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Más allá de todo confín

 

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JOSÉ GARCÍA OBRERO | Hay autores que, como piedra arrojada contra la superficie de un lago, repiten la misma propuesta con pequeñas variaciones, y hay otros, entre los que se encuentra Juan María Prieto (Córdoba, 1982), cuyo amor y respeto al oficio les lleva a tensar los límites de su propia voz hasta reinventarse. No debe de extrañar que ocho sean los años que separan Noctívagos, su primer trabajo, de La fundación, este nuevo libro de poemas. El tiempo preciso para que fermente una obra inconformista y ambiciosa.

En La fundación, la madurez adquiere un papel protagonista, pues no se limita a lo personal, a la forma y fondo de los poemas, sino que abarca elementos más sutiles, que acaban penetrando con decisión en estratos poco explorados. Dicho de otro modo: la mirada del poeta, y los espacios adonde la dirige, han experimentado una importante transformación. Un cambio de enfoque que conduce a la consiguiente renovación del lenguaje que sustenta estos poemas. La cita de André Guide que abre el libro –“Todas las cosas fueron ya dichas, pero/ como nadie escucha es preciso/ comenzar de nuevo”– traza un círculo perfecto con el poema de cierre y que lleva por título “De un nuevo lenguaje”. En su interior, como una suerte de fractal, replican un sinfín de fundaciones: el hogar, la familia, un tiempo nuevo, la poesía, la política, la música, la estirpe… Inauguraciones que se anclan y desarrollan desde la sólida base de la tradición literaria (“fundemos un tallo que nos haga idénticos”, dice en un poema dedicado al padre), apartándose de cualquier tentación meramente especulativa.

Prieto articula este “nuevo relato” en tres partes: “Fundación”, “El fin de la progresía” y “Estampas”. La primera es la única que presenta los poemas en verso, mientras que las otras dos lo hacen en prosa poética. Pese a este detalle formal, a todas ellas les unen importantes  denominadores comunes: estar compuestas por poemas de una considerable longitud en los que se ha prescindido de la puntuación, acentuándose su vocación de poema río. El efecto es el de  borbotón que va creciendo hasta arrastrar en su cauce al lector a través de su musicalidad y un marcado sentido del ritmo.

En el fondo, como las celosías de una ventana, Prieto obliga al lector a aproximarse, a asomarse, para que se adueñe de cada detalle, figura, referencia, sombra o intuición; capas de una textura compleja, pero en cuyo mensaje subyace la invitación a sumarse a su revolución personal (el uso del “nosotros” en todo el libro es significativo). Y es que esta propuesta no se entiende si no se vincula a su visión de lo colectivo; su compromiso social y político, como queda de manifiesto en afirmaciones como: “Aquí en el chaise long somos el fin de la democracia” o “no me culpes del desánimo que me ha roto el corazón la izquierda”.

Un nosotros que no se limita al lector, sino que supone un reconocimiento al otro, a los autores que le han llevado a gestar “esta gran renovación”, una larga cadena cuyos eslabones están formados por Eliot, Pound o Ginferrer, pero también por un linaje cordobés que va desde Góngora a José Luis Rey pasando por García Baena o Ricardo Molina.

Nos encontramos ante un libro que arriesga, retando a una lectura no siempre cómoda, pero que acaba recompensando, pues la exigencia intelectual de cada poema, de cada título y palabra, nunca libera la mano de la emoción, ingredientes que arraigan en una propuesta que busca difuminar los confines de la palabra. Poesía que ha nacido para permanecer.

Publicado el 23/11/2019 en “Cuadernos del Sur”, suplemento cultural de Diario Córdoba.

La fundación (La Bella Varsovia, 2019) | Juan María Prieto | 84 páginas | 11,90 euros

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