4

Mambo No. 2


Bella María de mi alma

Oscar Hijuelos

Suma de Letras, 2012

ISBN: 978-84-8365-346-3

496 páginas

22 €

Traducción de Máximo Sáez

 

 

 

Fran G. Matute

Parece justo recordar que la publicación de Los Reyes del Mambo tocan canciones de amor (1989) de Oscar Hijuelos provocó toda una conmoción dentro del mundo de la cultura. Primer Premio Pulitzer otorgado a un escritor de origen hispano, exitosa adaptación cinematográfica con Armand Assante y Antonio Banderas de protagonistas y motor de la recuperación del interés por los sonidos cubanos que se facturaron en los Estados Unidos a mediados del siglo XX. Objetivamente, la novela de Hijuelos atraía por dos motivos fundamentales: su altísimo contenido sexual y la fantástica recreación que hacía del Nueva York de los años 50 y de la escena musical latina que comenzaba a hervir por aquel entonces. De hecho, esta novela bien se puede considerar una de esas obras definitivas que se asocian inexorablemente al período en el que transcurre la historia que narran. ¿Quieren leer un libro sobre los orígenes del jazz latino? Pues lean Los Reyes del Mambo…

Pero al margen de su temática, Los Reyes del Mambo… introdujo a dos personajes de esos que no se olvidan fácilmente. Los hermanos César y Néstor Castillo, dos músicos cubanos que aterrizan en la Gran Manzana buscando fama y fortuna y cuya historia nos es contada con todo lujo de detalles, con sus triunfos musicales, sus escarceos amorosos, sus penurias vitales. Y así es cómo conocemos a María, la musa que inspiró el éxito “Bella María de mi alma”, un bolero tormentoso escrito por el menor de los hermanos, Néstor, alrededor del cual gira toda la novela. Ese Néstor profundamente enamorado de una guajirita a la que conoció allá en Cuba y a la que tuvo que abandonar al exiliarse en los Estados Unidos y que persigue sus días y sus noches con un dolor y una tristeza inusitada. Néstor, ese alma en pena, taciturno y suspiroso que bebe los vientos por su María, que desde la distancia no le corresponde en sus misivas y el olvido va comiéndoselo por dentro poco a poco. Un amor de esos telúricos que llevan al joven y soñador músico a componer una canción desgarradora y hermosa, un cántico final que expíe sus demonios internos. ¿Cómo no sería de bella esa María para provocar semejante dolor en un joven apuesto y exitoso con toda la vida por delante? ¿Qué conjuro inhumano le confirió María al pobre Néstor allá en Cuba? ¿Qué motivó la ruptura? Y aún siendo esa María la culpable de todo lo que ocurre en Los Reyes del Mambo… apenas nos cuenta Hijuelos nada sobre ella. María es como un sentimiento, una idea incrustada en el subconsciente de Néstor, una obsesión infernal, un enigma en forma de canción. “Mi tormento y mi éxtasis”, como reza la letra del bolero que inspiró.

Así que 20 años después de todo aquello el señor Hijuelos decide que ya es hora de conocer la historia de la bella María. Por eso este Bella María de mi alma (2010) no es verdaderamente una segunda parte de Los Reyes del Mambo… ni siquiera es una continuación. Es, simple y llanamente, la pieza que faltaba del puzle. Hasta el punto de que esta novela puede funcionar como entidad individual y se puede disfrutar sin haber leído Los Reyes del Mambo… lo que no quiere decir que el disfrute será pleno si ya se conoce la historia de los hermanos Castillo (para lo cual, la editorial Suma de Letras ha tenido a bien reeditar la primera novela que se encontraba, lamentablemente, descatalogada desde hacía bastante tiempo). En Bella María de mi alma, Hijuelos parece querer dar respuesta a aquel maravilloso “Son de La Loma” que cantaba el Trio Matamoros (y que rezaba eso de “mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, que los encuentro galantes y los quiero conocer, con sus trovas fascinantes que me las quiero aprender”) y nos retrotrae a la infancia de María, la guajirita de Pinar del Río, una belleza tan despampanante y voluptuosa que, en lugar de vivir su hermosura como un regalo de Dios ésta se convierte en su cruz cuando deja caer sus inocentes huesos en La Habana de los primeros años 50, cuya bulliciosa vida nocturna y musical es diseccionada por el novelista de forma magistral. Una inocencia que a medida que pasamos las páginas se va trasformando en decepciones y concesiones a la galería. Y por encima de todo Hijuelos capta a la perfección la pasión cubana, esa que inunda no solo los sonidos de la calle, con sus sones, sus mambos y sus boleros, sino que protagoniza una forma de vivir. Y veremos a María pasar de mano en mano, perdiendo las virtudes y sobada hasta la extenuación, en una espiral sexual tan intensa como desoladora.

