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Nuevos caminos para la vieja novela

 

Historia de una mirada

Rebeca García Nieto

Eutelequia, 2013

ISBN: 978-84-9404-124-2

328 páginas

18 €

 

 

 

 

Daniel Ruiz García

Hay muchos aspectos interesantes en Historia de una mirada. Además de estar muy bellamente escrita, con momentos de una sensibilidad deslumbrante (creo que Rebeca García Nieto está especialmente dotada para la metáfora), me ha interesado de forma especial porque plantea una propuesta sólida del género novelístico para este siglo XXI, que asume y recoge la herencia de la novela arquetípica incorporando elementos propios de los nuevos tiempos.

El planteamiento de partida, de hecho, no puede resultar más clásico: narrar la historia intergeneracional de una familia (los Montaraz), para más inri enclavada en el escenario terruñero de la Castilla rural de Delibes. Lo que viene siendo una novela decimonónica de las de toda la vida. Sin embargo, aunque no pueda decirse que no estamos ante una historia realista, al mismo tiempo es una historia muy moderna por el enfoque y la forma de la narración. Porque hay naturalismo a raudales, pero es un naturalismo muy impresionista y caprichoso, que rehúye la forma convencional de narración (presentación-nudo-desenlace), y que plantea una linealidad con una diacronía totalmente disfuncional. Es una novela con un empaque clásico pero con una forma muy moderna, que evita los planteamientos iconoclastas o postmodernos tan propios de la nueva novela “que se lleva” en beneficio del armazón estructural y la sustancia narrativa.

En cierta medida, ocurre con Historia de una mirada lo que ocurre con las novelas de Rafael Chirbes: aunque aparentemente en las novelas de Chirbes no se percibe una estructura, la intensidad narrativa y la densidad derivada de la superposición de los flujos de conciencia acaban desprendiendo una sensación lectora muy cercana a la que nos reporta la lectura de una novela clásica. En Historia de una mirada hay de hecho algún personaje que parece arrancado de Crematorio, y el gusto por la digresión intelectual tan propio de Chirbes también está presente en esta novela. Pero comparten algo más, y es, me atrevo a afirmar, cierta concepción de la novela como instrumento contenedor de una forma de ver y de explicar el mundo, con un pie puesto en la Historia y otro pie en lo social.

Como en las novelas de Chirbes, cada personaje de Historia de una mirada representa una actitud frente a la vida, una concepción ideológica, una forma de estar en el mundo. Los personajes están muy bien perfilados y contribuyen a dar solidez a la narración, que está rociada, como toda buena novela naturalista, de un fuerte psicologismo. Así, la abuela Nieves tiene un dibujo tan intenso y matizado como su nieta Sara y como sus dos hijos, que representan cada uno dos formas de ver y de entender el mundo. Sobre estos personajes se construye una historia que revela, sobre todo, la existencia de una voz narrativa de gran originalidad, madurez y carácter, a la que merece seguir la pista muy de cerca.

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