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Oportuna antología

978841645926ANTONIO RIVERO TARAVILLOEn mi contrastada idiotez, que no para en barras en artes o apellidos, confundo a menudo los nombres de Joaquín Márquez y de Joaquín Sáenz, este barbado, barbudo aquel; pintor uno, escritor el otro; o al revés, poeta excelente el primero y excelente artista plástico el segundo. Del que empleó tan bellamente el pincel hay desde hace años una exposición permanente en la Casa de la Provincia de la Diputación sevillana, con los lienzos hermosos de la imprenta San Eloy; del que la pluma, el bolígrafo, el lápiz, hacía tiempo que no circulaban libros, que habían dejado de estar ‘in print’. Y era una pena, habida cuenta su calidad. Trasmallo. Selección de poemas 1974-2012 lo remedia. Es más, ofrece como su título anuncia una cabal antología, deliciosa, del poeta sevillano (1934) desde hace mucho residente en Sanlúcar de Barrameda.

Hubo un tiempo en que Márquez ganaba todos los premios habidos y por haber. Esto se mira con recelo en el gremio, pero sin duda avala una cierta calidad, que aquí, gracias a la espiga, brilla en grandes momentos. Son sus versos “música al oído, prosa a los ojos”, como afirma en su prólogo Manuel Mantero, quien hace un muy buen análisis de la obra de Márquez, de quien subraya, entre otras virtudes, que “domina el cambio de agujas del encabalgamiento”. Es algo que comprueba enseguida el lector, junto con la sentenciosidad también señalada por su paisano, como en los versos “Sólo puede ascender hasta los dioses / lo que perece” o “Siempre es invierno en el recuerdo”. Podemos añadir en nuestra lectura esta flecha certera de lo transitorio: “Que ya están escondidas por todos los rincones / las ancianas que vienen a mustiar los espejos”.

Es Márquez un gran poeta del amor, efectista si se quiere, pero con resultados estupendos como demuestra en “Aeropuerto de Orly”, donde tras la llegada de la amada observa: “Aeropuerto de Orly. Mil novecientos / ochenta. Enero. El día importa poco; / no tuvo muchos días ese año.” En la misma línea, y también ambientado en París, son “Encuentro” y “Ha pasado”, que se cierra con estos versos: “Ha pasado. Ha pasado / como un tren sin viajeros, / las luces encendidas.” También, del recuerdo y la melancolía de los primeros amores dan cuenta poemas como “Lecciones de historia”, que comienza no con la ristra de los reyes godos o el cubrimiento de América, no con el motor de la economía ni con más imperios que este: “En la primera clase me aprendí / sus trenzas de memoria.” Otros poemas destacables son el dístico “Retrato de mujer” y el espectacular “Alameda de Hércules”, que me ha recordado por su recreación de una época lastimosa al “Casa de misericordia” de Joan Margarit. El de Márquez es uno de los mejores poemas sobre prostíbulos que conozco, valga lo siguiente como botón de muestra: “Uno a uno pasamos por su vientre / como el sol por el vidrio, sin romperlo. / La mujer no tenía treinta años / ni los tuvo jamás. Quieta en el centro / de aquella cama estaba como un buda / que expusiera a la vista sus misterios.”

La carne, el sexo, aflora y desflora de mil maneras distintas. “Noches de Kim Novak” comienza así de potentemente: “La recuerdo sensual como ninguna. Era / –yo pecador– un acto de contrición no verla.” Pero no se agota ahí la excelente poesía de Joaquín Márquez, que depara estrofas como esta de “Pobres desamparados”, que sería injusto mutilar dejando algún verso fuera: “El camarero borra / las huellas en la mesa del rincón / mientras las manecillas del reloj perpetúan / su infructuosa esgrima. / Y a mí ya no me queda de aquel tiempo / más que el sabor del vino / que aún paladeo lentamente. Pago / lo vivo y lo soñado con dos monedas turbias / que sobre el viejo mostrador me miran / como los ojos de un ajusticiado.” Hay además de las diferentes combinaciones métricas también poemas en prosa. Y siempre la pericia, la emoción, la sabiduría compositiva, aun cuando alguna vez topiquea y andalucistiza como una postal subvencionada por la Consejería de Turismo (“Bajo de Guía”). Hay, en suma, que celebrar esta panorámica de una voz que merece recuperación.

Ojalá Trasmallo ayude a situar a Márquez como lo que es: un poeta que da gusto leer aunque su nombre no “suene” y tipos impresentables como yo lo confundan y confundan sus versos de punzada real por la palabra con la fantasmagoría de la experiencias propias.

Trasmallo. Selección de poemas 1974-2012 (Devenir, 2016) de Joaquín Márquez | 112 páginas | 12 € | Prólogo de Manuel Mantero

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