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¿Las madres no?

ANA BELÉN MARTÍNEZ | «Es un mundo duro para los pequeños», sentencia Lilian Gish en una escena de La noche del cazador (Charles Laughton, 1955). Lilian Gish da vida al personaje de Rachel Cooper, una valiente anciana que, durante la noche, sostiene una escopeta entre las manos y vigila su casa sentada en una mecedora. Rachel Cooper acoge y protege a dos hermanos huérfanos que han escapado de su padrastro Harry Powell —al que encarna un magistral Robert Mitchum— un perverso predicador que ha asesinado a la madre de los niños y a los que busca para someterlos a un mismo fin. La noche del cazador muestra la indefensión a la que se enfrentan los niños ante un lobo muy feroz. «El infanticidio sólo exige omisión», apunta Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981) en su libro Las madres no (Tránsito, 2019).

Entrar en la novela de la autora vasca supone entregarse de lleno al vértigo. Una caída libre desde la azotea de un rascacielos hacia el asfalto. Las madres no arranca con el descubrimiento, por parte de una niñera, del asesinato de dos gemelos recién nacidos a manos de su madre: Alice Espanet. La historia, ambientada en el País Vasco, está narrada por una escritora, a punto de dar a luz, que se obsesiona con este infanticidio. La protagonista cae en la cuenta de que en el pasado conoció a Alice Espanet; por entonces se llamaba Jade y no Alice. Este hecho le provoca tal impacto que decide solicitar una excedencia por maternidad no para cuidar de su bebé, sino para poder investigar y escribir un libro acerca de lo ocurrido con Alice Espanet. ¿Cómo puede una madre matar a sus hijos? ¿Qué ha podido llevarla a hacer algo así?

En los primeros compases de Las madres no tenemos la sensación de encontrarnos frente a un thriller de efectos similares a El adversario de Emmanuel Carrère (Anagrama, 2000), en versión madre «horribilis» eso sí. No obstante, a medida que avanzamos nos olvidamos de Carrère y nos dejamos seducir por otro modo de hacer, que combina la crónica y el ensayo. El libro se divide en dos partes, de seis capítulos cada una de ellas. La primera parte, sobre todo, posee una potencia narrativa que fluye y nos mantiene en vilo. La protagonista, madre primeriza como la infanticida Alice Espanet, trata de reconstruir y llegar hasta el fondo de lo sucedido. Mientras lo intenta, nos expone los pormenores de su experiencia en la maternidad, así como los sentimientos confrontados que esto le genera. De un lado, el amor incondicional y la belleza pura que despierta en ella su bebé. De otro, la losa de la culpa que siente ante esa necesidad de escribir, de crear, de ser algo más que una madre. Para ello recurre a otras escritoras que también fueron madres como Doris Lessing, Muriel Spark y Sylvia Plath. La parte más ensayística de la novela aporta riqueza y verdadero interés a la lectura.

Las madres no es la segunda novela de Katixa Agirre. Fue escrita y publicada en euskera (Amek ez dute, Elkar, 2018) y luego traducida por la propia autora para la editorial Tránsito. La escritora vasca, además, ha publicado colecciones de cuentos para público infantil y juvenil.

El tema de la maternidad está de enhorabuena en el panorama literario actual. Quizá encontremos la respuesta en los resultados de los barómetros referentes a los hábitos de lectura, en los que se refleja que las mujeres leen más que los hombres y que el perfil medio del lector frecuente en España, por ejemplo, es mujer. Sea como sea, Las madres no es una novela notable, con aportes nuevos. Otra mirada, en este caso más siniestra, sobre los seres que dan y, a la vez, quitan luz.

Las madres no (Tránsito, 2019) | Katixa Agirre| 208 páginas | 18,90 euros

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