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Los puzles son para el verano

FRED CABEZA DE VACAEDUARDO CRUZ ACILLONA | Hay libros que se leen en los autobuses, en los trenes, en un parque o en el salón de casa con el ruido de fondo de las prácticas de guitarra del hijo del vecino. No hay problema. Sin embargo, hay otros libros, otros autores, que requieren un escenario diferente, un tiempo detenido, un ceremonial.

Algo así me pasaba con esta novela que lleva pidiendo paso en mi estantería de libros pendientes desde el año pasado. Y ha tenido que ser ahora, en verano, cuando he podido aislarme del mundo con su única compañía (más allá de viandas y espirituosos que no voy a mencionar por si está usted leyendo esta reseña en horario infantil).

Lo que ha hecho Vicente Luis Mora en Fred Cabeza de Vaca (XXVIII premio Torrente Ballester de Novela) es un alarde de imaginación que pocos pueden igualar. Si ya en su dilatada carrera literaria nos ha venido sorprendiendo al tocar diferentes palos, distintos géneros y formas (desde la novela al aforismo pasando por la poesía, el estudio, el ensayo y mil cosas más que se ha sacado de la manga para regocijo de sus seguidores), en esta ocasión ha querido ir más lejos si cabe y ha integrado diferentes estilos en un mismo continente.

Así, la novela narra la historia de Fred Cabeza de Vaca, “uno de los mayores artistas que ha dado el mundo en el siglo XXI…” Un artista poco conocido, “alguien que logró mantener su personalidad oculta tras sus obras” en una época en la que el acceso a la información y a la privacidad de la gente es tan fácil. Y si el reto de ubicarlo en pleno siglo XXI, alargando la narración hasta el año 2030, ya requiere de un esfuerzo extra, lejos de acomodarse en esa premisa se inventa toda una estructura poliédrica donde la entrevista, la investigación, extractos de los diarios del artista, declaraciones de quienes le conocieron, etc, componen un rompecabezas en el que las piezas van encajando hasta resultar un espejo no sólo de un personaje enorme sino de todo el mundillo artístico actual. La identidad, tema central que subyace en las más de trescientas páginas de esta magnífica obra, se presenta como un sumatorio de visiones, a veces incluso contradictorias. Cada página es un paso más en la búsqueda de respuestas a los interrogantes que la personalidad del artista arrastra a lo largo de su carrera. Una búsqueda que seguimos de la mano de una académica, que pretende escribir su biografía y que se agarra y plasma todo lo que encuentra, dotando a la narración de un ritmo inusual y de un estilo muy original.

En ese sentido, es fácil encontrar grandes hallazgos en forma de aforismos incluidos como anotaciones en sus diarios, del tipo “Donde no hay normas, hay espacio” (página 77), o este otro: “Internet es como el inconsciente: si quieres encontrar algo sobre ti que no te gusta, acabarás encontrándolo” (página 121). Y también es muy habitual toparse con pinceladas de humor que, en unos casos, pueden recordarte al más inspirado Oscar Wilde (“Hay mujeres a las que les encanta platónicamente la sumisión pero la reprimen (…) Su relación con la dominación se reduce a la fantasía. Respecto a los hombres sumisos, lo tienen más fácil, les basta con casarse”) y en otros, directamente, a El Mundo Today: los Rolling Stones publican el último disco de su carrera en 2021 y lo titulan Spectres.

La narradora, en una de las anotaciones que incluye como apuntes para construir la biografía de Fred, se pregunta: “¿Cómo se cuenta una vida, cómo se construye un relato existencial, cómo se levanta una biografía, con qué materiales? (…) La biografía como relato de un relato”. Y esta es, me parece a mí, la clave de esta novela y su definición más ajustada.

Háganse un favor y aíslense del mundo durante dos días con este libro en las manos (viandas y espirituosos aparte). Me lo agradecerán.

Fred Cabeza de Vaca (Sexto Piso, 2017), de Vicente Luis Mora | 328 páginas | 19,90 euros

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