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No siento las letras

 

Estamos convencidos de que la mayoría de vosotros no sabía que Sylvester Stallone se había metido a novelista. Al menos por una vez en su vida, con este Paradise Alley. Pero a nuestro crítico Fran G. Matute no se le escapó en su día la ocasión de comprobar el potencial literario de uno de los iconos de su juventud. Y lo peor de todo es que quedó gratamente sorprendido. He aquí la crónica por la que nuestro estadista más americanizado perderá el poco respeto que le quedaba.

 

 

Fran G. Matute

Aunque la historia es sobradamente conocida, nunca está de más recordarla por si hubiera algún despistado. En la ceremonia de entrega de los Oscars correspondientes al año 1976 se produjo un hecho insólito. Un absoluto desconocido, que debutaba con una película de bajo presupuesto que él mismo había escrito y protagonizado, se presentaba aquella noche con diez nominaciones. Contra todo pronóstico, esa película no sólo ganó cuatro Oscars -incluido el de mejor película- sino que se convirtió en un éxito mundial. La película se llamaba Rocky. Hasta aquí la historia oficial. La «otra» historia, más «interesante» si así se quiere ver, es la que cuenta que la verdadera anomalía de aquella noche fue que ese debutante desconocido estaba nominado, a título personal, como mejor actor y como mejor guionista. Desgraciadamente no ganó ninguno de ellos, pero el mero hecho de estar nominado a ambas categorías por la misma película era una carambola del destino que sólo había ocurrido anteriormente en dos ocasiones: con Charles Chaplin y Orson Welles. Sylvester Stallone se colocaba así, de sopetón, a la misma altura que los más grandes cineastas del siglo XX.

En la entrevista que Peter Knobler le hizo a Stallone en enero de 1977 para la revista Crawdaddy se pudo leer la siguiente reflexión acerca de su actuación en Rocky (la traducción, lamentablemente, es mía): «Quizás se deba a que es la primera vez que hemos visto su rostro en la pantalla grande, o quizás sea porque estamos ante un trabajo verdaderamente inspirado, pero la verdad es que una vez vista la película se queda uno con la sensación de que Stallone no está realmente actuando. (…) Porque si estamos ante una verdadera actuación, probablemente sea la mejor del año (…).» No iba muy desencaminado Knobler en su primer análisis y eso que sólo le bastó ver un pase privado de Rocky para olerse la tostada. Con el tiempo supimos que Stallone no había nacido, precisamente, para actuar.Pero ¿y como guionista? ¿Tenía Stallone algún talento para escribir o el guión de Rocky también fue un golpe de suerte? Hay igualmente una intrahistoria detrás de dicho guión. Se cuenta que Stallone lo escribió en tres desesperados días, tras presenciar el famoso combate de boxeo entre Ali y Chuck Wepner, y que no dejó que el guión viera la luz si no lo protagonizaba él mismo a pesar de las grandes sumas de dinero que le ofrecían los estudios por comprarle el material. El caso es que cuando se estrenó Rocky, el impacto mediático fue tremendo. Pero algunos críticos avispados vieron excesivas reminiscencias entre la historia de Balboa y la de Marty (1953), escrita por el gran Paddy Chayevsky. No parecía que Stallone, a primera vista, fuera un guionista tan original. Pero sí que era efectivo.

Los dos siguientes proyectos en los que Stallone se embarcó tras el éxito de Rocky son bastante interesantes. Por un lado, F.I.S.T. (1978), una muy apañada película que dirigió todo un clásico, Norman Jewison, y que también fue protagonizada y escrita por Stallone, sólo que aquí se hizo acompañar por Joe Eszterhas, que luego terminaría convirtiéndose en el guionista mejor pagado de todos los tiempos y uno de los más prestigiosos de Hollywood. El guión era un verdadero ‘tour de force’ pues se trataba de una película de dos horas y media que contaba la vida de un sindicalista que ofrecía demasiadas reminiscencias con la historia de ese enigma norteamericano que fue Jimmy Hoffa. Pero la película no alcanzó la fama deseada, de forma que Stallone decidió repetir fórmula (esto de repetir fórmula luego se convertiría en marca de la casa dentro de su filmografía) y se sacó de la manga otro guión con una historia muy parecida a la de Rocky. El film se tituló Paradise Alley (1978) -en España, La cocina del infierno– y aquí el amigo no sólo se conformó con escribirla y protagonizarla si no que se metió también a director y ¡a cantante!, pues el tema principal lo berrea la criatura. Y por fin hemos llegado al origen de la novela que aquí queremos reivindicar.

