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Las preocupaciones de un genio

joyce_ensayoscriticos_31b4a5fde51791e5edf61583aa1a6753ANTONIO RIVERO TARAVILLOEstatuas de Joyce, que yo recuerde, hay seis en Dublín, reducidas eventualmente a tres cuando se está sobrio. Dos vigilan los jardines del Merrion Hotel, frente a Leinster House; otras dos, por seguir en la misma zona al sur del Liffey, se emboscan en el lado oeste de Stephen’s Green, muy cerca de la casa del teólogo Newman, frecuentada por el autor de Ulises en su época estudiantil; por último, un par se alza casi enfrente de la Oficina Central de Correos, epicentro de las conmemoraciones que acaban de tener lugar con motivo del centenario del Levantamiento de Pascua, aquellos sucesos que le hicieron escribir a Yeats sin particular entusiasmo, pero consciente de la trascendencia del símbolo sacrificial, que una terrible belleza había nacido. Las dos primeras esculturas se hallan muy cerca de las dos que conmemoran, en el parque, a Charles Clarence Mangan, figura emblemática del nacionalismo literario irlandés. A Mangan le dedicó excelentes páginas Joyce, recogidas en este volumen de la editorial y librería bonaerense Eterna Cadencia. Que el libro se haya publicado en la Argentina ha permitido eludir las leyes del copyright que hacen que fuera de España se pueda publicar libremente a Joyce (como sucede en Irlanda, sin ir más lejos) pero no aquí, por una ley harto generosa con la protección de derechos que tiene como resultado que sobre los setenta años de rigor se añada una curiosa moratoria de diez más. Entiendo que esta providencia (internarnos en vericuetos legales sería tedioso) es la que ha hecho que los Escritos críticos de Joyce se hayan descabalgado (bajado del pedestal, ya que estamos con la estatuaria) del catálogo de Alianza Editorial, donde vieron la luz en 1975 y 1983 (también, en otros años, en Lumen).

Aquella edición había sido preparada por Ellsworth Mason y por Richard Ellmann, y traducida por Andrés Bosch. Esta de ahora sin la introducción de aquellos pero con un cumplido prólogo de Pablo Ingberg, que además vierte del italiano cuando corresponde (Joyce publicó en un periódico local en su época triestina), anota, incorpora algunos textos (así el dedicado a Defoe) y traduce como verso lo que era verso (en endecasílabos los tetrámetros yámbicos originales, manteniendo la rima en los pareados). No obstante, los poemas no se ofrecen ahora en bilingüe, ventaja que tenía aquella otra edición. En las notas despliega un gran conocimiento que será de ayuda a los lectores, haciendo mención de los pasajes de los libros joyceanos que guardan alguna relación con personas y sucesos reflejados en los ensayos y conferencias aquí recopilados. Todas esas notas son pertinentes y ajustadas, aunque en descargo de Joyce hay que matizar que, si bien Ingberg señala que la forma correcta de la palabra que designa a la lengua inglesa en irlandés es ‘Béarla’, en tiempos de Joyce se empleaba, sin que fuera fallo atribuible al dublinés, la forma que este consignara, aún hoy usada en el gaélico de Escocia, de ‘Beurla’.

Las preocupaciones de Joyce están casi todas presentes aquí: desde Ibsen a Shakespeare, pasando por la indagación constante de la tradición literaria irlandesa, de la que bebe y a la que a menudo aparta, como la cuchara de un jarabe que no quiere, identificado más con una dolencia que con una medicina. Hay cartas sobre Svevo, Pound y Hardy, páginas sobre Dickens, Meredith, Wilde, Synge o Shaw. El arco temporal abarca desde aproximadamente 1896 a 1937, y la ordenación es cronológica. Se podría calificar este libro de batiburrillo, de colección de recortes, de miscelánea; de reliquias del santo laico James Augustine Aloysius Joyce veneradas en los 61 capítulos o capillas del volumen. Un batiburrillo de Joyce, sin embargo, es más que el sistema de muchos. Y no hace falta haber tomado unas pintas para ver que su valor es doble, si no triple, y que aunque a veces parezca pesado, como los seis bronces que lo retratan si se ha bebido, una mueca de inteligencia, una mirada chispeante lo hacen no ser solo materia inerte.

Escritos críticos y afines (Eterna Cadencia, 2016), de James Joyce | 480 páginas | 21,50 € | Edición y traducción de Pablo Ingberg

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