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Naturalmente, la vida

 

Deseo

Liam O’Flaherty

Nórdica, 2012

ISBN: 978-84-92683-94-9

183 páginas

18 €

Traducción de Antonio Rivero Taravillo

 

 

Sara Mesa

Había oído hablar muy bien de este libro, una de esas publicaciones especiales que nos ofrecen a veces las pequeñas editoriales cuando se atreven a desempolvar aquellas obras que no tuvimos siquiera la oportunidad de leer. Porque este volumen de relatos del irlandés Liam O’Flaherty (1896-1984), más conocido por su novela El delator (que inspiró la película homónima de John Ford), fue escrito originariamente en gaélico, nunca había llegado a traducirse al español, y según leo, tampoco se había publicado antes fuera de Irlanda. Además de la editorial Nórdica, el responsable es Antonio Rivero Taravillo, que firma la traducción directa del irlandés.

Deseo: así se titula este conjunto de 18 relatos, algunos brevísimos, que han sido calificados como sencillos, profundos, epifánicos, poéticos. Sí, estoy de acuerdo. El lirismo recorre todos y cada uno de ellos, los cose y hace de este racimo una lectura intensa, más compleja de lo que pudiera parecer al principio. Porque incluso hasta en los más humildes se masca una tensión de fondo, la violencia de la naturaleza, la dificultad de cada paso de la vida, las relaciones entre seres humanos y animales, entre seres y objetos, entre seres y paisajes.

Esto quizá no tiene nada que ver, pero me acordé varias veces durante la lectura de Deseo de aquella frase inquietante en El silencio de los corderos, cuando Hannibal Lecter afirma que se codicia lo que vemos todos los días y que es esta codicia lo que marca nuestros actos, nuestra vida entera. Pues eso. Los personajes de Deseo -tanto animales como personas- se mueven por la codicia de lo más elemental, de lo más cotidiano: el bebé codicia el rayo de luz, el perro el conejo, el niño un traje nuevo, la vaca su ternero muerto. Estas relaciones tensivas configuran un universo hostil, desolador, pero también, a veces, tierno y melancólico.

Lo rural, la naturaleza, el paisaje abrupto y rocoso (el mar, el mar, como diría mi querida Iris Murdoch) están presentes en todos los relatos. También la lucha por la vida, las escenas de cacerías y cortejos, las envidias, los rencores, la miseria. Los temas se mantienen; varían sin embargo los tonos, desde la desolación de “Pobres gentes”, un relato bello y triste sobre una familia que pierde a su hijo, a la textura poética y fabulística de “La laguna encantada”; desde el humor de “La estafeta”, con sus personajes entrañables, los diálogos vivos y las situaciones hilarantes, a la sutileza de “Un roce”, un relato sobre el deseo y el amor, las conveniencias sociales y la cobardía. Por supuesto, hay líneas comunes: las revelaciones o epifanías que tienen los personajes en algún momento de la historia (en el mencionado “Un roce”, o en “El golpe”); la simbología de los animales, que aparecen en narraciones solo en apariencia inocentes (“El halcón”, “La caza”, “El ratón”, “La focha”); la crueldad de la vida y su aceptación natural (“La muerte de la vaca”, “La vida”).

Habría que destacar la brillante construcción de los relatos, con una estructura muy medida. Un acontecimiento (por ejemplo la muerte accidentada de un hombre, en “Venganza”) es el detonante que utiliza el autor para trazar un relato de odios enconados en el mundo rural; en “La feria”, estampa costumbrista en principio, se parte de la descripción de los ruidos del ganado (“Un chasquido sordo de grandes pezuñas…; una gran masa roja y recia que se movía, pisando y mugiendo; el sonido de la respiración de las reses como un tronar, mezclado con la voz áspera de los hombres que las guiaban como varas…”) para concluir en una crítica social nada soterrada (“No tardarán en recibir un tiro en la frente y se harán trozos jugosos de su carne, para llenar el estómago inglés, pero ellos no lo saben”). De este modo, lo particular conduce a lo general, aunque de un modo absolutamente apegado a la tierra, tangible, con predominio siempre de una textura objetivadora, que pareciera funcionar como mera registradora de los hechos descritos pero que, en realidad, conduce al lector hasta un sentido más profundo de las cosas. El estilo se adecua perfectamente a este propósito, con preeminencia de frases cortas y concisas y cierta tendencia al impresionismo, algo que, según explica el propio traductor, se corresponde con la propia naturaleza de la sintaxis y el vocabulario del gaélico irlandés.

No sabría decidirme por una historia en concreto, entre otras razones porque Deseo es el tipo de libro de relatos que posee una estructura orgánica, que alcanza su pleno sentido al leerlo en su conjunto, pero me gustaron especialmente “El golpe”, una historia de enfrentamiento padre-hijo contada a través de la escena de compra de unos lechones, y “Un trastorno”, que es el único narrado en primera persona, en el que se presenta al enloquecido dueño de un bar que busca la culpa de su soledad en la modernidad (ilustrada en el cine) frente a la cerrazón del mundo rural.

A pesar de la finura del conjunto, en Deseo no hay estampas idílicas sobre la naturaleza o la vida sencilla de los pueblos, sino más bien un despiadado -y al mismo tiempo aséptico- retrato de su brutalidad y su bronca belleza. Muy simbólico es, en este sentido, “La roca negra”, un cuento que carece de personajes humanos: solo la costa, el viento, el temporal, los animales, dotados de personalidades ambiciosas, salvajes y despiadadas, en lucha siempre por la subsistencia. En resumen: la vida, naturalmente.

admin

4 comentarios

  1. Gracias Sara, deseo conocer a este irlandés después de leerte.

    Aprovecho este hueco para dirigirme a ese ‘Anónimo’ que siempre gusta de comentar lo reseñado con obstinada «perfección». Has de saber que, si no lo pretendes, te delatas: diría que la amas.
    Amor… ya se sabe.

  2. Hola, este quizás no sea el sitio adecuado pero quiero lanzaros una pregunta/ruego: ¿Para cuándo una reseña de alguna obra de Saramago? Por favor! (Y si puedo elegir, que sea El Evangelio según Jesucristo).

    Felicidades y enhorabuena por el blog!

  3. Anónimo 1, piensa el ladrón que todos son de su condición.

    Sara, buena reseña; esta vez, sí.

  4. Saramago… Difícil lo veo porque: Aquí reseñamos novedades. De Saramago ya no se esperan tales. Valen también reediciones. A Saramago, de momento igual no le hacen falta porque no está agotado. ¡Paciencia!

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