La película La cocina del infierno fue un fracaso estrepitoso. Pasó sin pena ni gloria y a la crítica no le gustó demasiado. Lo curioso es que es una cinta que no ha envejecido excesivamente mal y ahora conserva cierto culto por el mero hecho de ser el debut como actor de Tom Waits que incluso canta varios temas en su banda sonora. Se rumorea que el guión de Paradise Alley fue escrito por Stallone antes que el de Rocky, pero no fue capaz de colocarlo entre los estudios. Así que a raíz del ‘boom’ del «potro italiano», a Stallone se le dio carta blanca y decidió que también podía ser novelista y se atrevió a novelizar, para gusto del respetable, aquel guión que descansaba en el cajón y que contaba la historia de tres hermanos italoamericanos que vivían en el Hell’s Kitchen, el duro barrio de Nueva York, de 1946.

No escapa a nadie que la historia de Paradise Alley presenta muchos elementos en común con Rocky. Ambas están protagonizada por alguien con no demasiadas luces y ambas son historias de superación personal no gracias al cerebro sino a través de la fuerza física. Luego está la ya citada herencia italoamericana y los orígenes humildes. Y si cambiamos el boxeo por la lucha libre, ser cobrador de deudas por ser repartidor de hielo y Philadelphia por Nueva York, tenemos, en esencia, la misma historia de ‘underdogs’ que tanto gusta a los americanos.

Sí. Vale. Paradise Alley es prácticamente la misma historia que Rocky. No os voy a engañar. Pero si asumimos lo anterior, tendremos también que compartir las virtudes. Hay una humanidad extraña en los personajes de Stallone. Una pureza que vive en las clases más bajas que él describe y de las que destaca, por encima de todo, la capacidad de trabajo, el compromiso, la confianza en los pactos no escritos. La fuerza de la familia, en la que apoyarse para compartir las penurias y superar adversidades. Esa mezcla de inocencia y picardía. Una bondad, por encima de todo. Una lucha perpetua por superarse. Y es que en el fondo todo forma parte de su propia historia. La de Stallone. Sabe de lo que habla. Lo ha vivido en sus carnes. Así que no necesita que sea original para que nos llegue. Necesita que sea verídico, que seamos capaces de visualizar lo que nos cuenta. Se trata, por tanto, de material válido desde el punto de vista literario. Porque su contenido es auténtico. Es, si así lo queremos ver, realismo sucio, puro y duro.

No seré yo el que defienda la prosa de Stallone. Más que nada porque la traducción que hizo en su día José Luis Álvarez para la editorial Caralt (que fue la edición que yo leí) tampoco era para tirar cohetes. Pero aún así, es fácil comprobar cómo esta novela es más un guión inflado que otra cosa, de ahí que la fluidez narrativa no sea el fuerte de este texto que está construido sobre un cúmulo de imágenes trazadas con brocha gorda. Y los diálogos no son, precisamente, el fuerte de Stallone. Por hacer la gracia, vamos a decir que no sentimos las letras cuando las escribe Stallone. Pero nada de eso impide poder disfrutar de su lectura. Sólo hay que saber descontextualizar al autor y admitir, desde el corazón, que la historia de los hermanos Carboni nos ha calado hondo.

No nos queda muy lejos este texto de uno de John Fante, por poner un ejemplo que sé que escocerá a más de uno. Y tampoco está de más recordar que en la misma colección en la que salió esta novela se publicaron referencias de Nelson Algren, W. R. Burnett, Erskine Caldwell, William Faulkner, Evan Hunter o Larry McMurtry. A nuestro juicio, son estas las coordenadas literarias bajo las que habría que integrar este Paradise Alley de Sylvester Stallone. Pues estamos ante un ejemplo claro de literatura muscular. No les quepa la menor duda. Sólo que en esta ocasión, desgraciadamente, el músculo esté más en el cuerpo del autor que en su cerebro.

admin

13 comentarios

  1. From the official website of Sylvester Stallone we want to thank the critic for their excellent work and recognition makes Stallone’s literary work. He himself has been very satisfied with this text and hopes to someday meet Mr. Matute.
    http://www.sylvesterstallone.com/

