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Navigare necesse est

VICTORIA LEÓN | Los poemas que ha reunido Aurora Luque (Almería, 1962) en este libro de madurez, galardonado con el XXXII Premio Loewe, nos recuerdan a las palabras atribuidas al general romano Pompeyo cuando arengaba a una tripulación aterrorizada por la tormenta que se negaba a embarcar: Navigare necesse est, vivere non necesse. Pues ese  “navegar es necesario; vivir, no” define también el sentido moral último de estas páginas.

           “El viaje en pos de la libertad es motivo central de buen número de poemas”, escribe Francisco Díaz de Castro en una contracubierta que invita a unirse a la singladura de estos poemas, que tanto tienen también de regreso odiseico a la propia identidad. Una singladura dividida en dos partes: “Deambulares” y “De la agenda del duelo”. Pero perfectamente integradas una y otra en la unidad del libro, que tras el poema prólogo que lo abre, “Gavieras”, arranca con el imperativo vital que leemos en “Aproar”, el segundo poema: “Vuelve al ciclo de huerto, / vuelve al mar mitológico […] / Da la espalda al vecino vertedero / de datos, ruido y prosa. / Traduce —a ver si puedes— / esa gracia del mundo / que es aullido y sonrisa”. Un regreso, desde la grisura, el desgaste y la monotonía de la vida adulta, al país de la infancia, del mito, del temor y el deseo aún por estrenar, de la fascinación y el entusiasmo como catalizadores poéticos.

            El verso de Aurora Luque es ígneo, musical y exuberante. Posee a menudo la opulencia rítmica del viejo hexámetro grecolatino. Y casi se diría que en este libro, haciendo honor al título y en perfecta consonancia con su imaginario marino (“los limbos de los monstruos / las cabezas de múltiples Orfeos, / la memoria errabunda de los náufragos”), muestra ritmo de oleaje que alterna la calma y la tormenta interior, la celebración y el canto melancólico.

           Traductora de Meleagro, de Safo o de Catulo, lo popular y lo barroco se entrecruzan con la habilidad del maduro oficio poético y una genuina cultura cimentada en la experiencia vital y literaria. Aunque el abigarrado mosaico hecho de fragmentos de vida y arte (o dicho de otro modo, de ética y estética), en las piezas más complejas, como “Afrodisiar. Conjugación, enigma, letanía y palinodia del siglo 21”, también deja paso al tono más confesional de los poemas más íntimos, como “Hablo a Safo”, “Amor traducido por el fuego” o las nuevas variaciones sobre el tema del horizonte y del viaje en “Itinerario de Poimena”: “Y la sed se aplacaba en el impulso, / en la gloria del rumbo, / en la contemplación de los senderos / callados de los astros, / en las santas criaturas de la mar”.

           La mirada que siempre busca un más allá del horizonte dado (la seña de identidad de la “gaviera”, metáfora central que da unidad al libro) es otra de las constantes de unos poemas que buscan la indagación en la realidad y el cuestionamiento de lo consabido. Pues no por poética esa mirada está exenta de una ironía cuyos filos vemos brillar en la pregunta que cierra “Abolición de la diosa madre” o en la tensión que recorre poemas como “Repubblica Partenopea”, “Las refugiadas, según Esquilo” o “Neodanaides”. “Castigadas. Las siempre castigadas. Nacer para el castigo” arranca este último poema que busca dar la vuelta a un viejo motivo de la tópica histórica. Con la misma intención que en “Carta a una joven poeta” explora otro tópico más reciente  (especialmente frecuentado por la poesía española contemporánea desde Cernuda), o que retoma el viaje homérico en “Senderuelas”. Pues “las palabras caminan, / andan, vagabundean y desandan”. Solo hemos de seguirlas por sus numerosos senderos.

           La segunda parte del libro se desliza a través de formas más sobrias por el homenaje literario (“Machadiana”, “Maillardiana”, “Mimnermiana”) hasta que un súbito cambio de tono nos introduce en la atmósfera de los últimos poemas: “La vida avanza a broncos / momentos corrosivos / entre el amor y la muerte. / Cada cual, su armadura”. Para terminar con el amargo contrafactum de unos célebres versos de Gil de Biedma: “Esto era envejecer. / Déjate de teatros y telones”.

           Algunos de los mejores poemas del conjunto aguardan en esta última sección, la más desnuda en la forma y en el fondo, donde la autora se enfrenta sin disfraces a la enfermedad, al duelo, a la pérdida, al doloroso paso del tiempo, y a ese abismo de la soledad que nos interpela en los momentos más oscuros de la existencia, como en “Visita al cementerio” o “La escarcha”. El poema “Epílogo a Carpe  noctem” pone el cierre melancólico y retrospectivo a un libro que, sin embargo, no deja de mirar un solo instante al horizonte y a la vida. Un libro escrito para navegar, que es el vivir de Aurora Luque.

Gavieras (Visor, 2020) | Aurora Luque |  84 páginas | 12,00 €

admin

Un comentario

  1. ¡A navegar, Vitoria! ¡Qué magnífica reseña de despedida nos dejas! Fuerte abrazo y hasta pronto.

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