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Lo que diga don Manué

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RAFAEL ROBLAS | Que Manuel Ruiz de Lopera y Ávalos -otrora máximo accionista, Consejero Delegado y Presidente del Real Betis Balompié- es un personaje singular resulta totalmente indiscutible. Por eso era un hecho sorprendente que nadie se hubiera percatado del gran partido literario que podría sacársele al vecino más ilustre del Fontanal. Al menos hasta ahora, porque TEGASA -una editorial sevillana que nace con la inquietud de especializarse en temática deportiva- parece haber recogido el guante y ha saltado con ganas al césped llevando a cabo la publicación de este volumen que su autor, el periodista deportivo Macario Balón, ha titulado Estado crítico (¡Ehtabamo’n la UVI!), que -a la misma vez- supone la primera biografía autorizada del exmandatario bético.

Una biografía que se inicia con un prólogo escrito expresamente por su máximo protagonista -el propio Lopera-, quien en tercera persona saluda al lector y bendice la obra de Balón adjetivándola de “rigurosa y seria, […] surgida tras horas y horas de charla -y de sultanas de coco y artimeles compartidos- en el despacho más famoso de toda la calle Jabugo”. Esto supone -prosigue Lopera- “que el trabajo de Macario Balón destaque por su objetiva imparcialidad y, a la misma vez, por una amena escritura muy cercana al habla de la calle que gustará al lector”. Y no se equivoca el expresidente bético, pues Balón no defrauda las grandes expectativas avanzadas en el prólogo loperiano, al presentar desde el mismo índice un texto muy documentado y magníficamente escrito y desarrollado.

Así, este Estado crítico se subdivide en cuarenta capítulos que arrancan desde el mismo nacimiento del protagonista –“Manuel Ruiz de Lopera, el cielo te iluminó” se titula el primero de ellos- y desgranan su intensa vida profesional y familiar hasta llegar al momento actual. De este modo se suceden a lo largo de sus páginas episodios de gran enjundia costumbrista, como los referidos en el capítulo “El primer millón del joven Lopera”, cuando Balón describe la casi mágica cualidad del todavía incipiente empresario, que fue capaz de transformar una partida de televisores defectuosos en fajos y fajos de billetes de curso legal; en el intitulado “Yo sólo bebo agua del río”, donde se da cuenta con pelos y señales de la peculiar relación habida entre el biografiado y un célebre juguetero local, popularmente reconocido tanto por su rojiblanco corazón como por su enfermiza tendencia a beberse el agua de los floreros; o, por último “Aquel Rocío era como Falcon Crest”, particular versión loperiana del Con flores a María de Alfonso Grosso, con presidente del Sevilla F.C. incluido en el guion como coprotagonista de la trama.

Sin embargo, Macario Balón da un paso adelante conforme avanza en su prosa y, tanto la capacidad descriptiva de su pluma como el sarcasmo de su estilo narrativo van subiendo en intensidad, no más el lector continúa la gran aventura surrealista en que, por momentos, se convierte la biografía. Si el charlotesco capítulo “El Shico” -que se dedica a Denilson- o “Saltando por la tapia de la casa de Benjamín” son claros ejemplos de esto último, qué decir del vigésimocuarto de ellos, el titulado “Las latas son mías y me las como cuando quiero”, que refieren un insólito episodio ocurrido cuando don Manuel, tras el chivatazo de uno de sus pupilos, irrumpe en la habitación de un fornido central brasileño de su propio equipo para sorprenderlo al pie de la cama presto a rebañar con pan de Alcalá el aceite de una lata de conservas:

– […]¡Pero qué haces Andrei!

– ¡Las latas son mías y me las como cuando quiero, don Manuel!

En el suelo, medio escondidas por la sábana, había cuatro latas más de atún en aceite y dos teleras. En ese mismo momento comprendí que tenía que rescindirlo, por muy bien que tirara las faltas el hijoputa.

Ítem más, la épica tampoco es ajena a este Estado crítico, y está presente en él con la vibrante narración de los títulos logrados por el club de sus amores: la consecución de las copas del Rey de 1977 (“Esnaola hace la ola”) y de 2005 (“San Fermín es bético desde shiquitito”); así como con la victoria en la Champions League del Betis ante el todopoderoso Chelsea, gracias al histórico gol de Dani (“Y le ganamos al Cherzi”). O bien, finalmente, con el multitudinario baño de beticismo que llevó en volandas a nuestro protagonista hasta el escenario levantado al final de la Palmera, a fin de que procediera a la inauguración de la nueva grada de fondo del estadio. De un estadio que mutó su tradicional nombre en el suyo propio, tras un delirante ejercicio de democracia verdiblanca. Precisamente, de aquel episodio toma su nombre la presente biografía, tal y como apostilla la narración de Balón:

En ese momento, la muchedumbre gritaba su nombre. La Palmera estaba “acolapsá”. Sin pensárselo dos veces, Manolo tomó el micrófono y avanzó con él. Los béticos rugían. Y el histórico discurso comenzó:

– ¡Ehtabamo’n la UVI! ¡Nadie daba’n duro por nosotroh! ¡Oh entrego’n Beti libre! ¡Limpio! ¡En Primera! ¡D’uhtedeh! ¡Vivarbetiiiii!

Defitivamente, el Betis había pasado del estado crítico que anunciaba una muerte inmediata a gozar de una salud de acero. Lopera había realizado el milagro. Lopera era un santo vestido de verdiblanco.

Sin embargo, al igual que le ocurre al particularísimo equipo heliopolitano de sus entretelas, donde brilla con mayor intensidad la imagen del biografiado es en la aceptación de las cruces. Así, la imagen del todopoderoso Don Manuel de las vacas gordas se humaniza hasta extremos insospechados durante la etapa de las vacas flacas, convirtiéndose en un personaje entrañable y tierno. Gran parte de culpa de esta percepción la tiene Balón, que afronta con gran delicadeza las sombras del último ciclo del dirigente. Así se ve, sobre todo, en los apartados “¡Lopera Bota de Oro!” y en “Me estáis exigiendo que me estáis cansando”, que cierran el círculo y condenan al líder a un retiro forzado que se extiende hasta nuestros días. Lejos quedan ya el cenit y el reflejo dorado de la fama y del éxito. Mas el declive no se inclina más que lo necesario, en un detalle elegante de Macario Balón que huye de los detalles más escabrosos del personaje y concluye con el magnífico capítulo final “El Betis será lo que los béticos quieran”, tan certero como actual.

“Me lo he pasado genial escribiendo este libro, querido lector, y espero que este estado sea compartido contigo”, indica el periodista en su página postrera. En el rostro del lector se dibuja, tras casi trescientas páginas de jugosas historias engarzadas, un esbozo de sonrisa que recompensa una amena lectura -divertida y diferente- más que recomendable durante esta etapa estival que ahora comienza. Así que háganme caso: sean béticos o sevillistas, relájense ¡y pongan a Lopera en sus vidas!

Estado crítico (¡Ehtabamo’n la UVI!) -Ediciones TEGASA, 2019- | Macario Balón | 274 páginas | 19,95 euros

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