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Monsieur, a usted no le interesa Galois ni lo más mínimo

EvaristeCAROLINA EXTREMERA | Voy a contar una historia breve. Es la de una matemática -a la que, para preservar su anonimato, llamaremos C.- que lee una biografía de Évariste Galois. Todo parecido con la realidad es completamente cierto y nada casual.
 C. ve en su librería de confianza Évariste, una obra en cuya portada aparece el matemático que se dedica a desanimar y fastidiar a todos los estudiantes de primero de carrera que saben de sobra que con diecinueve años que tienen ya no va a ser posible que revolucionen el álgebra a los veintiuno y decide comprarlo porque tiene que hacerlo. Es Galois. No queda otro remedio. Así que C. se lleva el libro a casa y empieza a leerlo. La historia de los padres. Bien, lo normal, y también una introducción a la época que les tocó vivir. Aquí un momento genial, una descripción de la Revolución Francesa que arranca a C. una sonrisa genuina: “Los burgueses les proporcionan picas a los campesinos, los campesinos pinchan cabezas en lo alto de las picas y por las palmas de aquellas manos, encallecidas por el trabajo secular, resbala la sangre de la nobleza y del clero. Ya sabemos cómo acaba el asunto: se ponen a rasurar gratis a derecha y a izquierda, Monsieur de Paris cumple con su cometido y, en Termidor, acaban por rasurar al propio barbero”. Es un tono interesante, piensa C.
Nuestra matemática continúa leyendo. A pesar de ser matemática, no se considera una ignorante en historia pero, ay, ella es española. Sabe algo de la historia francesa, pero no tanto como parece pensar el autor del libro, que insinúa de forma inteligente la mayoría de los hechos. C. no se rinde, porque la mayoría se comprende bastante bien y además, François–Henri Désérable, el escritor licenciado en lenguas y en derecho que narra esta historia, ha decidido dirigirse todo el rato a una mujer, mademoiselle, con la que C. puede identificarse con facilidad.
C. Sigue leyendo y empieza a encontrar palabras que le resultan chirriantes. Como sextapes, “follar” o “USB”. ¿Qué tienen de malo? ¿Es C. una mojigata o una purista? La conozco desde hace tiempo y os puedo asegurar que no. Lo que le pasa a la pobrecita es que esa forma de contar las cosas, aludiendo a conceptos modernos y diciendo palabrotas, le recuerda a un profesor de la carrera. Todos hemos tenido uno así. Es ese que sabe que su materia, tal cual es, no le interesa a nadie, y decide aderezarla con chascarrillos que contengan un lenguaje para conquistar a los adolescentes. C. empieza pensar que el autor no cree en su tema, que opina que Galois no es suficiente, sino aburrido, y tiene que ganarse al lector con esos golpes de actualidad en la narración. A nadie le gustaban esos profesores.
Más adelante, C. encuentra un pasaje que le resulta de lo más irritante. Hay que tener en cuenta que a estas alturas ya se ha cansado del tono falsamente grandilocuente que pretende ser comedia. Ahí va el pasaje en cuestión: “Así que le diré sencillamente –aunque a lo mejor usted ya lo sabe, que todo el mundo no es tan ignorante e inepto como yo– que resolver una ecuación es hallar una incógnita”.  ¿De verdad están así las cosas?  Ni siquiera se trata de resolver una ecuación, solo de saber lo que es. Más adelante, Désérable explica en qué consiste la teoría matemática de Galois y lo explica bastante bien, lo que indica que se ha enterado de qué iba, más o menos. Pero insiste en seguir fingiendo que no. Que no sabe nada. Él de matemáticas no tiene ni idea, no lo vayan a confundir con esa clase de personas que comprenden los números. Ni se vaya a creer su interlocutora que el autor la toma a ella por uno de esos. Claro que no. Para dejárselo claro, le dice: “No mueva la cabeza en señal de aprobación porque veo en su mirada que, como yo, no ha entendido ni media palabra”. C. se enfada. Pues claro que lo entiendo, y tú también, piensa.
Galois ya va a conocer a la mujer por la cual acabará batiéndose en duelo. En este punto, el autor del libro ha negado  las matemáticas no ya tres sino cinco veces. Insistentemente. Él no tiene ni idea, repite una y otra vez,  y eso que todavía ni ha cantado el gallo. C. ya no se siente identificada con mademoiselle, la interlocutora, porque a estas alturas ya sabe que esa mujer es muy atractiva y no muy lista. Recordemos que C. es matemática. Ella sí es lista. Y por eso se ha dado cuenta de que las mujeres salen muy mal paradas en este libro. Aparecen como complementos. Dirán ustedes, ¿pero eso no es así siempre, no es lo normal? Hasta un punto. Observen las dos cosas que más molestaron a C. La primera, la caracterización de los científicos del siglo XIX como hombres que están cómodamente sentados trabajando mientras “al clavicordio una hermosa joven con vestido de crinolina quien, para relajarlo, interpreta una sonata o un minueto en rondó y entre sonata y minueto, cuando bajo el pantalón de franela despunta el bulto del deseo se levanta dócilmente para relajarle… otra cosa.” La segunda, la siguiente descripción: “Esa chica que es aún tan solo una chica, o sea, un cúmulo de carne espléndidamente dispuesta”. Ese es el nivel y ese es el papel de las mujeres en este libro. En estos momentos a C. está empezando a caerle mal el mismísimo Galois. Ha llegado a un punto en el que está al borde de alegrarse de que le peguen un tiro. Sin embargo, C. resiste y no se deja engañar. Este libro no tiene nada que ver con Galois, ni lo más mínimo.
Cuando lo termina, acude a la wikipedia y encuentra más información sobre el matemático que en esta obra de algo más de doscientas páginas. Y es que a Monsieur Désérable no le interesa Galois y mucho menos, las matemáticas –recordemos, él no tiene ni idea, no queremos ofenderle pensando lo contrario-. Le interesa su propio ingenio, que él considera mejor de lo que es, y sus símiles graciosos. Si a usted también le interesan esas cosas, C. les recomienda que se lean este libro. Si les interesa Galois, ni se les ocurra.
Évariste (Cabaret Voltaire, 2017), de François Henri Désérable | 224 páginas | 18,95 euros | Traducción de Adoración Elvira Rodríguez

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