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Obliterados

9788439731146ANTONIO RIVERO TARAVILLOUno de los problemas del fascismo, en cualquiera de sus avatares territoriales y avatares en el tiempo, es que al tocar fibras muy íntimas (el mito, valores prestigiados, la idea de redención, el respaldo de lo trascendental, un lugar en el mundo para quien seguramente no lo halla) apela a individuos solitarios, sensibles y hasta inteligentes. Hacer una lista de los intelectuales que se sintieron atraídos por él sería muy largo. Sucede luego que el afán elitista, de retorno a la edad dorada, al orden, se suele dar de bruces con la realidad de facinerosos, tarados de varia gravedad o, en el mejor de los casos, el hombre masa y el mandamás mediocre, con los que no puede tener nada en común el escritor o artista singular.

Otra de las paradojas del fascismo es que muchos de sus escritores transitaron la vanguardia, lo cual parece contradictorio con la defensa de unas ideas que solo por simplificar podemos calificar de retrógradas. Sin hacer dejación de las suyas (aquí no hay abducción), Patricio Pron arriesga, y en ello ya obtiene un triunfo. Poco importa que una de la partes de este libro (la cuarta, situada en Pinerolo, cerca de Turín, en 1945) resulte algo farragosa (entre otras cosas, porque la voz narrativa no se adapta a los diferentes personajes y, versiones sobre lo acaecido aparte, se mantiene en general monocorde). La composición, con todo, está muy bien organizada, los engarces son firmes (así el vínculo familiar entre sucesivos protagonistas) y los temas atañan no solo a la política sino, sobre todo, a la creación. Gracias a esta, y mediante algunas invenciones memorables, el lector se divierte, sonríe e incluso subraya o anota pasajes, frases, a poco que tenga papel a mano.

En varias ocasiones “quien esto escribe”, contradice, corrige y hasta anula, como en la confusión de un ciervo con un jabalí y de los aficionados de un club de fútbol con los de otro en una escena evocada, o en la entrada sobre Ottiavo Zuliani, en la que no hay dato que no sea impugnado y vuelto del revés. Pron se refiere otras veces a técnicas combinatorias peculiares, que recuerdan el casi infinito soneto armable de Raymond Queneau o la poesía permutatoria de Juan Eduardo Cirlot. Él también crea engranajes sorprendentes atribuidos a estos escritores (muy en especial Luca Borrello) o de gran eficacia, como lo que se observa de Diego Mencaroni, que puede igualmente predicarse del propio Pron: “M. Fue pionero en la realización de filmes en los que las escenas no tenían tanta importancia como su concatenación, en lo que supone un reconocimiento temprano del hecho de que la narración cinematográfica, pero también de otra índole, sólo extrae su sentido del montaje.”

Los hechos que se narran abarcan casi un siglo (si incluimos los vahídos del futurismo), y desembocan en un instante epifánico de 2014 (para el que está bien elegido el tiempo presente) al que justifican y preparan. Ese final está resuelto en una de las algaradas que recorrieron Italia y otros países con motivo de la crisis, protagonizadas por grupos anarquistas y antisistema de los que Italia, lo mismo que de fascistas, ha estado y está bien despachada. He hablado de crisis, y esta no es ni mucho menos exclusivamente económica, sino de civilización, como apunta la cita de Antonio Gramsci que abre el libro y argumentaron sendos defensores de la cosmovisión tradicional: René Guénon con La crisis del mundo moderno y Julius Evola (citado en la novela) con Revuelta contra el mundo moderno. Modernista a ultranza, supramodernista, por así decir, fue el futurismo, en cuyo evangelista, si no mesías, se erigió Marinetti. Muchos discípulos suyos, reales o inventados, aparecen en estas páginas. He aquí una de las características de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles: la mixtura de lo cierto y comprobable con lo mixtificado que, ya que estamos en Italia, ‘si non è vero è ben trovato’.

Descubrir el funcionamiento de la novela podría restar el disfrute del lector. Por ello será mejor solo apuntar que hay diferentes momentos y épocas en los que se desarrolla la acción, y que todos contribuyen al conjunto a través de diversas formas de narrar que incluyen la falsa entrevista y, por qué no, el apéndice onomástico. A lo Borges, a lo Bolaño, en “Algunas personas mencionadas en estos libros” Pron arma un breve diccionario de apócrifos, tanto más sugerentes cuanto que se codean, y a veces se dan codazos y hasta cosas peores, con otros hechos de esa materia en general menos permanente que la escritura: la carne, el hueso. El autor se encarga no obstante de señalar a menudo cómo el olvido persigue a muchos de estos escritores que asistieron al Congreso de Escritores Fascistas celebrado a finales de abril de 1945, a punto de terminar la Segunda Guerra Mundial en las circunstancias más calamitosas que imaginarse pueda. Enrola para tal fin, y para dar consistencia a la verosimilitud, a varios españoles, que naturalmente no estuvieron en Italia por esas fechas pero que, nuevamente, no extraña ver en este contexto: Eugenio d’Ors, Rafael Sánchez Mazas, Luys Santa Marina

Mención aparte merece el catálogo de obras de uno de los protagonistas, toda una fiesta de la imaginación de la que podríamos exclamar lo que Mussolini a Ezra Pound al ver la rara presentación, hasta con ideogramas chinos, de los Cantos: Ma questo è divertente! Los plagios, las maquinaciones, los ardides, las polémicas en la prensa inventadas como en un teatro de guiñol donde los que discuten son movidos por la mano de un autor único (recurso que para adquirir notoriedad empleó por los mismos años, y en Dublín, Myles na Gopaleen/Flann O’Brien/Brian Ó Nualláin) son lo más brillante y aleve, en contraposición con pasajes deliberadamente graves y opacos en los que no hay un resquicio, un blanco, que aligere la prosa amazacotada y, por emplear un término que lastrará la fama de uno de estos apócrifos, hipotáctica.

Es muy probable que no guste esta novela al lector ramplón, aniñado, deseoso de entretenimiento (no hay una sola línea de diálogo aquí). Para el amante de la literatura, los límites de la ficción, la inteligencia, la superación de pruebas (incluidos los momentos de lenta progresión), No derrames… guarda numerosas y muy bien calculadas recompensas.

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Literatura Random House, 2016), de Patricio Pron | 352 páginas | 20,90 €

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