  2. Al hilo de cineastas que se meten a novelistas, y arriesgándome a que no sea plato de gusto del estadista más americanizado, recomiendo encarecidamente «Dos patitos, dos» de Paco Martínez Soria, publicado por la editorial Merequetengue allá por los años 80, cuando la mayoría de los estadistas todavía jugaban con muñequitos de Epi y Blas. También muy recomendable «Viendo la televisión, las cosas cambian» de Steven Seagal.
    Saludos cordiales

  3. Muchas gracias al crítico por acercarnos a esta faceta de Silvestre Stallone; es muy importante para mí por el esfuerzo que supone traer al autor desde el mundo del cine y porque creo que os va a gustar su forma calmada y honda de escribir y narrar con brevedad e intensidad. Tenemos un encuentro programado en torno a su figura en agosto, en Cuenca, el día 17. Si podéis, decidle a quien pueda interesarle que se una al encuentro, en cualquiera de los dos momentos del día.
    El lugar diurno, ya lo veréis, es una delicia: con los archivadores aún de los libros agrícolas y sus fichas; con los mostradores y estantes de madera pulcra que fueron en los sesenta albergo de libros de especialista ensimismado o filántropo. Empezaremos a las 13’30h. en punto con los amplios ventanales al fondo, aprovechando la luminosidad conquense. A las 14’30h., brindaremos por la novela de Stallone con un vino tinto también fraguado en madera. A esa hora pondremos en los viejos anaqueles de la otrora librería- y hoy tienda de zapatos y complementos- esta novela y varios dvs a la venta, para el que quiera/pueda adquirirlo (son sólo 100€).
    El café-librería de la tarde, en la ciudad invisible, es un pequeño oasis en el tráfago que nos arrolla; librería de viajes y de viajeros. Será el encuentro a las 20’30h. en la planta de abajo (la barra está en la de arriba) y parece hecho el lugar para nuestro autor, porque es un espacio cálido y volcado hacia la escucha; vendrán amigos de la novela a reforzar su mirada, que es ya la de tods. Sacaremos también el trabajo de Stallone a la venta, en la salita de sillones mullidos. No os molesto más. Hasta muy pronto. Un beso.

  4. Agradesco al señor Matute que reibindique la altura literaria de los petaítos, porque tamién tenemos nuestro serebro.
    Yo mismo tengo una novela corta, «Quiéreme pese a mi rotura fibrilar en la ingle, please», que podeis encontrar en la editorial «Belgas en el mundo».

    Grasias otra bez.

  5. Qué barbaridad. El mismísimo Van Damme. Qué maravilla.

    Aprovecho para recomendar su película «JCVD», dirigida por Mabrouk El Mechri, que ya le hubiera gustado a Godard haberla rodado.

  6. Yo lo que pienso es que este estadista no para de pasárselo bien. Por otro lado, le sugiero, para que se lo pase aún mejor, que acompañe las lecturas de este calibre (indispensable) de unas patatillas refritas.
    Enhorabuena por invitarme.

  7. Mire usted, señor o señora Matute, realmente no sé si está hablando de broma, ni siquiera sé si está hablando, o si está, o si…
    Todo es una gran duda, y en esa duda andamos insertos. Yo, por si acaso, iría preparándolo todo. Siempre hay que llevarlo todo. Bien compacto. Todo.
    Por lo demás, no sé… ¿le gusta a usted masterchef?
    ¿Le pareció bien que ganase José Manuel o Juan Manuel o como se llame? ¿Estaba buenorra la novia o más bien era un fraude?
    Perdone mi indeterminación. Hoy no me he levantado muy bien.
    Besos

  8. Pues mira, Sr. o Sra. Compacto, casualmente ayer sí vi la final de Masterchef, para no ser menos español que el resto.

    La verdad es que el ganador me pareció más que digno (Juan Manuel, si mal no recuerdo) y su novia, sin ánimo de ofender, me pareció más bien un fraude, por utilizar su terminología. Pero bueno, no creo que sea relevante ese dato.

    Para terminar, no le quepa la menor duda de que todas mis reseñas son sumamente serias. Cuestión distinta es que aquí al reseñista le cueste tomarse en serio este mundillo de la cultura…

    Besos.

  9. Enorme reseña de un clásico que también tengo la suerte de haber leído. Si las reseñas- aniversario de este año van sobre contenido antes que forma y sobre divertirse, déjenme ser el segundo tras Matute en reivindicar al Stallone novelista.
    P.D. Y aún a riesgo de colarme en un jardín ajeno… yo también comenté anoche que la novia de Juan Manuel era espantosa!

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