEÓN | La condición de clásico moderno imprescindible que disfruta Pessoa en nuestros días hace que su abrumadora obra no deje de editarse continuamente bajo los más diversos criterios. Algo que a veces incluso llega a entorpecer la distinción entre sus textos verdaderamente importantes, a la altura de su genialidad, y el mero material de archivo o erudición filológica, como ocurre con tantos otros autores canónicos de prolífico legado. No es el caso de los cinco relatos que recoge esta antología diferente, que busca acercarnos a una de las muchas caras del gigante y que aporta mucho más que una perspectiva formal o temática a la bibliografía traducida al castellano del autor portugués. Y ello por más que una unidad temática sea el punto de partida para abordarlos. Un tema, la locura, cuyos frutos literarios siempre han demostrado un inagotable poder de fascinación, y que aquí no defraudará a quien se haya dejado seducir por el subtítulo del libro.

“Aunque tuviera yo cien lenguas, cien bocas y una férrea voz, no podría nombrar todas las clases ni mencionar todas las formas de la locura”, decía Erasmo de Rotterdam citando a Virgilio. Pessoa perfectamente pudo llegar a la misma conclusión después de fatigar en su juventud todos los tratados de psiquiatría y frenología que halló a su alcance. Un interés que revela una auténtica pulsión de autoanálisis (“Autopsicografía”, no en vano, se titula uno de sus más célebres poemas, el que dice que “el poeta es un fingidor”) en busca de las particularidades que lo hacían distinto; pues distinto se supo a sí mismo desde siempre, y desde muy pronto vivió de cerca la realidad de la enfermedad mental, como nos recuerda Manuel Moya en el prólogo. “Pessoa se autoubica a lo largo de toda su existencia en los linderos de la razón y la locura”, explica. De ahí que se aferre al clavo ardiendo de lo racional para sostener un constante pulso de consecuencias autodestructivas que quizá no podría soportar de otra forma.

No es de extrañar así que estos relatos escritos en diferentes etapas de su vida y ordenados aquí cronológicamente (de en torno a 1906-1907 el primero; de 1918 el último) pongan de manifiesto diferentes instancias de esa indagación personal. Ni tampoco que el primero de los cuentos, “La puerta”, se abra con esta revelación: “Existe un sutil significado de las cosas, una semejanza grotesca en la disparidad de sus almas en la que se pierde nuestra razón […] algunos de los hombres llamados locos, o tal vez maníacos y soñadores, observan las cosas más cercanas de su ser y sufren por eso y son maldecidos”. Un relato que es la anatomía de una obsesión y la exposición de una tesis: “Infelices los que son más de lo que son y por eso viven en soledad”. El genio es una forma de locura, de ese impulso perverso que Poe, tan presente en estos cuentos, situaba en la naturaleza misma del arte. “Los ojos o el Teatro Ximéra”, texto inédito en castellano hasta ahora, juega con el terror sin nombre capaz de hacer enloquecer, con el argumento sugerido más que narrado y el final abierto que sume en la duda al lector en un juego de tensiones crecientes. “Marcos Alves” pretende ser un retrato del “lado subjetivo de la locura” en el que se abre paso la ironía (“le dolía como una desgracia inútil el sentimiento de existir con el acompañamiento de aquel pobre piano”), cada vez más marcada, en una narración fragmentaria y paradójica en la que asistimos al razonamiento lógico de la perturbación. “La educación del estoico” se presenta como el único manuscrito de un heterónimo, el Barón de Teive, a través del que nuevamente parecen filtrarse las obsesiones más íntimas de Pessoa. El narrador nos dice que ha destruido toda su obra y que solo salvará ese relato, una memoria intelectual y un cuadro interior de cuanto fue: “Deseo, ya que no he podido dejar de mí una sucesión de bellas mentiras, dejar lo poco de verdad que la mentira de todo nos da a suponer que podemos decir […] estas páginas no son mi confesión, sino mi definición”. Un discurso en cuyo marco se plantea el sentido del arte como legado vital de un hombre y se reflexiona irónicamente sobre la poesía pesimista: Leopardi, Vigny, Antero de Quental… Aunque, sin duda, el texto que muestra mayores dosis de humor e ironía es el que cierra la selección, “La hora del diablo”, que destaca además por la brillantez lírica de algunos de los pasajes junto a su fuerza argumentativa: “todos los irónicos son inofensivos, excepto quienes usan la ironía para insinuar alguna verdad”.

Cinco cuentos, en suma, en los que el lector podrá descubrir los miedos más íntimos y profundos del autor de los infinitos heterónimos, del fingidor por excelencia, del hombre que nos convenció de que quiso ser nadie para poder contarnos su verdad, su desesperada y perversa necesidad de escribir para descubrir quién era. Una de tantas formas de locura.

Cuentos de locos. Relatos de la monomanía y la perversidad (El Paseo Editorial, 2018), de Fernando Pessoa | 176 páginas | 17,95 euros | Traducción y prólogo de Manuel Moya

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