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Pasiones marinas

JOSE TORRES | Según la mitología, las selkies eran criaturas que tenían el poder de desprenderse de su piel de foca y convertirse en hombres y mujeres de belleza inigualable. Caminaban entre los hombres buscando a quien seducir para arrastrarlo a las profundidades marinas.

Mares sin dueño es la tercera novela de la autora de Ciudad Real, Esther Ginés, editada por la editorial Tres Hermanas, de Cristina Pineda. Resulta curioso que, siendo oriunda de una ciudad de interior, la novela y la autora respiren esa pasión por el mar que no puede ser impostada ni un recurso narrativo.

Mares sin dueño nos cuenta la historia de Elisa Vielba, una chica varada en una isla remota, la isla de Sal, en Cabo Verde, que un día conoce a Kylian Irvine, avezado ornitólogo, de paso por la isla, del que se enamora irremediablemente.

Desde el principio comprendemos la pasión y el arraigo de Elisa Vielba con el mar. Esta es una característica que domina a todos los personajes de la novela. Todos sienten, perciben, esa conexión marina como algo que los define, para bien y para mal. Novela de geografías ignotas, pronto Elisa Vielba emprenderá un viaje inevitable en pos de Kylian a las remotas islas Orcadas, en el norte de Escocia. La autora nos contrapone los dos universos geográficos: el plácido de la isla de Sal con el salvaje e indómito de las islas escocesas.

En Mares sin dueño la naturaleza es un personaje más, que describe a los protagonistas. Sus angustias, sus alegrías, su temores,… cabalgan a lomos de esas olas salvajes e indómitas, de las nubes parduzcas que amenazan tormentas, físicas y emocionales, del viento huracanado que no cesa su empuje y su tarea erosiva sobre los escarpados acantilados y las almas de los personajes.

Construye Esther Ginés un trabajado universo norteño, que en ningún momento resulta extraño o artificial a los ojos del lector. Con una prosa profundamente poética, prolija en detalles y, en todo momento, cargada de emoción, la autora de Ciudad Real, consigue que nos sintamos como en las mismas Orcadas, que compartamos y hagamos nuestro, literariamente, el carácter áspero de sus habitantes, curtidos en la reverencia y el temor al mar, en el aislamiento interior, para resguardarse de la abrumadora soledad exterior. Es aquí donde Elisa, Ilsa, (porque hasta el punto de tener que cambiar de nombre, llega la transformación del personaje) tendrá que luchar contra un fantasma del pasado, que, con su presencia constante, amenaza con arrebatar a Elisa/Ilsa todo aquello por lo que viajó a tan remoto lugar.

Al principio de esta reseña contaba la leyenda de las selkies, criaturas mitológicas que toman un papel protagonista en la última parte de la novela. Y es de agradecer a Esther Ginés que consiga embriagarnos con este elemento sobrenatural de forma que no chirríe en la narración, sino que se convierta con su presencia irracional en un atributo más de la poesía de la narración.

En La dama del mar, Henri Ibsen cuenta la historia de Ellida Wangel, una mujer casada que un día se enamora perdidamente de un marinero prófugo de la justicia y antiguo prometido suyo. La mujer, la dama del mar, que solo ante este rinde cuentas, deberá debatirse entre un futuro tranquilo y sosegado junto a su marido o la aventura de escapar con el marinero. Sería un fabuloso ejercicio literario, leer la obra de Ibsen antes de sumergirse en estos Mares sin dueño de Esther Ginés, y sentir cómo el aliento del dramaturgo sobrevuela esta historia de pasiones y mares indómitos.

Mares sin dueño (Tres Hermanas, 2020)|Esther Ginés |243 Páginas|18 euros

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