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Libros perdidos en el transporte público. Parte I

José Martínez Ros

Tardo, aproximadamente, una hora y cuarto en llegar a mi trabajo y, por supuesto, otra hora y cuarto en volver a casa, al término de mi jornada laboral. Dos horas y media cada día de lunes a viernes en el transporte público. Los autobuses, los vagones del metro y el cercanías son mi sala de lectura móvil. Hace una semana, estaba tan absorto por una novela -la magnífica La lluvia de los inocentes de Andrés Ibáñez, uno de los mejores y más minusvalorados narradores de este país- que me equivoqué de tren y no reparé en mi error hasta pasadas cinco estaciones, pero eso no suele suceder a menudo (por fortuna). De vez en cuando, lo que ocurre es que escojo del montón de “pendientes” el libro equivocado, el que hace que, tras algunas decenas de páginas, empiece a mirar con desesperación a mi alrededor, al sujeto a) que se dedica febrilmente a mandar SMS, al b) que repasa su maquillaje, al c) que aturde a todos los presentes con su pseudomúsica chirriante o al d) que apesta a sudor/cerveza/algo indefinido, aunque en teoría todavía ni ha llegado a su puesto de trabajo… No me gusta nada equivocarme de libro. Pero alguna vez pasa.

Caso A:


Ritual en la oscuridad

Colin Wilson

Libros del silencio, 2011

ISBN: 978-84-9394-330-1

608 páginas

26 €

Traducción y epílogo de Javier Calvo

Ritual en la oscuridad es una recuperación, la primera novela de su autor, el británico Colin Wilson, que al parecer la escribió a los dieciocho años, aunque no fue publicada hasta siete años después, cuando el éxito internacional del ensayo filosófico The Outsider había encumbrado ya a su autor como un joven prodigio de las letras inglesas y una de las figuras más destacadas de los Angry Young Men, lo que, en perspectiva, tras la lectura de esta novela, es bastante equívoco. No hay nada -absolutamente nada- de la acre visión social de ciudades grises, de vidas grises y sin esperanza de las novelas de Amis (padre) o Sillitoe. Wilson (que más adelante perdería la chaveta y se dedicaría a la ufología y el ocultismo) resulta una más bien curiosa, pero un tanto indigesta, mezcla de decadentismo y ‘pulp’, un cóctel venenoso de D´Annunzio y H. P. Lovecraft, y un lejano -y menor- antecedente literario de Houellebecq. A lo largo de seiscientas -interminables, agotadoras- páginas de prosa esquemática y vacuas conversaciones nos lleva a un Londres conmocionado por un asesino en serie que parece emular al célebre Jack, donde se encuentran Sorme, un irritante aspirante a escritor con delirios de grandeza y un supuestamente fascinante bohemio, Nunne. La relación entre ambos incluirá abundantes dosis de sadismo, homoerotismo latente demodé y mucho rollo nietzscheniano adolescente y parafascista, pero muy poca literatura. Ritual en la oscuridad tiene cierto interés como curiosidad psicológica, pero nada más. Libros del Silencio suele publicar traducciones interesantes y ha desenterrado un buen número de joyas olvidadas, pero no es el caso.

Caso B:


El centro del frío

Salvador Galán Moreu

Lengua de Trapo, 2011

ISBN: 978-84-8381-103-0

148 páginas

16,90 €

IX Premio de Narrativa Caja Madrid

El centro del frío es el primer libro de su joven autor; ‘a priori’ inspira cierta benevolencia. Pero mi benevolencia no llegó a la página 50. Galán Moreu nos presenta a una serie de personajes -de un camarero de Florencia a un concursante televisivo- desubicados mediante pequeños fragmentos narrativos. Lo más positivo que se puede decir es que muestra un cierto interés con experimentar con distintos tonos, aunque en una novela tan breve -menos de ciento cincuenta páginas- lo único que consigue es despistar con una serie de forzados ejercicios de estilo que remedan a Bolaño, Cortázar o Foster Wallace sin demasiado éxito, debido a una prosa muy pobre, escasa de vocabulario y ritmo. La breve novela de Galán Moreu está plagada de influencias mal asumidas, de citas -algo habitual de las primeras obras, en su mayor parte innecesarias-, pero, lo que es más grave, de incorrecciones verbales, demostrando que en la editorial alguien no ha hecho su trabajo al permitir que el libro sea publicado en estas condiciones. Respecto a su estructura, diré que no tengo nada contra la fragmentación (así se han escrito obras maestras como, por ejemplo, Farabeuf de Salvador Elizondo), siempre y cuando las diferentes escenas posean una relación simbólica/metafísica/narrativa que sirva para enlazarlas y éstas posean en sí mismas la suficiente fuerza para que el lector rellene los huecos en su cabeza: no vale reunir una serie de historias incompletas y banales y, pensar que, mágicamente, funcionarán como conjunto.

Que El centro del frío sea un fracaso literario no tiene una especial importancia, ni siquiera para el propio autor: un buen número de grandes novelistas –Faulkner y Balzac, por ejemplo- escribieron unos cuantos bodrios horrorosos antes de hallar su propia voz, pero me fastidia un poco por venir de donde viene. Lengua de Trapo es una de las editoriales españolas que me merecen un mayor respeto. Los dos libros anteriores al de Galán Moreu que había leído de Lengua de Trapo fueron Sonría a cámara de Roberto Valencia y Ensimismada correspondencia de Pablo Gutiérrez. Ambos de relatos, ambos de autores jóvenes y ambos muy buenos (mejor Sonría a cámara). Una editorial modesta que publica nuevos talentos merece nuestro aplauso, y yo aplaudo a los responsables de Lengua de Trapo por publicar libros como esos. Díganme, señores editores, ¿piensan que El centro del frío está al nivel de los dos títulos que, un poco al azar, he citado?

admin

4 comentarios

  1. ¡Jamás Faulkner, ni en sus peores tiempos, escribió bodrios horrorosos!

  2. ¿Que Lengua de Trapo merece respeto?
    ¿De verdad?
    ¿En serio?
    ¿Ha visto usted su ultimísimo fichaje?

    No se preocupe, lo puede ver aquí, versión expandida, media hora de fichaje, con bonus tracks y demás:
    http://cervantestv.es/2011/05/13/entrevista-a-jimina-sabadu/

    Evidentemente el Instituto Cervanes [ay, si el Instituto levantara la cabeza…] tampoco merece mayor respeto. Ni, ídem, la entrevistadora.

  3. A mi Jimina Sabadú me cae simpática. Y si, Lengua de trapo que es una de las escasas editoriales españolas que se arriesga a publicar a autores jóvenes españoles merece todo mi aprecia y complacencia. Abrazos.

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