Porque lo que más entristece a la bella María es seguir recordando a su Néstor, al que tuvo que dejar marchar a Nueva York (no desvelaremos los motivos, claro está) y al que quiso olvidar pero no pudo, sobre todo cuando por los altavoces de una radio local en La Habana le llegaron los primeros compases de una canción que habla sobre ella, sobre el dolor que infligió a su compositor, sobre su belleza insoportable. Y ese bolero, que lleva su nombre en el título, la perseguirá como un fantasma, invisible, y perpetuará su desgracia hasta el fin de sus días. Pues el arco temporal de Bella María de mi alma es ambicioso, abarcando desde finales de los años 40 en Cuba hasta el Miami de principios de los años 90, para ofrecernos un sorprendente y postmoderno giro final absolutamente delicioso.

Aprovecha también Hijuelos esta novela para tratar un tema espinoso, que muchos críticos reprocharon en su día que no fuera más profundamente analizado en Los Reyes del Mambo…, como es la revolución castrista. Quizá porque el momento histórico permite más licencias al respecto, quizá porque es ahora cuando la historia transcurre en Cuba y los personajes pueden hablar con verdadero conocimiento de causa, pero la realidad es que Hijuelos pasó en 1989 de puntillas por esta cuestión y en Bella María de mi alma la introduce plenamente en la historia para incluir, al menos, un punto de vista con cierto espíritu crítico.

De tal forma que la lectura de Bella María de mi alma se convierte en una agradabilísima sorpresa pues recupera esa voz que tanto disfrutamos los lectores de Los Reyes del Mambo tocan canciones de amor y ofrece una visión novedosa -incluso se permite el lujo, en un nuevo juego postmoderno, de contradecir la veracidad de ciertos pasajes tal y como se narraron hace veinte años- de los apasionados hechos que allí ocurrieron, ofreciendo a su vez una historia que puede funcionar perfectamente por sí misma. Y si bien pudiéramos echar en falta el equivalente cubano a la fantástica recreación de la escena musical latina que se ofrecía del Nueva York de los años 50 en la primera novela, el subidón de temperatura que ofrece Hijuelos en este Bella María de mi alma compensa con creces cualquier queja que a uno se le pueda pasar por la cabeza ya que si valoráramos esta novela por el número de erecciones que provoca su lectura no quedaría más remedio que calificarla de obra maestra.

admin

4 comentarios

  1. Me gusta que EC aconseje la lectura de novelas con las que se ahorre energía de verdad. Si tantas erecciones provoca, el recibo del gas bajará considerablemente este mes. Las 50 sombras de Grey me dejó sin los 18 lindos euros que me costó y con el deseo como una palmatoria fría llena de cera seca.
    El invierno se está cebando con Alicante y los garitos de la ciudad donde una podía arrimar cadera a negrones latinos de libidos efervescentes se están viendo abocados al cierre. Ya nadie canta boleros ni maraquea.
    Menos mal que aún quedan muchachos como este Matute, que nos alegra la palmatoria a mujeres deseosas de mambo y horchata.

  2. Mariluz, no sé si conoces el chiste del oso y el cazador, pero sea como sea… tú no vienes aquí a leer reseñas… ¿no?

    Me encantas. Te lo prometo.

Responder a Anonymous Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *